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Contadores

Esta semana gobierno y oposición polemizaron en Lugo a cuenta de A Tinería y del nuevo auditorio

CREO QUE PUEDO HABLAR con cierta propiedad de este asunto. No sé si fui pionero, pero desde luego he estado en la pomada como un avanzado a mi tiempo. Me refiero al asunto este de los contadores que ahora se ha puesto de moda en el Ayuntamiento de Lugo. Más obsesionado con medir mis pírricos logros que con el resultado en sí de mis cuestionables esfuerzos físicos, compré en su día un contador de pasos. Era un cacharro rudimentario, una especie de cajita que se colocaba en el cinturón y que, aparentemente, calculaba las pisadas que iba dando a lo largo del día. Creo que no llegué a comprender bien el propio mecanismo del aparato. Quizás, porque no le di tiempo. A los pocos días quedó arrinconado en un cajón perdido en el país de nunca jamás. Fue un primer intento. Después llegaron algunos otros para motivar mi espíritu indomable de triatleta.

El último móvil que me compré, que es el mismo que sigo usando a día de hoy, se permite la libertad de contar los pasos que doy cada día, hacerme recomendaciones e incluso marcarme objetivos. Es un cacharro insolente y descarado. Creo que pretende imponerme la disciplina de sus fabricantes chinos. Conmigo no va a poder. Nunca le hice demasiado caso, aunque tengo que reconocer que sabe cómo halagar cuando me envía mensajes para informarme de que he alcanzado la meta diaria. Lástima que no me provoque en igual medida un profundo sentimiento de insatisfacción cuando me reprende por haber sido demasiado vago. Suelo ignorar con calculada indiferencia esas notificaciones cargadas de energía negativa.

A pesar de mis antecedentes, como ejemplo de coherencia vital, decidí apuntarme también a la moda de las pulseras de actividad. Aunque conocidos, allegados, familiares, amigos o compañeros de trabajo no me la hayan visto nunca puesta en la muñeca, debo confesar que en su día me compré una. Puedo decir a mi favor que el aparato no puede quejarse del trato que le dispenso. El trabajo no va a fundirle los circuitos integrados. Creo que a este paso la reserva de carga, que venía para un año, puede prolongarse como mínimo durante un lustro.

Por último, para perfeccionar mi catálogo de inversiones rentables, al menos en lo que se refiere a contadores que miden la actividad física, tengo desde hace algo más de un año uno de esos ‘relojes inteligentes’ que hacen un poco de todo. Además de contar las pisadas que das, miden la distancia recorrida, calculan las calorías que has quemado con tu esfuerzo, elaboran estadísticas con tus resultados diarios y hasta determinan las horas de sueño profundo y cuántas te has pasado en un agitado duermevela. También puede conectarse al teléfono, para gestionar y ordenar toda esa información con el concurso de una aplicación. Así, además, te avisa de llamadas y de mensajes. Tengo que confesar que nunca llegué a dar ese paso. Me parecía demasiado íntimo. Alguna vez me lo puse, es cierto, pero ahora lleva meses guardado en otro cajón. Procuro no acumular mis vergüenzas en un mismo mueble de la casa.

Ahora veo que los señores ediles se han apuntado a la moda de los contadores. Los primeros fueron los concejales del PP, que se plantaron frente al auditorio para recordar que lleva ocho meses cerrado desde la recepción de las instalaciones por parte del Ayuntamiento de Lugo. No tardó en responderle el gobierno local, que afirma que tendrá que invertir más de 300.000 euros por deficiencias y carencias en el edificio entregado por la Xunta. Al día siguiente, los nacionalistas se plantaron en A Tinería con otro contador. Denunciaron que la rehabilitación del casco histórico lleva parada más de 4.000 días, concretamente desde que gobierna Feijóo. La réplica tampoco se demoró. El delegado territorial de la administración autonómica precisó que han sido restaurados 24 edificios en los últimos 12 años.

Desconozco si serán presentados nuevos contadores en próximas fechas. Podríamos llenar las calles de ellos. Convertirlos en atracción turística. Ser la ciudad de las deudas pendientes. Por supuesto, para ser justos, tendrían que medir la gestión de todas las administraciones. Podrían informar de los días, meses o años que llevamos esperando por la conexión con la alta velocidad o por el final de las autovías a Santiago y a Ourense; también por la estación intermodal, el Plan Paradai o la demandada Rolda Leste. Concretar, además, la demora en el desdoblamiento de Duquesa de Lugo, la redimensión de las plazas en los aparcamientos subterráneos, la renovación de contenedores o la reorganización de las líneas de bus. Solo por citar algunas carreras de fondo.

Pueden activar todos los contadores que consideren oportunos. Parece un diálogo de sordos. Si aquellos que tienen que tomar nota miran hacia otro lado y no se plantean una mínima autocrítica, harán la misma función que los míos. Esos que están olvidados en algún cajón de no se qué mueble.

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