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La responsabilidad personal es fundamental sin estado de alarma con el virus todavía activo
Gente paseando y en las terrazas en Lugo. XESÚS PONTE
Gente paseando y en las terrazas en Lugo. XESÚS PONTE

NO SIEMPRE es bueno tener razón. A veces es mejor equivocarse y que los acontecimientos vayan por un camino totalmente diferente al que en su momento predecimos. Antes de que se levantase en Galicia el estado de alarma, tuve una conversación con el presidente de los hosteleros de Lugo, con Cheché Real, a cuenta de la situación del sector. Se mostraba cauto con respecto a la recuperación de la actividad. Recordaba la diferencia entre que te permitan abrir un local y el hecho de que la gente vuelva a entrar para consumir en tu establecimiento. Por decirlo de otro modo, que una cosa es levantar la persiana y otra bien diferente que eso signifique comenzar a facturar, y hacerlo además a un ritmo lo suficientemente alegre como para cubrir gastos y que quede algo de beneficio a final de mes. Insistía en que lo fundamental para el futuro de una actividad como la hostelería era recuperar la "confianza" de la gente y que los clientes volviesen a salir de casa para tomarse algo o para comer fuera. No tenía claro en ese momento que eso fuese a producirse de forma inmediata. Creo que yo era bastante más optimista. Le dije que la gente estaba deseando pasar página, recuperar hábitos y regresar por la vía rápida a la vieja normalidad, a poder ser sin hacer parada en la nueva. Ni siquiera para tomar impulso.

El personal estaba, y está, deseando recuperar su forma de vida. Hacer otra vez lo que venía haciendo de forma cotidiana. Como si nada hubiese pasado. Como si todo hubiese pasado, en realidad. Pero no es así. A tenor de las imágenes tomadas el pasado fin de semana en el casco histórico de Lugo, en la zona de vinos, parece evidente que la gente está un poco confundida. En esas fotografías, que circulan por las redes sociales de forma profusa, se puede ver a cientos de personas disfrutando de la noche. Pegadas, muy cerca unas de otras, tomándose algo tranquilamente. Sin respetar ninguna de las medidas de seguridad que nos aconsejan de forma insistente las autoridades sanitarias para evitar la propagación del coronavirus. Ni distancia social, ni mascarilla ni nada de nada. Como cualquier otro día de verano antes de la pandemia. Como si realmente hubiésemos pasado página y estuviésemos ya en otro capítulo de esta historia. Ahí está la confusión. El hecho de que hayamos salido del estado de alarma no significa, ni mucho menos, que hayamos superado la pandemia. Los rebrotes que están apareciendo en los últimos días deberían difuminar ese espejismo sobre el que algunos han decidido cimentar sus nuevas rutinas. O las viejas.

Precisamente, el propio Cheché Real recordaba en las últimas horas que ese tipo de comportamientos puede tener "consecuencias graves". Repercusiones muy nocivas, tanto para "la salud " como desde el punto de vista "económico". Si no hacemos caso a las recomendaciones sanitarias, evidentemente aumentarán las posibilidades de que nos contagiemos y de que contribuyamos a propagar el virus. Además, si la cosa vuelve a ponerse realmente fea y empezamos a caminar hacia atrás, es más que probable que regresen las medidas de confinamiento y de que los locales vuelvan "a quedar cerrados" por decreto. A cal y canto.

Es evidente que no es posible mantener el confinamiento de forma indefinida en el tiempo. Probablemente, sea lo más eficaz y lo más sencillo, si obviamos las consecuencias que tiene para la economía, pero no es viable. Es el momento de la responsabilidad personal. De que pensemos en nosotros y en la gente que tenemos a nuestro alrededor. En su salud y en la nuestra.

Nos han dicho hasta la saciedad que en los últimos meses nos hemos comportado de una forma extraordinaria. Que hemos sido una sociedad "ejemplar". No puedo compartirlo. No al menos así, a granel. Durante el estado de alarma hemos permanecido encerrados en nuestras casas porque estaba prohibido salir. La Policía, la Guardia Civil y hasta el ejército patrullaban las calles. Las multas por saltarse el confinamiento no eran moco de pavo. Es ahora cuando realmente podemos movernos y hacer uso de nuestra libertad. Es ahora cuando tenemos que demostrar responsabilidad. Por nosotros mismos y por los demás. Es ahora cuando tenemos que tener un comportamiento realmente ejemplar.

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