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EL ANÁLISIS. La pelota

Balseiro deja de ser delegado de la Xunta después de un trabajo que apuntaló la cuarta mayoría de Feijóo

NO ESTÁ descontento Feijóo con el trabajo que hizo Balseiro durante los últimos cuatro años como delegado territorial de la Xunta de Galicia en Lugo. Difícilmente puede estarlo. Es el tipo de jugador que a todo entrenador le gusta tener en su equipo. Un tipo fiable, que no escatima una carrera y no da un balón por perdido. Un capitán que, sin ser el más exquisito con la pelota, suda la camiseta como un novato, pero se coloca en el campo como el veterano que es y hace de la experiencia virtud. Inteligente y rápido a la hora de leer las jugadas del rival. Un seguro de vida cuando hay que arrimar el hombro, porque siente los colores y besa el escudo antes de salir.

Balseiro deja de ser delegado de la Xunta después de un trabajo que apuntaló la cuarta mayoría de Feijóo al terreno de juego. Un hombre respetado y con mano izquierda dentro del vestuario del PP porque, al igual que los chavales de la cantera que llegan a jugar como profesionales, tiene detrás una larga carrera política. Además, si a los preparadores se los evalúa por los títulos cosechados, el renovado presidente del Gobierno gallego sin duda estará satisfecho por su contribución a la victoria en la final del pasado 12 de julio. Las temporadas en política son largas, de cuatro años nada menos, y los puntos, en este caso los votos, no entran solos en las urnas.

Fue cocinero antes que fraile, o quizás debería decir fontanero. Como secretario general del PP de Lugo aprendió a trabajar con las cañerías del partido y a reparar fugas antes de que provocasen inundaciones. Es un oficio que últimamente pasa por horas bajas, pero sin duda necesario en estructuras jerárquicas como son las formaciones políticas. Agrupaciones de egos normalmente agitadas por las ambiciones personales. Hay que valer para realizar ese trabajo. Al menos para hacerlo bien. En los últimos cuatro años, aplicó esa experiencia en la delegación territorial de la Xunta de Galicia y, desde el primer momento, tuvo claro lo que había que hacer. Además de recibir a todo hijo de vecino y de hablar con todo el mundo, desplegó una agenda infernal que lo llevó muchas veces a recorrer la provincia varias veces en solo un día. Intentó hacer visibles los servicios que presta y las inversiones que realiza la Administración autonómica en este territorio. E hizo de ariete político frente a la Diputación y el Ayuntamiento de la capital lucense, ambos gobernados por la competencia. Seguramente sus rivales no lo echarán de menos.

Aun así, llegó el momento del cambio. Como sucede en cualquier deporte de equipo y también en la política, hay que ir dejando paso a los que vienen detrás. Toma el relevo Javier Arias, hasta ahora jefe territorial de Infraestruturas. Es un hombre joven, conoce la Administración y, además, ha compartido vestuario con Balseiro estos últimos años. Llega con el respaldo y la confianza del entrenador. Ocupará un puesto que puede ser un buen escaparate para proyectar su futuro en política. Quizás como próximo candidato a la Alcaldía de Lugo. Quién sabe. Ocurrencias que tiene uno. Dependerá, en todo caso, de cómo juegue la pelota que han dejado botando a su pies.

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