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1992

Ese año quedó inaugurada la primera línea de Ave en España y comenzó la planificación de la A-54

FUE 1992 un año importante en mi vida. Uno de esos que no se olvida con facilidad. Intenso, cargado de acontecimientos que marcaron un punto y seguido en mi plácida existencia. Dejé oficialmente de ser un niño. Abandoné administrativamente la edad infantil para ser a todos los efectos un adolescente. Cumplidos los catorce, pasé de la Educación General Básica (EGB) al Bachillerato Unificado Polivalente (BUP). Mentiría si dijese que era un infante especialmente maduro para mi edad. Iba todos los días al instituto y me gustaba parecer mayor, pero aún me sentaba a ver los dibujos animados de A Galega por las tardes mientras merendaba y hacía los deberes. Creo que Songoku me acompañó hasta la misma puerta de la Facultade de Xornalismo, en la compostelana Praza de Mazarelos. Aquel verano fue maravilloso. No puedo negar la inquietud que me provocaba abandonar un universo seguro, rodeado de amigos a los que conocía desde siempre en un colegio rural y familiar, para empezar una nueva etapa en un centro con cientos de chavales a los que no había visto en mi vida. En clase de Secunda-ria solo me acompañó uno de mis antiguos compañeros. De todas formas, poco pensé en todo eso hasta que llegó el mes de septiembre. A finales de junio o principios de julio, en todo caso después de haber recibido las notas del curso, entre mis padres y mi abuela me compraron un Vespino. Nada más entrar por la puerta del garaje se convirtió en mi posesión más valiosa. Mi primer vehículo a motor. La posibilidad de llegar sin ayuda, e incluso sin permiso, a lugares que antes me estaban vedados por distancia. Aún lo conservo. Me sigue pareciendo muy chulo. Desde luego, su color rojo metalizado no pasa desapercibido.

También fue un año destacado en la historia de este país. Se celebraron los Juegos Olímpicos en Barcelona. Escuchamos cantar adúo a Freddie Mercury y Montserrat Caballé. Los futboleros pudimos celebrar la Medalla de Oro de una selección en la que brillaban, entre otros, Kiko, Guardiola o Luis Enrique. Además, durante seis meses, estuvo abierta la Exposición Universal de Sevilla, la Expo, cuya mascota, el popular ‘Curro’, resultaba casi tan entrañable en su fealdad como el perrete de las olimpiadas: ‘Cobi’. Y no podemos olvidar que el 14 de abril de 1992 quedó inaugurada la primera línea de Alta Velocidad en España, la que comunica en un suspiro Madrid con la capital andaluza.

Han pasado casi tres décadas y en Galicia seguimos esperando para disponer de una conexión similar con la meseta. Toda una vida. El adolescente que era entonces se ha convertido en un tipo de mediana edad bastante descreído, al que se le eriza el vello de la nuca cuando escucha a los políticos de uno u otro partido culparse mutuamente por los retrasos que acumulan nuestras infraestructuras. Hay para todos. Hace treinta años que madrileños y andaluces disfrutan del tren de alta velocidad. En ese tiempo, han pasado nueve inquilinos por el Ministerio de Fomento, uno de ellos lucense y socialista, José Blanco, y otra gallega y popular, Ana Pastor. Puede que sea injusto meterlos a todos en el mismo saco, porque es evidente que no todos obraron con el mismo cariño en defensa de nuestros intereses, pero no es menos cierto que ninguno, ni el primero, fue capaz de cumplir unos plazos en constante revisión.

La tropa del Partido Popular desembarcó hace unas semanas en la estación de Monforte de Lemos para exigir una respuesta "inmediata y urgente" a la "dramática situación" del tren en toda Galicia. Medio centenar de alcaldes, diputados, senadores y otros cargos electos hicieron piña y se plantaron en el feudo del actual presidente de la Diputación para atizarles a los socialistas. Nadie se acordó de asumir alguna responsabilidad por esa situación. A fin de cuentas ellos gobernaron durante los últimos siete años. La ruina de las infraestructuras y servicios ferroviarios no es flor de un día. Se lo recordó, visiblemente molesto, el propio José Tomé, justo el día en el que los populares defendieron en el pleno provincial una moción para reclamar esas mejoras que nunca acaban de llegar. Dijo que fueron a su municipio "a esbardallar", porque llegaron a la terminal "en coches dealta gama" y ni siquiera se subieron a ningún convoy. Entre otras cosas porque "no había ninguno" en las vías.

El tren siempre llega tarde en Galicia. Aunque Fomento lo niega, puede que la conexión con la meseta mediante alta velocidad, que ya tendría que estar en pruebas, ni siquiera quede lista para el Xacobeo del próximo año. Si se retrasa la línea general, podemos intuir lo que sucederá con el enlace de Lugo a través de Ourense.

Curiosamente, el mismo año en el que entraba en funcionamiento el Ave entre Madrid y Sevilla, comenzaba la planificación de la autovía Lugo-Santiago (A-54), por orden de Josep Borrell, entonces responsable de Obras Públicas, hoy Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores. Casi treinta años han pasado y aún queda trabajo por delante para terminar una conexión de solo cien kilómetros.

Todos deberían ponerse colorados. De poco o de nada valen las cortinas de humo y los teatrillos para ocultar su responsabilidad. A estas alturas, es muy evidente que nos han tomado el pelo a todos durante años. Como mínimo, desde 1992.

1992
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