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Operación bikini

El Bloque se propone "adelgazar" una Diputación Provincial que no ha dejado de engordar
Los tres diputados del BNG. PEPE TEJERO
Los tres diputados del BNG. PEPE TEJERO

EL VERANO ES una época cruel. Un tiempo en el que el calor nos obliga a destaparnos y pone en evidencia todos esos excesos que cometemos a lo largo del año por rendirle culto al cuerpo. En mi caso eso se traduce en darle casi todo lo que me pide. Cuando sube el termómetro me arrepiento un poco. Al desprenderme de la ropa de abrigo, y no digamos cuando me pongo en cueros en la playa, tomo conciencia estética de que a lo mejor debería cuidarme un poco más. Mirar por mí, como diría mi madre. Las comparaciones son odiosas. Mientras algunos lucen tableta, otros tenemos que conformarnos con la fondue. Siempre podemos tirar de ese rollo de los ‘fofisanos’, pero no es más que el argumento de consolación. Si no supusiese ningún esfuerzo, seguramente a todos nos gustaría tener un cuerpo de catálogo de bañadores.

A veces, cuando asoman tímidamente los calores estivales, tomamos conciencia del asunto. Miramos con asombro a nuestra panza, como si hubiese aparecido de un día para otro, y tratamos de concentrar en unas cuantas semanas todo lo que no hemos hecho en el resto del año. Ponemos en marcha la operación bikini. Nos proponemos metas dífíciles de alcanzar para reducir volumen y endurecer todo aquello que está reblandecido por la vida sedentaria. Empezamos a caminar, a correr o a ir al gimnasio. Por supuesto, intentamos cambiar hábitos alimenticios con más arraigo que las fiestas populares.

En los platos se acumulan tantas hojas verdes que parece que nos vamos a volver herbívoros. O rumiantes, lo cual sería peor. Nada de cañitas. A socializar a la biblioteca pública. Hay gente disciplinada y de voluntad férrea, pero también hay mucha de la otra. No es cuestión de fustigarse. Somos personas de alma sensible a las tentaciones de la carne, de cerdo o de vaca, incapaces de mantener por mucho tiempo tan buenos y estrictos propósitos.

Desde ayer, la Diputación de Lugo tiene nuevo presidente. BNG y Partido Socialista se han puesto de acuerdo para volver a gobernar en coalición, después del portazo que le dieron los nacionalistas al bipartito en el pasado mandato, concretamente en 2016, cuando se sintieron traicionados por el acuerdo de Campos con el Partido Popular para sacar adelante el presupuesto de la institución.

Entre otros propósitos para esta nueva etapa, la vicepresidenta, Maite Ferreiro, también anunció una particular operación bikini para "adelgazar" la institución. Aseguraba que "no tiene sentido de ser" como administración, pero a la espera de la supresión definitiva de los entes provinciales, reiteraba la intención de su grupo de ir vaciándola de contenido.Por ello, plantea incrementar el trasvase de fondos a los ayuntamientos, para que sean las entidades locales las encargadas de gestionar directamente ese dinero. También propone abrir negociaciones con la Xunta de Galicia para el traspaso de infraestructuras, equipamientos y servicios.

Es una declaración de intenciones. Como cualquier dieta, va a requerir de determinación y constancia para obtener resultados. Hasta ahora, la tentación de usar la Diputación como ariete político y cuartel de invierno para las tropas de los partidos políticos ha pesado más que la intención de adelgazar el entramado administrativo. Además, cada uno de los socios de gobierno tiene sus propias ideas sobre la institución. El alcalde de Castroverde denunciaba esta semana que el presidente de la gestora promete cargos en el organismo provincial para decantar la balanza a favor de su rival en la lucha por la secretaría general del PSdeG en Lugo. El pleno de organización disipará dudas. Veremos si la operación bikini va en serio. Puede que sea solo de boquilla, como nos pasa a otros.

Operación bikini