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Redactor de El Progreso en A Mariña y director de La Comarca del Eo. Me ocupo de la sección semanal Recto verso.

Hasta luego, Lucas

AYER SE celebró el día grande de As San Lucas. Aunque no la frecuento tanto como cuando era pequeño, lo cierto es que es una fiesta que me parece particularmente divertida.

Los recuerdos de infancia que guardo de ella se limitan a algo muy concreto: las aglomeraciones y sus efectos secundarios.No contaré nada muy original: recuerdo una calle tan apelotonada de gente que tenía miedo de soltarme de la mano de mis padres porque podía perderme sin ningún problema.

Caminábamos hacia arriba con intención de ir a comer pulpo más o menos a la zona de Os Remedios. Pero llegar hasta allí fue un juego de niños en comparación con lo que vino después. También guardo un recuerdo muy primario: hambre. Había muchísima gente y la gente se mezclaba tratando de formar colas que yo no vi por ninguna parte, básicamente aquello consistía en una especie de sálvese quien pueda. Es decir, una edición festiva del juego de la silla: en cuanto veías una vacía había que abalanzarse sobre ella. Aquello acabó mal. Mi padre se hartó y nos marchamos a comer a un restaurante.

La idea fue y no fue buena. Aunque nuestra situación mejoró porque la lista de espera era sensiblemente más pequeña, nuestra hambre era sensiblemente mayor, así que tengo un pésimo recuerdo de aquella espera que acabó en carne cocida con patatas. Me disgustó solo de forma moderada porque se me metió entre ceja y ceja que quería pulpo y no pudo ser, pero cuando el hambre aprieta acaba por darte igual. Comí la carne como si me hubiesen servido uno de esos pulpos gigantes de las películas malas de los años 50.

Pero otro recuerdo se me quedó grabado aquel día, que fue el de cierto imán que tiene ese sitio. Cada vez que voy tengo la sensación de que es más o menos como entonces, que sería hacia 1977 o 1978.

Es evidente que ahora está más cuidado y hay zonas que se rehabilitaron tras mucho esfuerzo por parte de distintas administraciones, pero por una vez entre todos no consiguieron destruirle el encanto a lo que tocan y Mondoñedo sigue siendo uno de esos lugares a los que hay que ir y que además merece la pena.

Las fiestas de Mondoñedo aún conservan parte de la esencia vital de dicha ciudad

Muchos años después, a los pocos días de empezar a trabajar en este oficio, me tocó hacer algo que se hacía entonces: coger corresponsales. Me estrené con el que había en Mondoñedo, el gran Rubén Leivas. Tomé nota de su información y luego la redacté introduciendo de mi propia cosecha un error que me costaría un disgusto: le llamé pueblo a Mondoñedo. Baste decir que me quedó muy claro que Mondoñedo es una ciudad. Nunca volví a cometer ese error.

Cuando voy hasta allí me resulta inevitable recordar aquella bronca que me echó Rubén Leivas, y paseando por sus calles llego a la conclusión de que algo de razón debía de llevar. Si un lugar merece ser considerado como una ciudad, es Mondoñedo.

También trabajando en esto pude asomarme de vez en cuando a su particular idiosincrasia, a la presencia constante de la Iglesia católica en su vida e historia, y más tarde disfruté muchísimo con las historias que contaba Cunqueiro en alguno de sus libros, como en ‘Xente de aquí e de acolá’. En otros no tanto.

Pero estábamos en As San Lucas. Su celebración coincide de forma bastante obvia con el otoño, y no es difícil imaginarse la que se debía montar allí hace tres o cuatro siglos, cuando más o menos todo el mundo iba como podía a vender lo que tuviera, o simplemente a darse una vuelta y practicar algunos ritos bastante interesantes que le oí contar una vez a José de Cora.

Oí muchas veces eso de que Mondoñedo tiene vida propia. No estoy totalmente seguro de ello. Sí que me parece que hay un amplio grupo de gente que lucha por que así sea.

Pero qué podemos aportar aquí de las dificultades que nos encontramos en toda Galicia para mantener vivos nuestros entornos rurales que no haya dicho ya gente mucho más estudiada.

Mondoñedo tiene, más o menos, los mismos problemas que el resto de la Galicia rural: despoblamiento, escasos pagos a los ganaderos, agricultores con dificultades para sacar sus productos adelante, jóvenes que quieren marcharse, y lo hacen, en busca de un futuro mejor, casas abandonadas que necesitan de reparaciones urgentes. En resumen, nada nuevo pero con el añadido de que en su caso es preciso que todo esto se resuelva porque un entorno como este no se encuentra en cualquier parte.

Solo por ir a su cementerio viejo, ya vale la pena.


EL GUSTO. El trabajo de grupos como Prodeme por los discapacitados


LA PASADA semana en esta misma sección se hacía una crítica de quien hace el Camino de Santiago utilizando subterfugios. Como hubo quien no lo entendió, decir que estaba referida la crítica solo a quien puede hacerlo cargando con lo que tenga que cargar, y no lo hace. Julio Cortiñas, del colectivo Prodeme, fue con sus chicos con discapacidad a una peregrinación. Desde luego, hay que reconocer el trabajo que hacen estos colectivos y que de ningún modo se pretendía soslayar ahí. Si salieron en la foto que iba con el texto fue por casualidad. Precisamente ellos sí que van sobrados de valía.


EL DISGUSTO. La tardanza en dar con una solución para O Fiouco


LA MINISTRA Ana Pastor debería de estar sepultada entre proyectos para dar con una solución para la zona de O Fiouco. Se trata de algo realmente urgente y de momento lo que sabemos al respecto es que se va a trabajar en un montón de medidas, aunque con disgusto este mismo diario publicó que muchas de las medidas serán, desgraciadamente, las habituales de instalación de nuevos radares de control de velocidad. No es que estén mal, pero es que generalmente estas cosas siempre acaban así: en el bolsillo del contribuyente. No estaría de más una solución definitiva en un plazo razonable.

*Artículo publicado el lunes 19 de octubre de 2015 en la edición impresa de El Progreso

Hasta luego, Lucas
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