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Redactor de El Progreso en A Mariña y director de La Comarca del Eo. Me ocupo de la sección semanal Recto verso.

Nuestros móviles

Si nos quitan los teléfonos, también a nosotros, habrá un problema mayor de lo que parece

VINCENT PUGLIESE (EFE)
VINCENT PUGLIESE (EFE)

ESTA SEMANA, a veces pasa, sucedió algo a nivel estatal que podría tener aquí una repercusión importante. Que le quiten dos teléfonos móviles a dos periodistas es bastante chirriante. Pero las aclaraciones de la Fiscal General del Estado solo ayudaron a enfangarlo todo: "Lo hacemos para garantizar la libertad de expresión", dijo la señora cuando la interpelaron a la puerta de un acto al que acudía. No estoy en condiciones de discutírselo porque no conozco los detalles del caso, pero así de entrada proteger la libertad de expresión con una invasión flagrante de la intimidad es como amortiguar el consumo de tabaco recomendando echarse un chupito de whisky al coleto cada vez que te apetezca un cigarro.

Es algo inquietante que un poder del Estado actúe de esta forma sobre todo por lo que tiene de totalitario en varios sentidos. Por ejemplo. ¿A cuento de qué viene intervenir teléfonos móviles cuando hoy en día es perfectamente factible solicitar por orden judicial la información concreta que se está requiriendo?

Pero lo que me parece increíble es que ahí se trasluzca una completa presunción de culpabilidad y, a cambio, nadie diga nada de nada salvo esa chorrada de la garantía de la libertad de expresión. Siempre se decía que los médicos forman entre sí una gran comunidad en la que reina la camaradería y el hoy por ti y mañana por mí, pero se ve que eso se podría extender también a los jueces.

Eso que parece tan lejano en realidad no lo es tanto ni por asomo. Como se extienda la moda no se crean que nos vamos a librar la gente que trabajamos en periódicos con cabeceras de distribución más modesta que una agencia como puede ser Europa Press. Porque el Diario de Mallorca, el otro afectado, sin ir más lejos es un diario muy parecido a este que tiene ahora en las manos, pero que además ya pasó por turbulencias económicas mucho mayores. Vale que en Mallorca se mueva mucho más parné que por aquí, que para algo van los borbones a haraganear en verano, pero aquí también tenemos nuestras historietas. Ahí tienen cositas tan interesantes que en su día marcaron una época relativas a Gómez Besteiro o a Fernando Blanco, por ejemplo.

En el caso de A Mariña como se pongan a incautar móviles en temas como el del urbanismo de Barreiros mucha gente se iba a llevar enormes sorpresas. Sorpresas que se iban a llevar por delante a más de uno en el sentido de la repercusión pública. En otras cuestiones de partidos políticos no se descubriría delito alguno, pero sí amores y desamores apenas ocultos tras el biombo del día a día. También les asombraría la cantidad de gente maleducada que anda suelta por ahí.

Pero no se trata de eso. Se trata de que al final todos sabemos a la perfección que lo más interesante de lo que contamos es lo que alguien no quiere que se cuente.

Hace unos años me soltaron una cosa interesante bajo cuerda: Portos había llamado a un montón de gente a una reunión en la que les explicaron que se iba a construir una enorme nave en el puerto de Mirasol. 28 metros de altura, varios pilares en la ría... Cuando se publicó se generó una situación muy tensa e incluso un movimiento vecinal que desembocó en la anulación del proyecto y en una alternativa de descuentos a Ence vigente a día de hoy.

Tengo un pésimo recuerdo de un amago de denuncia que me pusieron los jueces que hace 20 años estaban en Mondoñedo por publicar el retraso en los pagos correspondientes a sentencias firmes que los condenados ya habían abonado, pero que no llegaban a sus destinatarios. La retiraron a los pocos días, pero la situación fue peliaguda.

Pero en ambos casos era real.

No serviría de mucho continuar extractando aquí batallitas parecidas una tras otra para intentar ilustrar algo que dicta con facilidad el sentido común: hay situaciones en que o alguien nos protege (en este caso, la Constitución) o estamos vendidos.

Esos problemas que parecen lejanísimos del Diario de Mallorca no digo que sean nuestro día a día, pero se dan con más frecuencia de lo que la gente se cree. Incluso en la sección de Deportes, donde todos los implicados, de directivos a hinchas, son de lo más susceptible con respecto a quién nos dijo que fulanito o menganita ficharon o dejaron de fichar por no sé quién.

Todo esto, absolutamente todo, molesta a alguien. A algún colectivo. Siempre hay ofendidos y más en estos tiempos de gatillo fácil para los indignados. O los jueces le ponen algo de sentido común o no solo aquí no habrá quien trabaje: aquí ni siquiera habrá quien viva.

EL GUSTO. Una idea que no hay que dejar que vuelva a dormirse

TANTO A Darío Campos como a Mayra García, alcaldes de A Pontenova y Trabada, respectivamente, se les ve particularmente ilusionados con sacar adelante la vía verde del tren minero. Sería la primera de Galicia. Las pocas que hay en España funcionan como un reloj, un auténtico imán de turismo de naturaleza. Hay que saber hacia dónde vamos y qué tendencias se están dando. Y esta es una de ellas. El proyecto para esa vía verde lleva años en un cajón en Madrid. Así que no conviene que de nuevo pasen diez años sin que se haga nada, porque será lo mismo que enterrarlo.

EL DISGUSTO. Un enredo poco claro con las residencias que no ayuda nada

EL PASADO jueves el PP provincial inició una polémica política de forma dudosa. Aireó un documento de procedencia confusa que situaba la apertura de las residencias de Ribadeo y Trabada a finales del mes de junio. Dejando de lado que al final su apertura acabe por hacerse o no en ese horizonte temporal, lo cierto es que se trata de un tema que arrastra ya suficente lodo encima como para que lo dejen tranquilo y que siga su ritmo natural. Y que se abran cuando se tengan que abrir, pero sin más zancadillas. A estas alturas los réditos políticos que se podían sacar en ambos concellos están ya amortizados.

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