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Redactor de El Progreso en A Mariña y director de La Comarca del Eo. Me ocupo de la sección semanal Recto verso.

Dejar de pensar

POR PRIMERA vez alguien del PP me confesó recientemente que le enfadaba bastante ir por la carretera de la costa. Lo curioso es que mientras a mí me parecía algo de lo más normal esta confesión a esta persona le parecía eso: un secreto de confesión. Nada que publicar. Solo unos días después el mismísimo ministro de Fomento se acercó un poco a esta comarca, aunque no lo suficiente como para poder comprobar lo bien que nos trata. De momento la estrategia está clara: haremos las cosas a lo grande y lo arreglaremos todo con una lluvia de millones que lo dejará todo como el Paseo de la Castellana al pasar por delante del Bernabéu. Pues ojalá.

Ese mecanismo de seguidismo hasta el final pase lo que pase, por encima de cualquier racionalidad, me resulta imposible de comprender.

Otro ejemplo del otro lado, que no digan. Estos días un individuo del Bloque defiende a capa y espada en el Suplusa una cuestión vinculada a las residencias de ancianos que no sostiene nadie que no sea él y ¡el PP!. «Tenemos informes que lo avalan», afirman. Son esos informes que se pagan y, curiosamente, siempre sale lo que encargas. Es algo sorprendente. Pero lo que opinan los secretarios, interventores... de verdad, dicen lo contrario. Siempre tan respetuosos en el BNG con los técnicos, y resulta que en este caso en concreto todo son peros, aunque justo pueda salir lesionado uno de los suyos, concretamente el alcalde de Ribadeo. El municipio más importante por número de habitantes en el que gobiernan en la provincia. Pero ni así.

Y sin embargo, tiene que ser así. Casi el único partido en el que se permiten las discrepancias en vena es el PSOE. Y no hay mucho más que añadir. Así les va. Desde que les decapitaron al que parecía ser el líder llamado a suceder a Feijóo en Galicia, Gómez Besteiro, no consiguieron dar pie con bola. Entre los follones que les montó Caamaño primero, los del alcalde de Vigo después y más tarde los de Pachi en Ourense, eso no hay quien lo gobierne. Y en Lugo no está la cosa mucho mejor. No consiguieron de momento dar con la tecla. Le toca a Álvaro Santos ahora tratar de conseguirlo.

De momento se le vio poco por A Mariña. Seguro que eso significa algo, aunque todavía no tengo idea de qué puede ser.

Por más que se diga, en la vida normal esto también pasa. A la gente le cuesta reconocer los errores de los suyos hasta un punto irracional. Por ejemplo, cuando el obispo de San Sebastián dijo eso de que veía al demonio dentro de las mujeres que ejercían reivindicaciones feministas al poco tiempo salió otro, creo recordar que de alguna parte de Andalucía, que dijo que sus peticiones eran prácticamente de carácter humanitario. Ante la imposibilidad de armonizar las dos afirmaciones bajo un mismo paraguas se optó por el camino del medio: silencio sepulcral.

Un ejemplo pedestre, cuando un tipo del Cervo le pega un cabezazo a otro del Sober en circunstancias muy poco claras nadie se movió un milímetro de las posiciones prefijadas. Autocrítica cero en ninguno de los dos equipos. Por cierto, nadie apeló a aquel viejo código de que lo que pasa en el campo se queda en el campo. Muy raro me parecería a mí que uno de los dos fuera completamente inocente. Y desde luego llevar el tema a la vía penal ya me parece un completo disparate. Una vez, y ni siquiera era un partido oficial, me agarraron por la cabeza y me la estamparon contra el suelo. Me dieron tres o cuatro puntos, no recuerdo. Pero ni se me ocurrió ir corriendo al cuartel de la Guardia Civil a lloriquear. A día de hoy tengo una excelente relación con el ofendido agresor.

Estas adhesiones sin fisuras e irreflexivas son un aspecto clave para ascender en el mundo de la política. Una consecuencia es el declive que se aprecia a simple vista en nuestros representantes, de la mayor parte de los cuales no sabemos prácticamente nunca nada que no sea la repetición ciclotímica de los postulados de sus partido. Cero opiniones propias. Cero iniciativas originales. Cero propuestas.

Luego, cuando hacen esas proposiciones llegadas directamente desde Santiago o Madrid y nadie quiere firmarlas, sean de quien sean, se limitan a decir que los de enfrente no quieren el bien de la humanidad porque no quieren lo mismo que ellos.

Mientras, la gente quiere más trabajo, mejores carreteras, mejores hospitales, mejores colegios. Pero la respuesta es un gran eco que resuena hasta el infinito.

Y es bien triste que ni tan siquiera se está escuchando a los jubilados. Si ya ni se atiende una reivindicación como esa, lo mejor es el seguidismo absoluto, y dejar de pensar.

EL GUSTO

Alguien que se preocupa por lograr un mundo mejor

LA SEMANA pasada la profesora Antoinette Soler se encargó de trabajar con centros de enseñanza secundaria de Burela para impartir talleres en los que trata de luchar contra la discriminación racial aportando algunas técnicas para «crear relaciones entre iguales», como dice ella. Pese a lo que pueda parecer, se trata de algo que no está conseguido totalmente. Ni siquiera en una localidad con tanta variedad étnica como es la burelesa. Como ella misma indicó, también aquí se repite un patrón que vio en otros muchos lugares: «Estamos juntos, pero no revueltos». Va siendo hora de cambiarlo.

EL DISGUSTO

La dificultad para encontrar relevo en Acisa de Ribadeo

LA SALIDA de David Martínez como presidente de Acisa de Ribadeo está resultando algo complicada porque ningún socio se postula por el momento para seguir adelante con su labor. No tiene que tomárselo como nada personal. En general, casi nadie se anima a tomar responsabilidades del tipo que sean, aunque no deja de ser una pena que puede desembocar en la circunstancia de que acabe por venir alguien que asuma esa labor más bien por compromiso que por ilusión, lo que sería una pena y un compromiso para quien llegue. Ojalá todo salga bien y sigan funcionando
igual.

Dejar de pensar
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