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Redactor de El Progreso en A Mariña y director de La Comarca del Eo. Me ocupo de la sección semanal Recto verso.

El coche de San Fernando

GUARDO UN recuerdo lejano de cuando se peatonalizó el centro de Ribadeo. Puede parecer algo raro, pero tengo recuerdos mucho más nítidos de cuando no estaba peatonalizado. Había hasta un semáforo que dejó de funcionar y durante un tiempo, donde las calles se estrechan, hubo incluso doble dirección hasta que se abrió lo que es la actual travesía. Solíamos sentarnos en una repisa que tenía la entonces Caixa Galicia a ver pasar la vida y a comer pipas o helados si era verano. A veces aquella repisa se quedaba corta para tanta gente como nos juntábamos allí, así que emigrábamos calle arriba hacia el parque, donde seguíamos comiendo pipas y helados y viendo pasar los coches.

Ya digo que no recuerdo demasiado bien todo aquello de la peatonalización. Tengo una de esas ideas generales de enfado colectivo. Me acuerdo de algunas intervenciones airadas en Radio Popular de la Costa de algunas personas poniendo de vuelta y media a dos personajes muy concretos: al alcalde de entonces, Eduardo Gutiérrez, y al que imagino que era concejal de tráfico, Javier Miró.

También hubo una manifestación.

Desconozco los pormenores, pero un día una excavadora comenzó a meter baza para levantar el asfalto y entonces eso ya no hubo quien lo parase. Al cabo de, me parece, no demasiado tiempo, quedó la calle peatonalizada y los coches dejaron de pasar.

De repente me sentí como Fraga: «La calle es mía». Todavía tengo grabada aquella sensación de ir por el centro de la calle y tener la inercia de mirar hacia atrás no fuese a venir un coche. Pero ya no volvieron a pasar nunca más.

Los efectos se notaron enseguida. Contra lo que algunos habían augurado, no llegó el apocalipsis. Rápidamente la calle la tomó la gente y no los neumáticos y tengo la sensación de que los locales se revalorizaron notablemente.

Sea como fuere, hoy por hoy resulta por completo inconcebible que esa zona se reabra al tráfico bajo ningún concepto. Es más, se fue expandiendo la peatonalización e incluso se impulsó una especie de modelo híbrido en el que solo pasan los coches de residentes o de servicios en gran número de calles, las más céntricas.

Recuerdo todo esto porque en Foz andan a vueltas con hacer algo parecido en lo que vienen a ser sus travesías. El proyecto es impecable y todo parece ir viento en popa. La Asociación de Comerciantes arroja sus bendiciones y hasta miran a Ribadeo o a Viveiro como ejemplo de las ventajas de contar con un centro peatonal, dispuesto para que los peatones disfruten quemando sus tarjetas de crédito como si no hubiera mañana.

Pero se nota a veces cierto miedo a la reacción final a la hora de empezar a meter las máquinas y, sobre todo, a eso del aparcamiento que tanto miedo nos da ahora.

Es evidente que se van a recortar plazas de estacionamiento en Foz. Habrá que dar algunas vueltas más para encontrar donde dejar el coche. Esto incomoda porque somos tan así que en realidad nos molesta caminar. Con eso de las peatonalizaciones, en Ribadeo la cosa acabó en que se construyó un aparcamiento, el único asfaltado que sigue existiendo a día de hoy. Sin embargo, y aunque hay mucha gente que se queja de que no hay dónde aparcar, salvo los miércoles por la mañana (porque hay mercado) y días puntuales de periodos vacacionales, el aparcamiento tiene todo el sitio del mundo para aparcar. Desde allí se llega a la plaza de abastos caminando en unos tres o cuatro minutos y en dos más al centro peatonal. ¿Es para tanto? No. Pero queremos meter el coche en la puerta de la panadería, si puede ser.

Estas cosas seguramente les están pasando por la cabeza a los promotores de este proyecto en Foz y tienen razón en que habrá quien se lo eche en cara. Pero no hay que ser un gran viajero para darse cuenta de que en prácticamente todas partes se está actuando de este modo.

Habrá que buscar soluciones alternativas para que la gente no tenga que caminar demasiado, y punto, no rasgarse las vestiduras. Es prácticamente seguro que en un periodo de tiempo no demasiado largo acabará por asentarse ese modelo peatonal y luego nadie querrá cambiarlo, aunque haya que caminar un poco más, poco.

En su caso tienen una ventaja añadida que no hubo en Ribadeo, y es que la obra da para crear algunos espacios abiertos y pequeñas plazas que seguro que serán muy bien acogidas.

Cuando pasen unos años habría que llamar a cuentas a quienes no quisieron eso en Foz, pero luego serán muy difíciles de localizar.

El coche de San Fernando
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