viernes. 18.10.2019 |
El tiempo
viernes. 18.10.2019
El tiempo

Entendiendo la ansiedad



Ángel Cañizares Sánchez. Psicólogo y terapeuta familiar




La ansiedad es una respuesta emocional que se presenta en el sujeto ante situaciones que percibe o interpreta como amenazantes o peligrosas. Aunque en realidad no se pueden valorar como tal, esta manera de reaccionar de forma no adaptativa hace que la ansiedad sea nociva porque es excesiva y frecuente. Es por esto que la ansiedad engloba toda una serie de cuadros clínicos que se manifiestan en múltiples disfunciones y desajustes a nivel cognitivo, conductual y psicofisiológico. Estos factores son expresados en diferentes ámbitos como el familiar, el social o el laboral.

La presencia de la ansiedad de forma continuada en las personas resulta devastadora. Los síntomas físicos que despierta son alarmas que se activan para mostrarnos que hay algo que falla, algo que nos ahoga, alguna parte de nosotros que reprimimos o callamos.

La ansiedad la creamos nosotros. Es una condición de nuestra mente, de nuestros miedos y defectos

Sin embargo, una de las experiencias más profundas de la vida es la de superar una situación como esta, donde hemos tocado fondo, ya que desde aquí es el único modo que tenemos para emerger de una manera nueva, más fuerte y más adecuada a lo que somos esencialmente.

En definitiva, la ansiedad la creamos nosotros. Es una condición de nuestra mente, de nuestros miedos, de nuestros defectos, de nuestras dependencias, de la necesidad de control. La idea desde la psicoterapia será hacer un trabajo de reflexión e introspección, analizando nuestra línea de vida, quién hemos sido y quién podemos llegar a ser, ver qué tipo de cogniciones o ideas estamos llevando a cabo y reflexionar sobre ellas con el objetivo de crear nuevos intentos de solución que nos lleven a solucionar el problema. Me gustaría, por tanto, en este punto recordar la visión que nos presenta Robert Sapolsky en su libro de sugerente título ¿Por qué las cebras no tienen úlceras?. Nos va ayudar a entender desde un punto de vista evolutivo y que no deja indiferente a nadie el porqué de la ansiedad.

Imaginemos una cebra que pasta tranquilamente junto al resto de la manada en la sabana africana. Sobre ella se abalanza un león hambriento. ¿Qué hace la cebra? Huye violentamente, requiebra al león y, si está sana, es muy probable que logre burlar a su perseguidor. Tras recuperar el aliento y una vez reunida nuevamente la manada, la cebra volverá a pastar plácidamente.

¿Qué es lo que ha ocurrido en la cebra que le ha permitido esa brillante carrera que le ha salvado la vida? La evolución ha dotado a los animales (también al hombre, por supuesto) de un conjunto de recursos que les permiten optar a movilizar sus recursos para salvar su vida. La mecánica es sencilla: el animal sufre un inmediato estrés que bloquea todas las funciones corporales que consumen energía y que, por tanto, competirían con la más importante de las tareas en ese momento: la huida.  

Pero, ¿qué sucede si el agente estresante no aparece de manera puntual para luego desvanecerse hasta la próxima ocasión? ¿Cómo reacciona el cuerpo si el estrés comienza a ser una situación permanente, continua en el tiempo?

Nuestro organismo nos pone en alerta máxima y deja de dedicar recursos a funciones básicas

El hombre moderno no muere de hambre si no logra cazar, no se ve amenazado por bestias salvajes o climatología extrema. Romperse una pierna puede ser una oportunidad de ausentarse del trabajo y no la probable muerte por inanición en un breve periodo de tiempo. Por el contrario, este hombre se enfrenta a un mundo en el que las preocupaciones suelen estar situadas en un futuro lejano (por ejemplo, dentro de dos años mi empresa me prejubilará y con la pensión no me llegará para vivir), meras expectativas (las dificultades económicas de mi empresa quizá le obliguen a reducir personal y yo sea uno de los afectados) y continuadas en el tiempo (mal ambiente laboral, problemas familiares…).

Y ante todos estos factores nuestro organismo reacciona igual que si fuéramos atacados por una serpiente pitón. Nos pone en alerta máxima, deja de dedicar recursos a funciones básicas (alimentación, inmunidad, memoria…) para enfrentarse a ese factor a la espera de derrotarlo y reanudar las funciones interrumpidas. El problema es que, al prolongarse en el tiempo ese factor estresante, también lo hacen los efectos que desencadena.

Una vez reflexionado sobre esto, ¿cuáles son los peligros a los que te enfrentas?

Entendiendo la ansiedad
Comentarios