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Redactor de El Progreso en A Mariña y director de La Comarca del Eo. Me ocupo de la sección semanal Recto verso.

Pocas buenas nuevas

Cada vez resulta más complicado encontrar buenas noticias en estado puro

NO SÉ si es deformación profesional, pero hace ya tiempo que tengo problemas para localizar buenas noticias. Me refiero a noticias positivas en estado puro, sin matices ni esquinas ni peros ni talveces ni futuribles ni interrogantes. Una buena noticia de esas que te dejan buen cuerpo unos segundos, aunque solo sea hasta que lees o escuchas la siguiente. Los últimos días fueron terribles. Casi todo lo coparon entre la Cifuentes y la sentencia e La Manada.

No entiendo nada de la sentencia de esos cinco chicarrones andaluces, aunque sí entiendo a la perfección el voto particular del juez Ricardo González. Extrañamente, lo que dice lo dice alto y claro, no deja lugar a equívoco de ningún tipo y es indudable que hay que agradecerle que se exprese con semejante nitidez, porque de este modo cuando en lo sucesivo le caiga en sus manos algún juicio por delitos sexuales las víctimas ya sabrán de antemano que tienen que preparar un dinero extra para pagarse el recurso, porque su sentencia va a ser escandalosa.

En cuanto a la de los otros dos no la comprendo porque se pasan toda la argumentación dándole la razón a la chica para quitársela en el fallo, y los que nos dedicamos a esto, aunque no sepamos nada de Derecho, sabemos muy bien lo que están haciendo: pidiendo perdón por anticipado. Seguro que la sentencia es inapelable desde el punto de vista jurídico, como seguro que también lo sería si la hubiese dictado en solitario el juez que iba a absolver a esos gañanes.

Pero los jueces no son seres que bajaron del Olimpo a la Tierra para enseñarnos a los mortales cómo vivir en sociedad. Son gente que durante cuatro o seis años de su mejor juventud, si todo fue bien, no hicieron mucho más que estudiar, así que saben mucho de leyes. Pero eso no garantiza ni que sepan
interpretarlas ni que sepan aplicarlas y, huelga decirlo, que siempre lleven la razón.

¿Qué es eso de que las sentencias hay que respetarlas? Las sentencias lo que hay es que cumplirlas, pero a veces son ellos los que faltan al respeto cuando las redactan. El respeto no se saca en unas oposiciones a la judicatura ni tampoco porque lo que escribas vaya encabezado por esa altisonancia de "En nombre del Rey".

¿Qué es eso de que las sentencias hay que respetarlas? Las sentencias lo que hay es que cumplirlas

El respeto en Derecho se gana mereciéndotelo día a día, como el de los albañiles, los carpinteros, los barrenderos o los electricistas, porque el respeto no es un concepto jurídico, sino un concepto moral. Y decirlo no solo no es delito sino que es un ejercicio muy sano que además ellos mismos deberían aplicarse con una frecuencia que no tienen y cuya ausencia se retroalimenta con las palmadas en la espalda de sus compañeros de profesión. 

Mucho menos serio, como de vodevil, fue lo de la presidenciable popular. Algo artero y sucio, con un punto asqueroso tanto en su desarrollo como en su desenlace. Al final todo era tan aceitoso que ni siquiera quedabas satisfecho con su dimisión. Ya ni sabías lo que querías. Todo acabó como suelen acabar las cosas por aquí, con un cambio de cromos y esa duda que asalta a España entera sobre quien venga ahora y que es una desgracia muy grande: «Seguro que es como todos». Vete a saber. Como no me toca de cerca ni voto allí, prefiero no saberlo. Bastante tengo con los míos.

Es extraño. Son solo dos noticias entre millones, pero así no hay manera de saber si alguien descubrió una vacuna nueva o un súperalimento que se distribuirá gratuitamente entre todos los habitantes del planeta. Esta misma semana me di cuenta de que lo que parecía una buena noticia: un puente va a aliviar el tráfico en Viveiro, ni siquiera es tan buena si te paras a mirarla con algo de cuidado.

Otra cosa que creía intrínsecamente buena eran las manifestaciones de jubilados contra sus pensiones de risa. Tienen un punto radioactivo que me fascina y a veces transmiten la sensación de ser más activos que los veinteañeros si tuviesen que manifestarse por algo que les importase. Como la estipulación de un toque de queda para las wifis, por ejemplo. Pero tienen que tener cuidado porque ya se adivinan movimientos subterráneos que en pocas semanas derivarán en "Eso ya está
arreglado, no sabemos de qué se quejan".

¿Saben qué sería una buena noticia? Que mañana en A Pontenova los pescadores de la Festa da Troita se encontrasen tantas truchas que pudiesen cogerlas con las manos y los salmones cazarlos al vuelo en un remonte del río.

Pero con eso va a suceder lo mismo que con la inhabilitación del juez Ricardo González: simplemente, no va a pasar. 

Pocas buenas nuevas
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