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C'est la vie

Este verano no hay vacaciones para quienes aspiran a mandar en el Partido Popular

SE LES NOTA. No lo pueden evitar. Más que caminar parece que levitan. Se mueven como si pisasen algodones, como si en solo unas horas se hubiesen desprendido de una pesada carga arrastrada con denuedo a lo largo de resto del año. Hay condescendencia en su mirada. Chulería, incluso. Saben que es cuestión de horas. No aprecio camaradería hacia el que se queda. Tal vez un atisbo de compasión, pero algo ínfimo, sin duda. Su reino ya no es de este mundo. Están por encima del terrenal día a día. Ya no escuchan el eco trivial de la rutina. No se aferran a la evanescencia del instante, demasiado crudo y cotidiano. Se proyectan hacia su inmediato futuro. Paredes y techos son insuficientes para retener su concentración. Su cabeza vaga. El pensamiento atraviesa hormigón, ladrillo y cristales. Vuela ligero, como esas primeras hojas marchitas que arrastra el viento en el mes de otoño. Escuchan el sonido del mar. Sienten el tacto de la arena pegada al culo. Idealizan la espera en la terminal de cualquier aeropuerto. Ven la vida pasar tras las lentes de unas gafas de sol, cañita en mano. Empiezan a salivar al percibir el incitante aroma que llega desde la parrilla. Se les sueltan los pies con la música de cualquier orquesta pachanguera. Saben, se lo dice su cuerpo, que han llegado las vacaciones. Huelen el verano. Es el día. El lunes, 2 de julio, será otro el que madrugue. A la mierda con el despertador. Hasta la vista. Que os sea leve. O no.

En esas anda hoy medio país. También comienzan las rebajas, ese tiempo en el que algunos se gastan lo que tienen y lo que no tienen. El presidente de la Federación de Comercio opina que la campaña será buena, porque las tiendas no han vendido nada en los últimos meses a causa del mal tiempo y la gente necesitará «bañadores» y «pareos». Siempre hay que tenerlos a mano, nunca se sabe. También propone aplicar descuentos la que fue vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. Lo hizo en Lugo. Dijo que su partido, el PP, necesita ampliar «su base social» para ganar. Propuso que los jóvenes que decidan sumarse a su organización paguen menos, una cuota reducida. Parados y pensionistas casi nada. Algo simbólico. Por un euro podrían conseguir su carné y hasta el reloj de socio protector. Para ella no hay vacaciones. Toca dar el callo. Trabajar por el país y por los ciudadanos. Recuperar mando en plaza para que Sánchez «esté el menor tiempo posible» en el Gobierno, porque así «hará menos daño». En todo caso, tampoco está demasiado preocupada por las consecuencias de un Ejecutivo socialista. Para eso tiene a Barreiro en el Senado. Dijo que el portavoz se ha convertido en una figura «clave», porque la mayoría popular en la Cámara Alta frenará las «aventuras» del presidente. Ese recién llegado que corre por los jardines de Moncloa y viaja en avión con gafas de "fucker".

Tampoco tienen vacaciones, de momento, los demás candidatos a tomar las riendas del PP después del congreso del 5 de julio. El pasado fin de semana, Pablo Casado, el hombre que aprobó la carretera de Derecho en un suspiro, cursaba visita a los militantes de Lugo. No quiere dejar asignaturas pendientes a lo largo y ancho del territorio patrio. Gato escaldado del agua fría escapa. En este examen no hay recuperación posible. Mañana llega María Dolores de Cospedal. La mujer impasible que aguantó carros y carretas en los últimos años. Ya conocía nuestra ciudad. Recuerdo que no quiso pararse a hablar con la prensa antes de un acto que se celebró en el Gran Hotel. Lo que tenía que decir lo dijo desde el atril, con el aplauso asegurado por parte de los suyos. Están en juego 1.300 votos en nuestra provincia. No son muchos. No llegan al 10% de los militantes lucenses. Si damos por buena la cifra de la que presumen a menudo los dirigentes locales suman 12.000. Aún así, el porcentaje es ligeramente superior al de inscritos en todo el país. En esta primera vuelta de las "primarias" populares solo ejercerá el derecho que da estar al corriente de pago un 7% de la militancia. El asunto da que pensar. Quizás debería hacer reflexionar a los que están metidos en este tinglado.

Podemos aventurar alguna explicación. Eso sí, sin ánimo de ser exhaustivos. Puede suceder que la escasa movilización venga motivada por una clara falta de costumbre por parte de la militancia. Los populares no están demasiado familiarizados con este tipo de procesos. No son lo suyo. Tampoco deberíamos descartar que el absentismo sea debido a que una parte del personal está hasta las narices de lo que ocurre en el partido y exprese de este modo su desapego con la política. A lo mejor es algo mucho más sencillo y lo que pasa es que la lista de afiliados no estaba convenientemente actualizada. La última que se me ocurre es que, en pleno mes de julio, el personal esté más centrado en sus vacaciones que en cuestiones orgánicas.

Lo mismo le pasa al tipo que tengo sentado a mi lado. Me da la impresión de que sonríe. Está contento. Parece que no se ha dado cuenta de algo importante. No es por joder, pero cuanto antes se marche, antes volverá. C´est la vie.

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