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Tras años de espera, no hay plazo para un enlace decente por tren de Lugo a Ourense
Imagen de archivo de un tren atravesando el túnel de Oural. TOÑO PARGA (AEP)
Un tren atravesando el túnel de Oural. TOÑO PARGA (AEP)

N O ES POSIBLE pasar página. No hay manera. Tengo que coincidir con la alcaldesa de Lugo en algo que dijo en alguna ocasión. En este lugar del mundo en el que vivimos resulta difícil plantear nuevos retos, nuevos objetivos en lo que se refiere a inversiones necesarias para la ciudad y para la provincia, porque pasan los años y seguimos hablando siempre de lo mismo. Pendientes de promesas que nunca se cumplen en tiempo y forma. Atentos a plazos que jamás se respetan. A estas alturas, ser escéptico no es una opción. Es pura necesidad. No podemos evitar que intenten vacilarnos o tomarnos por idiotas. Hay gente que se dedica casi en exclusiva a la propaganda institucional, a lanzar las pertinentes cortinas de humo y a hacernos creer que estamos cerca de una meta que nunca llegamos a alcanzar. Sumidos en la incredulidad y en la desconfianza al menos evitamos que nos engañen con facilidad. Seguramente no sirve de mucho. Es una simple cuestión de orgullo personal. Hay otras posibilidades para sortear la frustración y el enojo, pero no estoy seguro de que sean especialmente balsámicas para el ánimo.

No llevo la cuenta de los años que nos hemos tirado hablando de la llegada del AVE a Lugo. Demasiados, en todo caso. Han pasado sucesivos gobiernos de diferentes colores políticos. Nos han regalado juegos de palabras y conceptos difusos, siempre aplaudidos o abucheados, eso sí, por los forofos y palmeros de turno. Al menos ahora sabemos que a nuestra ciudad no llegará la alta velocidad propiamente dicha. Hace tiempo que hemos perdido ese tren. Rebajadas nuestras expectativas a la fuerza, ahora debemos conformarnos con que nos arreglen la actual conexión ferroviaria con Ourense, a través de Monforte de Lemos, para llegar a Madrid en un tiempo razonable. Algo así como el premio de consolación.

A lo mejor me equivoco y no soy demasiado preciso en la valoración, pero creo que a lo que realmente aspiramos es a que nos pongan un tren del siglo XX. Ahora mismo seguimos en el XIX. Transitamos por una vía que ni siquiera está electrificada. En cambio, hace ya tiempo que nuestros vecinos disfrutan de un servicio más propio de nuestro tiempo. Falta poco para que se cumplan treinta años de la inauguración de la primera línea de AVE en España. Toda una vida. Prácticamente una década ha pasado ya desde que fue estrenado el primer tramo de la alta velocidad en Galicia. Aquí seguimos erre que erre.

El Consejo de Ministros aprobó esta semana una inversión de 108,5 millones de euros para modernizar el tramo entre Lugo y Monforte de Lemos, así como para construir un nuevo túnel en Oural. Una buena noticia, sin duda, que no tardó en ser matizada por la Xunta de Galicia. El gobierno gallego precisó que la ejecución de esas obras no comenzará, con suerte, hasta finales del próximo año. De hecho, aún no han sido adjudicados los trabajos de electrificación de la línea entre Ourense y la ciudad del Cabe, que fueron licitados en octubre de 2019. Por lo tanto, y según los cálculos de la administración autonómica, los nuevos servicios no podrán entrar en servicio nunca antes de 2024.

Llegados a este punto, creo que seríamos muchos los que firmaríamos esa fecha, a pesar de que el compromiso inicial del Gobierno de España era completar la mejora de la línea entre Ourense y Lugo este mismo año. Es evidente que, a estas alturas, creer en que la Administración va a cumplir sus propios plazos de inversión es algo más que acto de fe. La misma que necesitamos para convencernos de que algún día nuestra ciudad tendrá la prometida estación intermodal. En otras capitales gallegas hace ya tiempo que han comenzado las obras de construcción. Aquí, para variar, Adif, Xunta de Galicia y Ayuntamiento ni siquiera han sido capaces de firmar el convenio para definir cuál es la responsabilidad que asume cada institución y qué cantidad de dinero tendrá que aportar cada uno de los socios para completar el presupuesto total. Ahora nuestros gobernantes discrepan sobre quién tiene que pagar el aparcamiento subterráneo de la terminal. Ni siquiera se ponen de acuerdo sobre su necesidad.

Lamentablemente, seguimos atascados en el mismo capítulo. Aburrido, deprimente y desesperante. No hay manera de pasar página.

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