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El capitalismo convierte a las personas en meros consumibles del propio sistema

EN LOS ÚLTIMOS DÍAS no se habla de otra cosa. En la radio, en la televisión, en los centros de trabajo y en las tabernas, en las de toda la vida y en las más "cool", esas de 2,40 euros por la caña de cerveza en terraza. Se va Cristiano Ronaldo. O mejor dicho, ya se ha marchado. Terminó un matrimonio de nueve años. Ha durado casi tanto como una unión civil en la isla de Cuba. No se trata de una interrupción temporal de la convivencia. Parece un divorcio, en toda regla. Como suele suceder en estos casos, la ruptura oficial no es más que el trámite que pone fin a una relación convulsa. Puede haber reconciliación, pero si ocurre será en otra etapa de la vida del futbolista. Es lo que sucede con los enlaces de conveniencia, nada es definitivo. Solo el interés de ambas partes, que fluctúa, como las acciones de cualquier empresa en bolsa. Podría regresar como manager, director deportivo, entrenador o embajador del club para los países de habla portuguesa. Quién sabe. A quién le importa, en realidad. En estos momentos, la discusión es otra. El tema que enciende los ánimos y hace subir de tono las tertulias se centra en la conveniencia o no de vender a un tipo de casi 34 años por algo más de cien millones de euros. Un traspaso que hace solo una década sería considerado como algo astronómico, no es más que pura calderilla en este momento de inflación en el mercado del fútbol mundial. Cuatro duros, en opinión de algunos aficionados al balompié, por llevarse a un fulano que ha promediado casi cincuenta goles por temporada desde que llegó a España.

Tengo mi propia opinión, tan válida como la de cualquier otro futbolero. Debo reconocer, de todas formas, que está mediatizada por lo mal que me cae el personaje. Puede que sea un futbolista excelso, pero también es un patán. Un niñato engreído y pagado de sí mismo. Un personaje ahogado en soberbia que se considera a sí mismo un ser mitológico. Hablo de un tipo que ya debería comportarse, le toca por edad, como un hombre hecho y derecho, pero que patina en su propio egoísmo púber como si fuese un adolescente despechado. Para alguien que considera la humildad una de las virtudes más encomiables del ser humano, resulta insoportable la actitud de quien se define a sí mismo como el "mejor del mundo". A veces llego a pensar que lo juzgo con demasiada dureza. A lo mejor esa forma de conducirse no es más que una pátina para desdibujar un asomo de inseguridad. Si es así, en cualquier caso, lo disimula francamente bien.

Tampoco es ese, en todo caso, el tema de la discusión. Aquí se habla de si ha sido bien o mal vendido por un club de fútbol que es, en realidad, una gran multinacional. Yo pienso en mi viejo Peugeot. Fue mi primera gran inversión. Hemos hecho juntos miles de kilómetros en los últimos quince años. Viajamos a sitios maravillosos. Ha sido una herramienta excepcional. Ha ofrecido un gran servicio, sin sobresaltos ni gastos inesperados de mantenimiento. Con su fiabilidad ha contribuido a que nuestra familia haya disfrutado de muy buenos momentos. Me da pena pensar en su retirada o en que cambie de manos, pero también soy consciente de que ya no puedo pedirle tanto como me ha dado. Puede que funcione igual de bien durante un tiempo, pero algún día llegarán las averías y la decadencia. No está bien comparar a las personas con los objetos manufacturados, pero el tipo de vida que llevamos nos convierte también a nosotros en consumibles del capitalismo al que alimentamos.

Hay quien dice que la operación realizada por la Juventus es una ganga. No opinan lo mismo, sin embargo, los trabajadores del grupo Fiat, propiedad de la familia Agnelli que es también la principal accionista del nuevo equipo de Cristiano. Han convocado dos días de huelga por el fichaje. Uno de los sindicatos que ha protestado por esa inversión se preguntaba "si es normal que una sola persona gane millones" cuando "miles de familias no llegan a mitad de mes" con el salario que perciben de la misma empresa. Añade que "en este momento de enorme dificultad social, esta diferencia de trato no puede y no debe ser aceptada". Sus argumentos son tan razonables que podrían ser universales. Son en realidad una crítica genérica al sistema en el que algunos todavía flotamos y otros ya se han hundido. Lo mismo podrían decir los trabajadores de Inoxidables Rábade, que fabrican componentes usados por la industria de la automoción. Están en huelga para reclamar la vuelta a las condiciones laborales que tenían en 2008. Reclaman entre 170 y 200 euros al mes.

Por qué unos tanto y otros tan poco. La respuesta es sencilla, creo. Al final todo es cuestión de dinero. El portugués ha costado mucha pasta, pero su inversión será rentable si genera más de lo que han invertido en él. Así de fácil. Insisto, no está bien comparar a las personas con los objetos manufacturados, pero en este mundo que nos hemos fabricado somos como coches. El sistema nos usa mientras le servimos y nos retira cuando ya no funcionamos tan bien. En algunos casos, desguaza a los individuos antes de tiempo. Da igual que te llames Pepe, Maruxa o Cristiano.

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