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LA PELÍCULA ‘Gladiator’ comienza con la secuencia de una espectacular batalla entre las legiones romanas del norte y los aguerridos germanos. Cuando la contienda parece decantarse a favor de las tropas imperiales, el general Quinto exclama: «¡Hay que saber cuándo se es conquistado». Le contesta con expresión grave y ceñuda el protagonista de la historia, Máximo Décimo Meridio, su comandante en jefe: «¿Tú lo sabrías?, ¿y yo?». La pregunta se queda sin respuesta, pero invita a la reflexión. Incluso, si aplicamos esa misma cuestión a nuestro día a día, el asunto da que pensar. Tengo la impresión de que todo tiene su momento. Quizás, lo verdaderamente complicado es discernir cuándo ha pasado realmente de largo la oportunidad de hacer una cosa o la otra. Cuándo tenemos la ocasión de rebobinar para cambiar el argumento de un largometraje o cuándo el final ya está escrito y no hay vuelta atrás. Cuándo podemos subirnos, a lo mejor en la siguiente parada, a un tren que acaba de pasar de largo por delante de nuestras propias narices o cuándo tenemos que resignarnos y buscar nuevos destinos para el viaje de la vida. No es fácil, sin duda, asumir la derrota. A veces ni siquiera se trata de asimilar un fracaso, sino el hecho fehaciente de que el tiempo no pasa en balde y la circunstancia de que algunas cosas no están para nosotros. Sencillamente porque no. Porque a veces todo se pone en contra y nuestras cualidades personales son insuficientes para remar cuando el viento sopla tan fuerte en dirección contraria. El esfuerzo, la perseverancia o incluso la obstinación pueden ayudarnos a alcanzar metas que, al menos aparentemente, son imposibles. Son virtudes que, sin duda, mezcladas con el talento suelen dar muy buenos frutos. Ahora bien, es importante no confundir el sano empeño por conseguir un objetivo con la obcecación propia de los fanáticos y de los individuos que sólo escuchan el eco de su propia voz. Seguramente, sería muy beneficioso, para uno mismo y en general, que aprendiésemos a discernir cuándo ha pasado nuestro momento.

Faltan más de dos años para las próximas elecciones municipales. Aún así, el Partido Popular ha empezado a mover ficha para recuperar el poder que ha perdido en el ámbito local. Arrasó en las autonómicas, pero escuece tener sólo a un alcalde en las siete ciudades gallegas y haber quedado fuera del gobierno de tres de las cuatro diputaciones provinciales. En abril se celebrará el congreso local en Lugo. De ese cónclave saldrá el nuevo responsable de la agrupación lucense y, con toda probabilidad, el futuro candidato a la Alcaldía. Jaime Castiñeira se ha dado cuenta de que su momento ha pasado. O eso o lo han convencido, por las buenas o por las malas. En cualquier caso, no optará a la reelección. Le tocó enfrentarse a un auténtico animal político y, aún herido por las lanzas que le llovieron desde la Plaza de Avilés, López Orozco fue capaz de evitar la mayoría absoluta que le hubiese dado el bastón de mando. Haber sido el aspirante preferido en las dos últimas convocatorias, el más votado, no fue suficiente para quitarse la etiqueta de eterno pretendiente. Ahora los populares tienen que elegir a su sustituto. También al ejército que lo acompañará en la próxima refriega electoral. Habrá codazos, sin duda. Gente con una buena hoja de servicios se quedará fuera y otros con menos méritos ascenderán por vía digital. Pasa hasta en las mejores familias. La política suele premiar la lealtad perruna sobre cualidades como el talento o el esfuerzo. En todo caso, seguramente, no habrá lío de cara al público. En esa organización saben hacer estas cosas de forma aseada. La ropa sucia se lava en casa. Habrá gente descontenta. Algunos con razón y otros porque, simplemente, aún no se han dado cuenta de que el sol hace tiempo que pasó por su puerta. Aún así, lo más probable es que nadie diga ni pío.

Pase lo que pase, los populares saldrán organizados de ese cónclave. Prestos para asaltar el poder municipal. Mientras, los socialistas seguirán mirándose el ombligo, sin dirección política y en situación de interinidad en todos los ámbitos de su estructura organizativa. Pasarán meses hasta que consigan poner orden en su propia casa, si es que finalmente lo logran. Y es que hay quien no para de enredar. Sigue peleando por la secretaría general el candidato que cosechó de forma consecutiva los peores resultados electorales de la historia de su partido. En Galicia, cada dos por tres, la gente de Besteiro nos recuerda que estaría encantada con el regreso de su líder, a pesar de O Garañón y de sus circunstancias. Ninguno de ellos concibe todavía que su momento haya pasado.

Ridley Scott quiere rodar una secuela de ‘Gladiator’. Maximo Décimo Meridio cayó muerto en la arena del circo tras consumar la venganza que había perseguido durante tanto tiempo. Fue el épico final de una película premiada con cinco Óscar. El director asegura ahora que ha encontrado «una forma de traerlo de vuelta». La resurrección es posible en el cine. En política, todo tiene su momento.

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