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Redactor de El Progreso en A Mariña y director de La Comarca del Eo. Me ocupo de la sección semanal Recto verso.

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La confianza en nuestras posibilidades traerá más logros que importarlo todo de fuera

NO ESTÁ nada bien valerse de un hecho luctuoso para esta sección, que no es la de necrológicas, pero si a Xabier Fortes le dejaban la última para contarnos cosas del Pontevedra, tal vez no tengan inconveniente en dejarme a mí esta para algo parecido. 

El pasado miércoles murió en Ribadeo Quique Lenza. En Ribadeo le conocemos todos. Pero seguro que en el resto de la provincia habrá bastantes que lean esto y les pille con el pie cambiado. Un amplio arco de edad, en torno a los 50 que él había dejado atrás hacía dos años, lo recordará como el indómito jugador de baloncesto que fue.  

Seguro que guardan de él un pésimo recuerdo en Sarria o en el Estudiantes. Partidos se los lleva arruinado a mares a mediados de los 80. Los ventilaba a toque de 40 puntos por choque y una saca de rebotes. Con su característico tiro frontal a tabla que nunca consiguieron contrarrestarle desesperaba a cualquiera. 

Más allá de su figura propiamente dicha, hay que reconocer que encarnó como nadie una forma de entender el deporte en general y el baloncesto en particular que con el paso de los años fue cayendo en desuso. En aquellos tiempos, Ribadeo no tenía rival en ese deporte que él practicó siempre de forma compulsiva, asaltándolo con la misma rabia que lo dejó. Fueron años en los que desde el Breogán miraban de reojo hacia aquí. Tanto, que acabaron por enviarnos a tres de sus escuderos que compusieron la espina dorsal de un equipo legendario: un base, un alero y un pívot. Tito Díaz, Suso Fernández y Pablo Docobo. 

Aunque a primera vista parezca raro, fue precisamente aquel crecimiento exorbitado el que mató aquella gallina de los huevos de oro que cautivó a una generación, incapaz de sobrevivir a base de fichajes estelares en lugar de sostener un equipo como había venido haciendo hasta solo unos meses antes: con la gente de la casa. Por entonces la había, en cantidad y muy buena. 

No sé si Quique Lenza era técnicamente el mejor de todos. Casi seguro que no. Pero sí era el más efectivo, de eso no hay ninguna duda porque las estadísticas lo demuestran claramente, en caso de que alguien conserve aquellas estadísticas, cosa muy poco probable. 

Aquel episodio de ascenso y desaparición de un equipo es un ejemplo que deberían tener presentes en todos los equipos del mundo habidos y por haber, del deporte que sea. 

Es evidente que a todos nos gustaría que el Madrid o el Barça jugasen a diario en nuestro pueblo. Que una empresa, un multimillonario pirado o quien sea nos fichase a Ibrahimovic para el equipo de casa. Que los Bulls de Jordan nos divirtiesen los sábados por la tarde o que Rafa Nadal entrenase en el club al que mandamos a nuestros hijos. 

Pero es obvio que estas cosas no pasan. Y lo que es peor: si pasan, mal asunto. Sin necesidad de volver a mencionar aquel episodio dulce primero y amargo después de Ribadeo, pueden preguntar en Vitoria qué recuerdo les quedó de Piterman. En Valencia están enfilando algo parecido con Chan. En baloncesto pasó también muchas veces, como aquel experimento del Akasvayu en Girona que repartía millones como caramelos entre sus fichajes estelares, que al final no sé si cobraron o no. 

Siempre se quejaba Quique Lenza de eso, de que en aquel momento se dejase de lado a la gente de Ribadeo que había levantado aquel equipo intratable. Y aunque los de Lugo eran buena gente, hay que darle la razón a Quique: aquello no se sostuvo. 

La moraleja es que tenemos que saber lo que tenemos entre manos y tratar de mejorarlo. Saber que las cosas de aquí, por ser de aquí, no son necesariamente peores que las que vienen de fuera. 

Hace no sé cuántos años que llevo escuchando esa cantinela de que el modelo del Athletic de Bilbao «es insostenible en el contexto actual del fútbol». Pues yo creo que ya está claro que no. 

Pese a que no suelo ser muy optimista de cara al futuro, en esto tal vez haga una excepción. Creo que con esta oleada de escuelas deportivas y clubes con categorías inferiores plagados de niños se podrá conseguir algo positivo dentro de unos años. Y además, hasta puede que no solo en el fútbol. 

Aquí mismo les contamos cosas de piragüismo, taekwondo, natación y hasta tenis de mesa en que chavales con los que nos cruzamos a diario lo hacen rematadamente bien. Así que a ver si no seguimos pifiándola porque dentro de poco esa gente crecerá. Que no tenga que ir a buscar a Jorge Mendes para poder ganarse la vida. 

JESÚS NOVO, alcalde de O Vicedo, tiene a punto una nueva ordenanza para que sus vecinos les recojan las cacas a los perros. No le queda nada. Son muchos los alcaldes y gobiernos municipales que llevan tiempo intentándolo, pero es una tarea ardua que resulta complicada de afrontar solo a base de sanciones económicas. Sobre todo en un concello como el suyo, con una amplia zona rural en la que es imposible controlar eso. No obstante, en el pueblo sí que se puede, como en todos los demás, y los primeros en hacerlo deberían ser los dueños de los animales, muchas veces auténticos guarros. 

COMO EN el famoso día de la marmota de ‘Atrapado en el tiempo’, el urbanismo de Barreiros resurgió para disgusto de Alfonso Fuente y varios de sus actuales y antiguos concejales, además de la arquitecta municipal. Su abogado, Luis Rego, asegura que la acusación por la vía penal de la Fiscalía y Adega, reclamando unos supuestos delitos de prevaricación en la concesión de licencias, no irá a ninguna parte, pero más allá de eso, la realidad es que la preocupación se instala de nuevo entre quienes creían haber superado ya aquellos episodios pasados que, de todas formas, sí dejaron huella.

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