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Redactor de El Progreso en A Mariña y director de La Comarca del Eo. Me ocupo de la sección semanal Recto verso.

Escenas subidas de tono

El último pleno de Barreiros tuvo episodios poco agradables y momentos de descontrol

SI NO fuesen un suplicio la verdad es que los vecinos deberían ir a los plenos. No por lo que se trate o deje de tratar de lo que, modestamente, hay que decir que los medios de comunicación les informamos bastante puntualmente, sino porque son el marco perfecto para comprobar quién nos está representando y cómo. Nuestros concejales y alcaldes lo saben perfectamente. Hay una gran diferencia entre el desarrollo de un pleno con público y otro sin público. Incluso hay diferencia en el desarrollo entre un pleno vacío y otro al que solo asiste un representante de la prensa, aunque esto ya pase cada vez con menos frecuencia.

El pasado miércoles tuvo lugar en Barreiros uno de esos plenos señalado en el calendario. Era una sesión forzada por el Bloque gracias a su número de concejales para votar la reprobación del alcalde y dos de sus concejales metidos en un lío jurídico que no reproduciremos aquí porque es ya sobradamente conocido. La sesión iba razonablemente bien hasta que se montó un rifirrafe entre la concejala del PSOE y el alcalde, Alfonso Fuente, que este zanjó con un buen puñetazo en la mesa y un grito que a su vez provocó un respingo de todos los presentes.

Aunque no creo que ni él mismo se autojustifique por perder los nervios, también es cierto que Carmen Veiga no puso mucho de su parte cuando le tocó hablar al regidor. Tanto le interrumpió que al final pasó lo que pasó.

Estas cosas no deberían suceder. Primero porque hay que dejar que los demás hablen sin interrumpirles. Segundo, porque el alcalde, como tal, dispone de un mecanismo bien recogido jurídicamente para llamar la atención a los ediles problemáticos hasta que, si no le funciona, puede tirar incluso de su derecho a expulsarlos del pleno. No es nada nuevo, y eso está precisamente para casos como el del pasado miércoles.

Pero los nervios juegan malas pasadas a todos.

A la propia Ana Ermida, más que acostumbrada a hablar en público, se le notaba tirante mientras leía el texto de su moción, aunque se fue soltando conforme fue avanzando la sesión.

Alfonso Fuente se traía la lección muy bien aprendida: no iba a hacer ni decir nada que no hubiese hecho o dicho antes en los medios de comunicación: no se actuará hasta que haya una resolución judicial y seguimos en el grupo municipal del PP aunque nos diésemos de baja en el partido.

Pero todo cambia si delante hay 30 personas expectantes, un fotógrafo pululando por allí y dos personas grabándolo todo. Y además el tema es desagradable. Nada menos que una imputación por vía penal que puede tener consecuencias gravísimas. Y paradógicamente para quien serían menos graves es para el alcalde, porque a algunos imputados la cosa podría cambiarles literalmente la vida.

Así que la tensión exigía templar unos nervios que el alcalde perdió y que nada más perder se dio cuenta de ello en un gesto que recoge a la perfección la imagen que acompaña este texto capturada por José María Álvez en el momento exacto del arrepentimiento.

Lo peor de todo no fue la actitud de la edil del PSOE con sus interrupciones o la salida de tiesto del regidor. Lo más grave fue el desenlace de la sesión: Alfonso Fuente decidió que tras equivocarse una vez no merecía la pena continuar con aquello y finiquitó por la vía rápida un debate que no llegó a realizarse nunca. Es decir, que salió claro ganador del pleno. Porque no se habló nada de todo lo que el BNG quería hablar y hasta estuvieron a punto de saltarse a la torera las mínimas reglas que rigen el funcionamiento de una sesión plenaria.

Por cierto, en esto también hay que citar a la secretaria, que de no ser por el concejal del Bloque Antonio Veiga habría dejado pasar sin votar una enmienda propuesta por el PSOE a una moción de los nacionalistas y luego tampoco solucionó la cuestión del voto de calidad del alcalde y nuevamente fue Antonio Veiga quien indicó que, al haber empate a votos tenía que procederse a una segunda votación para que el regidor hiciese valer su voto de calidad para sacar adelante la propuesta.

Todo esto sí afea las cosas, porque todos somos humanos y nos equivocamos y podemos saltar en un momento dado. Otra cosa es pasar por encima del más elemental reglamento para finiquitar algo que no sale como estaba planeado.

Además, todo el mundo sabía de antemano que allí no pasaría nada. Al menos los que fueron al pleno tal vez se animen a repetir.

EL GUSTO

El homenaje más que merecido a algo más que un profesor

NEMESIO RODRÍGUEZ fue director del IES de Foz ni se sabe cuánto tiempo. Durante el largo tiempo que ejerció ese trabajo, lo hizo con diligencia e inteligencia, avanzando poco a poco hasta colocar al centro como un verdadero punto de referencia en varios aspectos, sobre todo en lo que toca a esa sección de hostelería que no para de generar una gran cantidad de profesionales que lo cierto es que se van viendo refrendados con premios, pero, sobre todo, también es cierto que se les nota mucho a los profesionales que pasaron por allí porque su formación la notan los clientes.

EL DISGUSTO

Una solución para un problema difícil de arreglar

AL ALCALDE de Ribadeo le tocó esta semana pasada comerse un buen marrón, como fue poner fin a la situación que vive un conocido sin techo que estaba aposentado a la entrada de la localidad, en el barrio de Vilar. Hasta dos camiones de basura había ido amontonando en un síndrome de diógenes que trajo muchos disgustos al vecindario, que veía cómo se ponía en peligro la propia salubridad de la zona. Finalmente, incluso desde la Xunta vieron que la situación no podía continuar así y se actuó, y aunque hubo algunos momentos de tensión, finalmente la cosa acabó por arreglarse.

Escenas subidas de tono
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