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El abrazo del Mundial

Un Mundial de fútbol es una fiesta de dimensión internacional. Un desfile de gestos y actitudes que destapan el poder de un balón

El colombiano James Rodríguez despide del Mundial a su compañero en el Bayern, el polaco Lewandowski. EFE
El colombiano James Rodríguez despide del Mundial a su compañero en el Bayern, el polaco Lewandowski. EFE

DURANTE un mes el Mundial de fútbol abraza a todo un planeta convertido en balón, mientras las más dispares nacionalidades se miden entre sí sobre un terreno de juego y convocan ante la pantalla de televisión a sus aficiones en una espiral de sensaciones que no tiene parangón con ninguna otra cita deportiva. Japoneses y senegaleses comparten gradas, igual que polacos y colombianos o rusos y uruguayos, y es que sólo la dimensión planetaria del fútbol y la grandiosidad de unos terrenos de juego resplandecientes son capaces de generar esa sensación de fiesta colectiva en la que victorias y derrotas se rinden ante un juego que, vistiendo las casacas de los combinados nacionales, se distancia años de luz de las miserias de los campeonatos domésticos.

Mientras el orbe sucumbe al encanto del balón, y por nuestras calles desfilan numerosas personas con las camisetas de juego de sus países de origen, compagino todo este espectáculo con la lectura del libro de Rafa Cabeleira Alienación indebida, desde el que la editorial Círculo de Tiza ha recopilado una selección de los artículos futbolísticos de este verso suelto de las letras que sementó en Campelo su pasión por el fútbol, y lo que es más difícil, la hizo literatura. Paso las páginas revisando varios artículos que ya había leído en El País, en Jot Down o en Diario de Pontevedra, donde Rafa Cabeleira ejerce de narrador de un Macondo a los pies de la ría de Pontevedra entre berberechos y tazas de vino y, alrededor de las sonrisas provocadas por su ingenio, siento como se cuela todo el argumentario del fútbol en íntima conexión con la vida. Si algo logra Rafa Cabeleira con su manera de escribir es colonizar esos artículos futbolísticos con retazos de vida, por una parte la que surge del anecdotario impagable de esa colmena de seres que habitan Campelo y, por otra, por cómo el fútbol es un crisol de todo un animalario, tantas veces feroz, como el que se esconde en la grey de entrenadores, jugadores, árbitros o directivos.

Gran parte de sus textos se ven afectados por la melancolía de lo perdido. Por alcanzar El Dorado y haberlo perdido todo en una mala mano de póquer en un casino japonés. Rafa Cabeleira entiende que la humanidad ha tenido con el Barcelona dirigido por Pep Guardiola, autor del prólogo del libro, la cota máxima que la civilización occidental puede vislumbrar en lo que de excelencia puede ofrecer este deporte, algo con lo estoy completamente de acuerdo con él. Aquel equipo, capaz de lograr los siete títulos que se disputan en una temporada, es al fútbol lo que el Renacimiento de los Médici a la cultura universal, que sí, se vio relevado por otros movimientos grandiosos, pero que no alcanzaron nunca lo logrado por los Leonardo, Rafael o Miguel Ángel. Aquello hizo que Rafa Cabeleira bautizase su posición en el fútbol en la fe guardiolista desde la que ahora pone los pies en la tierra para literaturizar toda esa genealogía de equipos que le han hecho sufrir, alegrarse, enfadarse, discutir, esto es, sentir, pero sobre todo entender el fútbol como parte esencial de lo que somos, porque, como decía Jorge Valdano: "El fútbol es lo más importante entre las cosas menos importantes".

Finaliza la primera fase de este Mundial de Rusia y a partir de ahora los abrazos tenderán a hacerse más fríos. Es el momento de las eliminaciones directas, cuando cada partido es un ser o no ser y no hay calculadora que valga. El Mundial entra en su fase decisiva y el fútbol continuará brindándonos la gran fiesta que, cada cuatro años, nos hace entender este deporte de una manera bien distinta a como lo hacemos semana a semana en las competiciones ligueras. ¡Disfrútenlo y que Cruyff nos bendiga a todos!

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