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Redactor de El Progreso en A Mariña y director de La Comarca del Eo. Me ocupo de la sección semanal Recto verso.

Cobros y trabajos

EL MIÉRCOLES pasado tuvo lugar en Ribadeo, como en muchas otras localidades de Lugo durante toda la semana, uno de esos plenos morbosos. No por nada, sino porque es en el que se asignan los sueldos de alcaldes y concejales. Es un terreno fangoso y muy dado al trazo grueso. Que si fulano cobra no sé cuanto, que si mengano se bajó el sueldo un 50 por ciento. Esta semana me enteré de que al alcalde de Ribadeo le hicieron llegar la historia del alcalde de Zamora, que según parece va a cobrar, creo recordar, aunque no estoy seguro, 1.400 euros.

En Ribadeo lo de que el alcalde cobre se instauró con el peculiar método de que se le pagase lo mismo que en su trabajo. Con el paso de los años eso se fue deformando y con razón. Dejaba fuera a todos los que se pasan por exceso o por defecto. ¿Debe cobrar el alcalde de Ribadeo 800 euros en caso de que antes trabajase en un puesto en el que ese fuese su sueldo? No creo. Tampoco puede cobrar 10.000 euros al mes. Ahora ya es ilegal, pero tampoco sería ético.

Al final la cosa quedó en 2.300 euros brutos para el alcalde, unos 1.500 para un concejal con dedicación exclusiva y 1.000 para otra concejala con dedicación parcial.

¿Mucho o poco?

Pues según como se mire. El sueldo del alcalde me parece demasiado ajustado. Tengo la absurda idea de que los políticos deben cobrar por su trabajo y si puede ser, generosamente. Eso sí, luego ellos deben corresponder, estaría bueno.

Esto es importante porque normalmente esto de los sueldos es tema olvidadizo, ya que las decisiones se toman al principio del mandato y para cuando pasan cuatro años ya nadie se acuerda de quién cobra, de quién no cobra, de cuánto cobra o incluso si cobra de otras administraciones distintas al Concello. Así que por lo general las cosas quedan como están y lo de los sueldos no influye gran cosa en el votante a la hora de echar la papeleta en la urna.

En el caso de Ribadeo los portavoces de la oposición echaron en cara a Suárez Barcia que se juntasen dos dedicaciones exclusivas con otra parcial y, de forma especial, con lo que se paga a la persona que ejerce como secretaria del alcalde, que es personal de confianza.

Tienen sus argumentos y son bastante válidos. El más destacable es que el grupo de gobierno tiene nada menos que diez concejales, que parecen más que suficientes para poder llevar el Ayuntamiento.

Yo no estoy tan seguro. De hecho, como el Bloque no gobernará siempre, veremos qué hacen los que vengan detrás cuando vayan por su segundo mandato.

En este punto, hay que hacer una lectura política a nivel provincial, ya que a la hora de justificar la dedicación exclusiva que cobrará Vicente Castro, exasesor de la Diputación, el discurso del alcalde dejó abierta de par en par la posibilidad de que finalmente el concejal regrese al ente provincial.

Tal y como están las cosas, es todo un ejercicio de fe ciega que por cierto parece compartir con José Ramón Gómez Besteiro, que aventuró que recuperarán la Diputación en un plazo breve de tiempo.

Desde A Mariña es complicado hacerse una idea de los movimientos que puede estar habiendo o no en ese sentido. Pero por pura carambola esta pasada semana alguien del PP de Santiago, en una charla informal, le puso fecha de caducidad al gobierno de Elena Candia: «Le damos tres meses». Tres meses no está mal. Lo cierto es que visto desde fuera, todo resulta un poco extraño. Cuando los diputados tomaron posesión y se hicieron la fotografía de rigor bien parecían llegar de un velatorio por el perro de uno de ellos que de asumir el gobierno provincial de nada, menos aún de una entidad que ni en sueños creyeron ir a gobernar durante cuatro años.

Así que nunca se sabe. A veces las noticias llegan antes a Santiago que a Ribadeo cuando vienen desde Lugo. Tal vez sea por lo mala que está la carretera.

Por el momento, uno se imagina a Elena Candia haciendo equilibrios cada día entre Lugo y Mondoñedo. Tirando de horas del día para poder atender a todo.

Una cosa en eso tengo clara: si esa provisionalidad que algunos le tiran encima se convierte en provisionalidad de cuatro años, muy complicado va a ser que cumpla su periplo como alcaldesa.

Mientras tanto, habrá que verla en los plenos, porque con las que lleva montado con Manuel Martínez, va a tener que acabar agradeciéndole el puesto. Veremos cómo discuten ahora, si es que discuten, porque no hay que olvidar que el PP no tiene mayoría. Así que nada, siempre queda el entrañable arte del diálogo.

EL GUSTO

LOS VECINOS de Viveiro vieron el pasado miércoles como su alcaldesa, María Loureiro, izaba de nuevo la bandera azul en la playa de Area. En realidad se trata de un gesto que va mucho más allá de lo puramente simbólico porque el Ayuntamiento, en la época de Melchor Roel, se había negado a continuar solicitando las banderas azules en protesta por lo que consideraba discriminaciones políticas. De modo que esta vuelta a la normalidad hace que la playa luzca de nuevo estas enseñas que al menos dan prestigio y garantizan unos servicios de calidad allí donde ondean.

EL DISGUSTO

EL CASO de Francisco Nicolás está siendo seguido con bastante sentido del humor en general. Están empezando a declarar las personas que están llamadas como testigos en su rocambolesco proceso judicial y no hay que olvidar que está ya decidido que una comisión judicial se desplace hasta Ribadeo para tomar declaración, entre otros, al alcalde de Ribadeo, Fernando Suárez. Este caso, que comenzó siendo un choteo, puede acabar convertido en algo desagradable, así que esperar que Ribadeo no se vea contagiado de las artimañas de un caradura que ahora es casi un apestado del que nadie quiere saber nada.

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