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Redactor de El Progreso en A Mariña y director de La Comarca del Eo. Me ocupo de la sección semanal Recto verso.

El apriete de clavijas

El PP debería andarse con ojo con lo que está montando con lo de las pensiones

CUANDO YO era pequeño y alguien se jubilaba, se sobrentendía que ya le quedaba poco. De vida. No es que no hubiese gente llegase a los cien años. Claro que la había. Pero por regla general la esperanza de vida se alargó notablemente y la calidad de vida, todavía más. A día de hoy, cuando un señor de 65 años se jubila, lo más probable es que le quede por delante un buen paquete de años de los que disfrutar de forma razonablemente buena. 

Me parece justo. En la mayor parte de los casos la gente que ahora se jubila a esa edad trabajó el tiempo más que necesario como para ganarse esa jubilación.

Por eso la norma esa de retrasarla hasta los 67 me parece mucho más que una injusticia, me parece un atraso como sociedad. Obligar a un ganadero a seguir saliendo dos años más de su casa cada día a las siete y media de la mañana no es cualquier cosa. En otras profesiones es el estrés lo que te fue machacando y la injusticia y el atraso siguen siendo, por lo tanto, idénticos.

La culpa de esto la tienen en exclusiva el PSOE y el PP, que fueron los que gobernaron siempre en Madrid, así que no pueden escurrir el bulto. El momento en el que las cosas se pusieron más feas le tocó al PSOE. 

Ahora todos somos Paul Krugman, pero estuviese quien estuviese gobernando en aquel momento aquel descalabro cuyo origen se marca de forma muy falsa y torticera en 2008 se lo hubiese llevado por delanto como un tsunami dejándolo igual de enterrado que dejó a los socialistas, que desde esa no levantaron cabeza.

En todo caso, sí les hay que reprochar que si tan necesarias eran unas medidas que iba radicalmente contra su ideario más arraigado, no dijesen eso de "hasta aquí hemos llegado, esto que lo haga otro". En lugar de eso corrieron a cambiar la Constitución en un fin de semana fiándose del que es su más íntimo enemigo, el Partido Popular. Mariano Rajoy todavía se está riendo de los réditos que le dio aquella firma que no tuvieron remilgo alguno en ofrecernos por el Telediario. Luego se rasgan las vestiduras a la hora de hablar de hacer otros cambios en la Constitución, como si no fuese otra cosa que un documento base sobre el que desarrollar luego un ordenamiento jurídico que, como todo, se fue quedando anticuado con el paso de los años. Y no hay que darle más vueltas. A mí también me apena desprenderme de algunas ropas que me gustan mucho. Pero se desgastan con el tiempo.

Como las personas. Pero ahora al parecer nos desgastamos más tarde. Bien se vio el pasado sábado. La respuesta a las convocatorias de los jubilados fue algo realmente impresionante porque se pensaba, por lo que se ve erróneamente, que no eran ni tan siquiera un colectivo. Se les definió miles de veces como "un granero de votos" adscrito al PP en Galicia, al PSOE en Andalucía, al PNV en Euskadi, a Revilla en Cantabria, y así sucesivamente.

Pero ahora resulta que no. Que esa gente sigue manteniéndose en buena forma, que saben de la vida más que la mayor parte de los jóvenes y que no les gusta que les tomen por tontos. Es, en esencia, lo que hicieron con algunos de ellos.

A los jubilados se les definía como "un granero de votos"

En una maniobra verdaderamente estúpida que no sé a quién se le pudo ocurrir, el Gobierno central decidió enviar unas cartas a los jubilados avanzando la buena nueva: señor o señora, gracias a que somos unos fenómenos, le subimos la pensión un 0,25%. Pistonudo. Vi una de esas cartas en las que la subida anuncia era, atención, ¡de 80 céntimos! Lástima no saber cuánto vale ahora un sello, porque es probable que no ande muy lejos de la generosísima subida aplicada. Eso es, simple y llanamente, un insulto a la inteligencia de la gente y no se lo merecen.

Y en fin, lo demás vino solo, porque ya saben que con las cosas de comer no se juega. Y que nadie se llame a engaños. Esa frase queda ahí escrita de forma literal, porque están jugando con las cosas de comer de millones de personas. Porque por si alguien no vio la pirámide de población actual y la que nos espera de aquí a 30 años, hay millones y millones de personas que necesitan una pensión. Y no me valen chorradas de ningún tipo porque eso si lo sé yo lo sabe cualquiera. Garantizar esas pensiones tiene que ser una prioridad absoluta, porque es un gasto perfectamente conocido. Todo lo demás, como dije antes, es un fracaso. Lo es de la sociedad, pero sobre todo de unos gobernantes inútiles y, mucho me temo, malintencionados.

Ahora esa gente está enfadada pero no hay dinero para desenfadarlos porque primero prefieren desenfadar a otros más ricos. Muy bien. Veremos hasta dónde toleramos el apriete de clavijas.

EL GUSTO. La Festa do Ourizo de San Cibrao sabe reinventarse

PUEDE ESTAR contento otro año más Alfonso Villares de cómo le salieron las cosas como la Festa do Ourizo. Eso de meter a los pequeños a cocinar es algo irresistible. El empujón que le pegó la televisión a esa idea es decisivo. Pero más allá de eso, no hay más que ver las fotografías que se sacaron de esa fiesta en este mismo diario para comprobar cómo la gente está más que encantada de poder disfrutar de este marisco elaborado de formas que en sus casas seguramente ni se imaginaron ni harán nunca. Para eso está la gente que llevan allí, que siempre gusta que un día sean otros los que cocinen.

EL DISGUSTO. Una convocatoria en Trabada que, como poco, sobraba

LA REUNIÓN que Suplusa hará el jueves en Trabada para airear el Permiso de Inicio de Actividad de la residencia y que convocó su presidente, Manuel Martínez, sobraba. Se trata de una provocación a una persona que siempre trató de entenderse con él como es Darío Campos, y de paso a la propia alcaldesa del municipio, Mayra García, a la que por cierto este domingo todavía no le había llegado la convocatoria oficial para asistir. Si la invitan tal vez les toque escucharla. Porque Martínez es un tipo duro, vale, pero Mayra García no es una niña mona de las que asiente y dice sí a todo con una sonrisa.

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