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Redactor de El Progreso en A Mariña y director de La Comarca del Eo. Me ocupo de la sección semanal Recto verso.

El azul cobalto destiñe

Situación límite en Sargadelos y que nadie lo dude: su propietario lo cerrará

Fábrica de Sargadelos. IRIA LV
Fábrica de Sargadelos. IRIA LV

ESTE MISMO MARTES su vajilla de Sargadelos, esa que le quedó de sus padres o, si tuvo suerte, de sus abuelos, podrá revalorizarse automáticamente. ¿Y eso? este martes hay una asamblea de trabajadores en la que como las cosas se tuerzan al actual dueño del invento de Díaz Pardo no le va a temblar el pulso y va a ponerle un punto. Si no final, como mínimo aparte. Conozco al actual consejero delegado de Sargadelos, Segismundo García, lo suficiente como para sacar de dudas a quien pudiera tenerlas, como por ejemplo la gente de la UGT: va a cerrar.

Que nadie luego se eche las manos a la cabeza y empiecen los ‘quejíos’: que si la bolsa de Tokio, que si el Palmar de Troya, que si la música en Pravia. Va a cerrar Sargadelos.

Luego ya veremos si la compra un fondo de inversión, un testaferro de una empresa con sede en China o la propia UGT, como ya les propuso el propio Segismundo. Pero de entrada, eso chapa. Y la gente que está allí trabajando se va a tener que ir a su casa.

El caso de Sargadelos es peculiar porque tiene un componente cultural y hasta sentimental que lo nubla todo un poco. Por eso es muy urgente dejar bien claro lo que es Sargadelos ahora mismo. Una empresa normal y corriente, como esta en la que trabajo yo o como la ferretería del barrio. Así que si el dueño no quiere seguir, ya pueden ponerse los sindicalistas y los jueces como quieran, porque dará igual. Se cerrará y punto.

No sé exactamente cuántas personas trabajan allí. Ciento y pico. Es un palo considerable para Cervo y de paso para toda la comarca, porque allí trabaja gente de muchos más lugares; de Ribadeo a Viveiro hay trabajadores allí metidos.

Y la pregunta la tendrá todo el mundo en mente: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Básicamente, por un enfrentamiento personal que se salió de madre. Queda bien vestirlo como enfrentamiento entre un empresario malvado y explotador y una luchadora incansable por los derechos de los trabajadores. Pero es mentira.

Es obvio que Segismundo y la responsable de UGT Rogelia Mariña se detestan. Fueron a juicio y ganó ella. A regañadientes él tuvo que indemnizarla y Mariña volvió al tajo. En un ámbito laboral tan pequeño como Sargadelos todo se sabe. Así que poco importa si Segismundo acabó escuchando conversaciones donde ella avisaba de que tras el verano le tenía preparada la intemerata o alguien le fue con el cuento. Incluso ni siquiera tiene importancia. Porque hay ya por ahí una denuncia de su sindicato que le pide a él 100.000 euros a título personal y otros 100.000 a Sargadelos como empresa. Eso es lo que García quiere que se retire para no cerrar el chiringuito. Sin saber la intrahistoria de todo eso, da la sensación de que todo empezó como algo interno, una cuestión que fue creciendo y creciendo pero únicamente entre las partes implicadas, a nivel local. El problema gordo llegó un poco a través de la fuerte personalidad de Segismundo García, que seguramente cogió con el pie cambiado a todo el mundo cuando lanzó el ya consabido desafío de "o me quitan la denuncia o lo cierro todo".

Como lo planteó a lo bruto, por usar sus propios términos, hizo disparar todas las alarmas y sus lamentos y sus desafíos llamaron la atención allá donde no debían: en lugares y cargos de UGT muy alejados de A Mariña. Allí donde no importan mucho ciento y pico puestos de trabajo en un pueblo de Lugo que se llama Cervo. Esa gente lo que vio fue a un empresario con aspecto de tirano diabólico que les desafiaba abiertamente apuntándoles con el dedo. De modo que en ese momento la lente se desenfocó del todo porque a la gente de esos sindicatos tan enormes como un partido político estatal no les gustan un pelo los desafíos a la autoridad, a la suya para ser exactos. En eso se parecen mucho a Segismundo. Así que es hasta natural que se revolucionaran al instante y sacaran de nuevo aquel viejo eslogan: "No pasarán".

Y en esas estamos. Un empresario tosco en las formas y de vuelta de todo harto de tener la sensación de que tiene al enemigo en casa; una sindicalista que aunque quiera ya no puede dar el brazo a torcer para salvar a sus compañeros porque si estuviera dispuesta, que no tengo idea de si es el caso, ya que casi siempre se mostró impermeable a los medios (a no ser Europa Press, vaya usted a saber por qué), ahora no puede volverse atrás porque UGT como entidad sindical de un poder formidable (que lo tiene) no se va a inclinar ante Segismundo García. Su responsable Eladio Quelle dice bien cuando apunta que no ve más salida al tema que los tribunales. Y solo eso da idea de lo complicado que es. Tiene pinta de que cierra.

El azul cobalto destiñe
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