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Redactor de El Progreso en A Mariña y director de La Comarca del Eo. Me ocupo de la sección semanal Recto verso.

Las vacaciones y el futuro

Salimos de unos días triunfales y raros, en los que no sabemos ni quién viene a visitarnos

ES LUNES después de Semana Santa. Demasiado pronto para nada que no sea hacer un balance somero y sin fundamento. Es decir, un momento y un entorno apropiado para esta sección, que no se va de vacaciones. Es interesante fijarse en la gente que no se va de vacaciones cuando la mayor parte sí lo está. A mí me pasa con tanta frecuencia que muchas veces no tengo más que mirarme a mí mismo. Pero me gusta pensar que soy un buen observador y por lo tanto en los poquísimos ratos libres que este oficio te permite cuando andas a la caza de la noticia (ja) miro a los camareros, a los repartidores de pizza, a las chicas de la farmacia de guardia, a los barrenderos, a las dependientas de las droguerías, a los policías. Creo que todos compartimos un elemento básico: la envidia. Y también una vaga promesa sobre el futuro: yo pararé de trabajar cuando vosotros tengáis que estar dando el callo. Aunque sabemos que eso no es exactamente así. 

No sé cómo irán las cosas por el mundo adelante. En la comarca de A Mariña hubo muchísima gente. Tanta que comenzaron a darse esos comportamientos que los psicólogos de masas estudian en sus tesis doctorales. Esas compras compulsivas el jueves por la mañana en los supermercados, como si no fuese a quedar pan de molde nunca jamás.

En la redacción de A Mariña de este periódico comentamos este fenómeno, como si fuésemos del CSIC, pero sin su sueldo ni sus vacaciones. ¿Realmente nos volvimos tan tontos que ya no sabemos sobrevivir dos días sin hacer la compra? Insisto: dos días.

El día, al parecer no lejano, que nos ataque Corea del Norte las vamos a pasar canutas no para sobrevivir a lo que sea que nos tiren desde el otro lado del planeta, sino para hacer acopio de cosas tan complicadas de conseguir como cartones de leche, pasta, un poco de carne.

Como no puedo resistirme ante un carro de supermercado que no sea el mío, eché un ojo a unos cuantos esa mañana de jueves. Son compras que no casan, porque gente que es de aquí, no que llegan a una casa de veraneo, se llevaban botes de Fairy, varios litros de gel de ducha... Cosas que, digo yo, tendrían en su casa. ¿Por qué las compramos en un festivo?

Una teoría facilona es simplemente porque podemos. Es decir, porque los supermercados están abiertos. Y las tiendas de ropa o las bisuterías. Lo que hay que preguntarse es: De no estar abiertas ese día, ¿compraríamos lo mismo el sábado, o tal vez el miércoles anterior? 

Quiero pensar que el gel para ducharse sí. Y seguramente el Fairy también. ¿Nos compraríamos unos vaqueros? Ni la menor idea.

¿Y un piso?

Una revelación sorprendente que en el pasado me hizo algún constructor (no este año) fue que en una Semana Santa habían obtenido un notable repunte de la venta de pisos. Como conozco más o menos bien al promotor que me lo dijo doy por hecho que es cierto. A lo que se llega. A comprar un piso en Jueves Santo. Es buen momento para rezar y que tu decisión haya sido la correcta.

Pero si es cierto que nos compramos pisos en estas minivacaciones, no quiero ni pensar lo que somos capaces de hacer en verano.

 "¿Podremos coger de estos...? ¿Cómo se llaman? ¡Centollos!" Sí, guapa, meteremos la mano en la ría y simplemente esperaremos a que nos suban por el brazo

Todos hacemos locuras. Por ejemplo, en un restaurante en el que estos días pasados los percebes eran la estrella del menú se formó una cola de decenas y decenas de metros de gente esperando para coger sus raciones de 150 gramos de percebes. No me oirán jamás de los jamases decir nada malo de los percebes, pero comerse 150 gramos de percebes tampoco es algo como para tener que hacer cien metros de cola, aunque vivas en Fuenteovejuna.

Claro que hay que pensar que esto lo digo porque yo vivo aquí. Recuerdo que una vez un medioamigo se trajo una novia de Madrid a la que invitamos una tarde a dar una vuelta en bote por la ría de Ribadeo. Cuando estábamos cargando las cosas en el bote la chica preguntó con una ingenuidad desarmante y conmovedora: "¿Podremos coger de estos...? ¿Cómo se llaman? ¡Centollos!" Sí, guapa, meteremos la mano en la ría y simplemente esperaremos a que nos suban por el brazo.

Esta anécdota viene a querer decir que la gente que viene trae consigo unas perspectivas de las que no somos conscientes. Nunca se estudió de verdad, a fondo, quién viene a vernos, de qué estrato social son, qué quieren, qué buscan. Decimos generalidades y vamos avanzando, casi a ciegas, y aún así nos sale bien. El día que lo perfeccionemos, que tiemblen en Canarias.

EL GUSTO: El despegue que está experimentando San Martiño

LA CONCEJALA de cultura de Foz y guía de la basílica de San Martiño, Silvia Blach, puede estar más que satisfecha de la marcha que llevan las visitas guiadas a dicho templo. Aunque aquí ya sabemos (más o menos) que es una auténtica joya, lo cierto es que su fama no para de crecer y la cifra de visitantes durante estos últimos días de Semana Santa literalmente se disparó. Fue un auténtico subidón que parece que va en la línea de colocar a esa maravilla arquitectónica y artística en el lugar en el que se merece. Pero el mérito es también del trabajo que hay detrás para conseguir llegar a ese éxito.

EL DIGUSTO: La necesidad de que controlen los vertidos en Ribadeo

LA CONSELLEIRA de Medio Rural, Ángeles Vázquez, que tiene contacto fluido con la gente de la cooperativa ribadense Os Irmandiños, haría bien en apuntarles a sus responsables que podían ir frenando los vertidos que cada vez que llueve en abundancia acaban yendo a parar al depósito de agua de Ribadeo y dejan el agua de la traída con un solo adjetivo calificativo adecuado: asquerosa. La situación ahora está en la fiscalía. Últimamente algunos fiscales son realmente aficionados a llevar a la gente a los tribunales por mucho menos. A ver cómo tratan algo de salud pública.