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Ansiedad

Cada día es más visible, e insoportable, la premura de los partidos ante la cita electoral

ENTIENDO que le puede pasar a cualquiera. Yo mismo pasé por un cuadro de ansiedad hace un par de años. Aún ahora desconozco la causa exacta de tal estado de agitación. Supongo que fue el resultado de una mezcla de circunstancias. La condición de padre primerizo, dormir poco o casi nada por las noches, disgustos mal cicatrizados, demasiado trabajo, nuevas responsabilidades a las que hacer frente, preocupaciones recientes que se sumaron a otras añejas y, cómo no, mi propia personalidad. Cada uno tiene su propia forma de encarar la vida. No somos máquinas diseñadas y fabricadas en serie. Lo que para algunos no es más que un charco, un pequeño obstáculo que se supera con un pequeño salto, para otros es un río caudaloso imposible de vadear. Todos conocemos a gente que se ahoga en un vaso de agua, pero también a personas que, por el contrario, podrían cruzar un océano a nado. Y solo para tomarse una copa y regresar de vuelta, brazada a brazada, para contarnos cómo le fue la travesía. Quién sabe. Lo cierto es que no es sencillo crear compartimentos estanco en nuestra cabeza y afrontar todo lo que nos viene encima de forma aislada. Vamos añadiendo más y más carga al carro, hasta que llega un momento en el que las ruedas acaban por romperse y necesitamos hacer un alto en el camino para continuar luego con nuestro viaje. Después, superado el bache, no es fácil determinar si fue el primer fardo o el último el que nos hizo detener la marcha. Pesa lo mismo un kilo de hierro que un kilo de paja. Lo más curioso es que a veces uno mismo es el último en darse cuenta de que el tonel en el que transportamos pensamientos, sentimientos y sensaciones está a punto de desbordarse. Son otros los que se percatan y, si tenemos suerte, nos avisan a tiempo. Antes de que todo se derrame.

Percibo desde hace tiempo una cierta ansiedad en la política local. No me refiero a esa sensación de angustia que hace reverberar los sentimientos. Es más bien un clima de inquietud. Urgencia y premura. La incertidumbre de quienes aguardan su momento porque realmente creen que pueden llegar y a la de aquellos que esperan a que pase la reválida de mayo para tener garantías de que pueden quedarse donde están ahora. Unos están dispuestos a zarandear el árbol hasta el último día, cada vez con más violencia, convencidos de que la fruta está madura. Los otros intentan encontrar ladrillos con los que apuntalar los puntos más débiles de su gestión. Puede que tengan grietas, pero nunca es sencillo derribar los muros del poder. Hay mucho en juego y demasiadas incertezas. Todos quieren asestar el golpe definitivo a su rival. Encontrar la rendija en la armadura. Ventaja en la carrera, al menos.

Es otro tipo de ansiedad, sin duda. Es esa situación de apremio la que realmente pueden explicar determinados comportamientos. La exageración y la forma de sobreactuar de unos y otros. La confusión entre los deseos y la puñetera realidad. La inminencia de la convocatoria electoral provoca prisas de última hora. La alcaldesa se saca de la manga, de la noche para la mañana, una nueva candidatura a Patrimonio de la Humanidad. Quiere que todo el casco histórico de la ciudad sea bien mundial. Nos cuenta que llevan tiempo trabajando en ella y que están punto de firmar un convenio con la Universidade de Santiago de Compostela para hacer el trabajo técnico. Hasta viene la ministra de Turismo para respaldar y darle mayor empaque a ese anuncio. Sin embargo, la señora Maroto no se moja demasiado. Dice que apoya el proyecto de Lugo, igual que "otros"; que al final habrá que elegir y que ganará "el mejor". Toma castaña. Doce horas después, sabemos también que los contactos con el campus se limitan a una o a dos llamadas informales realizadas hace apenas unos días. Nadie se ha sentado para hablar en serio del trabajo que hay que realizar y de la compensación por realizarlo.

Se percibe la urgencia. Sin esperar explicación, los socialistas montan la guerrilla para defender los intereses de Lugo ante la supuesta intención de eliminar titulaciones de nuestro campus, al tiempo que el gobierno gallego niega la mayor, de forma taxativa, y dice que no hay caso. Ambos se enzarzan, de paso, a cuenta de los escudos franquistas que fueron tapados y ahora habrá que descubrir en la fachada de dos institutos emblemáticos de la ciudad. En el Partido Popular se frotan las manos por la deriva que parece tomar la investigación abierta por el juzgado sobre los contratos caducados en el Ayuntamiento a raíz, por cierto, de su denuncia por lo penal. El BNG y Lugonovo piden explicaciones por la demora de unas obras, las de los aparcamientos disuasorios, un mes antes de termine el plazo de ejecución. Calma, por Dios, calma.

Toda esta situación se parece a los nervios de padecen los malos estudiantes. Las elecciones son un examen que no se puede solventar el día antes. Son el resultado de un proceso de evaluación continua. Deberían confiar en lo que hicieron los últimos cuatro años. O no. En todo caso, para dominar la ansiedad, nada como pasear por la muralla. Sano y barato.

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