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Mataron a un hombre pero...

Hace tiempo que en este país se agrupa a víctimas y verdugos por colores

MATARON A un hombre en Zaragoza pero las cosas no siempre son tan simples, al menos no en las redes sociales. Hace tiempo que en este país se agrupa a víctimas y verdugos por colores, como aquellos primeros ejercicios de guardería en los que había que emparejar al pollo amarillo con el huevo amarillo, al pollo azul con el huevo azul, y así sucesivamente. Tal manera de proceder ha terminado por dibujar un panorama en el que no todos los homicidas son culpables ni todos los muertos inocentes, una consecuencia previsible de colorear los crímenes a conveniencia, no de aquel sencillo ejercicio de los pollos y los huevos, creo que se entiende.

Al hombre de Zaragoza lo mataron, sí. Según fuentes policiales, le propinaron un golpe en la cabeza con un objeto contundente, posiblemente el sillín de una bicicleta, pero ya digo que la causa de la muerte es lo de menos en ciertos foros de discusión donde se prefieren priorizar los motivos de la agresión, y es ahí donde entraron en juego unos simples tirantes. Aseguran algunos testigos que los colores de los elásticos suspensorios fueron el detonante —lucía, supuestamente, los de bandera nacional—, y así comenzó una disputa encarnizada en foros de todo pelaje para ver si el muerto se lo había buscado o, dicho de otro modo, si al supuesto homicida no le quedó otro remedio que matarlo. No es la primera cruzada de este tipo, por cierto, ni tampoco será la última.

Enseguida comenzaron a aparecer fotos que acreditaban la orientación ideológica del muerto, que como todo el mundo sabe, es asunto importante para decidir si el verdugo obró a la ligera o simplemente actuó en consecuencia y por el bien de la ciudadanía. Es entonces cuando aparecen esas sentencias terribles, o al menos a mí me lo parecen, donde un tuitero de Cuenca encuentra perfectamente lógico que un supuesto militante de la extrema izquierda mate a un supuesto nazi, a lo que contesta otro forero de Melilla asegurando que tendría que haber más muertos en las cunetas, y así tira para allá María que ya tenemos el pollo formado. No el pollo coloreado del huevo y los ejercicios de guardería, vuelvo a insistir, sino el pollo en el sentido más cheli y macabro de la palabra.
Concentración delante del Ayuntamiento de Zaragoza para guardar un minuto de silencio por el hombre asesinado. JAVIER CEBOLLADA


A los fascistas hay que matarlos, es una de las conclusiones a las que se llega con apenas atender a ciertos argumentos. Son tipos oscuros, incívicos, que nos liquidarían a todos a la menor oportunidad y por eso conviene alegrarse cuando a uno de ellos le rompen la crisma preventivamente y fallece, dos días después, en un hospital de cualquier ciudad de España. El argumento se puede hacer servir en diferentes direcciones, evidentemente, de ahí que siempre haya alguien dispuesto a aplaudir el asesinato de un policía, un independentista, un negro, un empresario, un cura, un toro o una mujer. Como ya he dicho, en el debate de las redes no importa tanto el hecho en sí como el contexto en el que se produce. Uno es un auténtico paria si se detiene a señalar lo evidente: que en Zaragoza mataron a un hombre. A las redes sociales se viene a elegir bando y bien harían los equidistantes en quedarse calladitos y en sus casas o, como suelen apuntar los cabecillas de los respectivos bandos, "aver estudiao".

La equidistancia, dicen, es el mal que está pervirtiendo el mundo desde la raíz. La duda, los matices, los grises, no tienen cabida en una sociedad tan polarizada que exige pedir el carné a los muertos para saber de qué estamos hablando, no vayamos a errar el diagnóstico. Si usted es de los que se echan las manos a la cabeza al enterarse de que una persona ha segado la vida de otra, como yo, debe saber que las cosas no son tan sencillas en el mundo real, el mundo de las redes sociales. Entérese bien, en primer lugar, de los supuestos motivos de la agresión. Indague en el pasado de la víctima, también en la del agresor. Relativice el hecho de que su familia lo esté velando en un tanatorio y otras menudencias. Olvide que vivimos en un estado de derecho, por descontado. Tomarse la justicia por la mano no está tan mal cuando uno se sienta en la bancada apropiada, todo es cuestión de perspectiva.

Mataron a un hombre en Zaragoza, sí, pero muchos dicen que está mejor muerto porque su supuesta ideología así lo aconseja. El siguiente paso bien podría ser enrolarnos en algún movimiento en favor de la eugenesia para evitar que estos individuos proliferen y no haya necesidad de andar matándolos por las calles, quién sabe. Luchar contra el fascismo implica actuar como un fascista, que es el mismo argumento que algunos empleaban para aplaudir las hazañas de los GAL: al terrorismo había que combatirlo con más terrorismo. No me quiero imaginar el calvario que debieron sufrir las maestras y maestros de estos furibundos analistas cuando les pusieron delante la cuartilla de los huevos y los pollos. Seguro que no les bastó a tan pacientes educadores con explicar el sencillo proceso del ejercicio: también debieron razonar los colores elegidos para cada pollo, para cada huevo y, ya que estamos metidos en verbena, hasta la ausencia de hornos en lugar de los dichosos embriones, por qué no. Mataron a un hombre en Zaragoza, sí, pero qué sabrá usted del asunto, estúpido.

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