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Hasta el final

La incógnita para seguir alimentando las esperanzas de salvación está en si en esta situación hay todavía capacidad para la reacción
Jordan Sakho pide el apoyo del público. VICTORIA RODRÍGUEZ
photo_camera Jordan Sakho pide el apoyo del público. VICTORIA RODRÍGUEZ

LUCHAS HASTA el final. Hasta que las matemáticas dicten lo contrario. Es el único camino que le queda al Río Breogán en las siete jornadas que restan para intentar mantener su puesto en la Liga Endesa. La derrota sufrida ante el Bilbao Basket el pasado domingo, y el triunfo logrado por el Granada ante el Joventut, dejan al conjunto lucense en una situación extrema. Al borde del desastre.

Es cierto que, como está dicho, aún quedan siete partidos y que en estos momentos los hombres de Veljko Mrsic igualan en la clasificación con el Obradoiro –aunque este le supera en el average– y que el Granada, al que aún tienen que visitar los lucenses, está distanciado en solo un triunfo.

Ganando en la ciudad andaluza no solo se superaría a los nazarís en el average particular, sino que dejaría a los breoganistas por encima del Obradoiro en caso de un empate final a victorias entre estos tres equipos. Incluso el calendario que le espera al Breogán no es el peor de los implicados en la lucha por la permanencia, con enfrentamientos ante rivales directos como Palencia, Andorra o Granada. Solo con estos datos habría motivos fundados para confiar en las opciones breoganistas.

Pero las sensaciones son otras. Poco esperanzadoras. El principal obstáculo que se interpone entre el Breogán y la permanencia no está en sus rivales, sino en su propio juego; en sus graves limitaciones. No hay que perder de vista que el pasado sábado visitaba el Pazo el Bilbao Basket, uno de los peores equipos de la ACB a domicilio. Los jugadores de Ponsarnau solo habían sumado hasta esta jornada fuera de su cancha en Santiago y Valencia. Además, el conjunto vasco llegaba con la ausencia de uno de sus jugadores más determinantes, el pívot Sacha Killeya-Jones, máximo anotador de su equipo y segundo mejor reboteador. Con esto y en un partido vital para su futuro, el Breogán no dio la talla y, en realidad, no llegó a poner en riesgo el triunfo vasco en ningún momento.

Como sucedió en la jornada anterior, ante el Obradoiro, el conjunto lucense no tuvo un buen inicio de partido, con solo nueve puntos anotados en el primer cuarto. Esa anotación tan baja no se compensó posteriormente –el Breogán no llegó a los 70 puntos–. No fue un accidente, ni nada nuevo, de hecho el conjunto breoganista no ha superado los 70 puntos anotados en doce de los 27 partidos disputados.

Es evidente que en ataque los hombres de Mrsic sufren y mucho en cada posesión. Ante el Bilbao la práctica ausencia de un renqueante Sajus –no llegó a estar cuatro minutos en pista– hizo más evidente el desequilibrio en el juego ofensivo del equipo lucense con muy poca amenaza interior.

Ni siquiera cuando el Bilbao jugó con Georgios Tsalmpouris, un pívot con poca querencia por el juego físico en la zona, los breoganistas fueron capaces de generar alguna ventaja. Al margen de los rebotes ofensivos (13) y sin sumar en transiciones, la solución que buscó el Breogán para su anotación se centró casi de forma exclusiva en los lanzamientos de tres puntos, un recurso que no parece el más adecuado cuando se habla del peor equipo de la Liga en porcentaje en los tiros de tres puntos. Ante el Bilbao lanzaron casi tanto de tres (29 intentos) como de dos (31 lanzamientos) y el resultado fue terrible, solo cinco canastas triples. Es cierto que los jugadores locales fallaron seis o siete lanzamientos completamente liberados y que no es normal que entre McLemore y Robinson anotaran solo tres canastas de 23 tiros de campo, pero también es real que la mayor parte de las veces el ataque del equipo lucense se pierde en la nada. Poca fluidez, muy lenta circulación de balón, incapacidad para generar ventajas y, en definitiva, un buen número de posesiones que se finalizan con un tiro casi a la desesperada. Las percepciones con este panorama no pueden ser positivas porque estas deficiencias ya son recurrentes.

La incógnita para seguir alimentando las esperanzas de salvación está en si en esta situación hay todavía capacidad para la reacción. Es indudable que prácticamente todos los jugadores de la plantilla están rindiendo por debajo de sus capacidades. En lograr su recuperación, si no de todos, si al menos de algunos de los más significativos, descansan las posibilidades de permanencia en la Liga Endesa.

Esto es lo que cabe esperar, una mejoría individual y colectiva, pero después, y aquí ya entra la exigencia, los jugadores y técnicos están obligados a poner todo de su parte, que en cada partido cada balón se luche como si fuera el último y que, por lo menos, no queden dudas de que todos los implicados van a poner todo de su parte. Esto no es negociable. El Breogán puede caer y no sería la primera vez, pero de ocurrir al menos que sea con toda la dignidad posible. Luchando hasta el final. Como harán los aficionados y como corresponde a la historia y a la identidad breoganista.

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