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Las dos despensas

Mar y campo son una fuente de alimentos, empleo y riqueza enorme, pero la gestión en los despachos va muchas veces en su contra
                      Flota del Gran Sol en el puerto de Burela.
photo_camera Flota del Gran Sol en el puerto de Burela. ÁLVEZ

La pesca y el agro son dos motores económicos en Galicia, el sustento de miles de familias en zonas costeras y comarcas rurales y muchas manos que nos dan de comer. Entre ambas ramas de actividad generan más de 2.800 millones de euros al año, lo que representa el 4,5% del producto interior bruto (PIB) gallego, sostienen más de 67.000 empleos y hacen posible que tengamos en nuestra mesa alimentos como el pescado, la leche o la carne. Son esenciales. Pero parece que a los que gobiernan y hacen las normas se les olvida muchas veces la importancia de protegerlas.

La última evidencia es la decisión de la Comisión Europea de expulsar a cientos de barcos que usan artes de fondo de 87 áreas situadas en una extensa franja que va desde el Golfo de Cádiz hasta la altura de Glasgow (Escocia), sin evaluar bien el impacto que generan en el ecosistema marino antes de prohibirles faenar donde llevan décadas haciéndolo y sin medir las consecuencias para la flota. Es el enésimo revés para un sector curtido en esto de capear temporales, pero agotado por los golpes en su línea de flotación.

Solo la pesca extractiva genera un volumen de negocio de unos 425 millones de euros al año con las ventas en las lonjas y sostiene más de 10.900 empleos en la comunidad, de los cuales más de 4.400 se pueden ver afectados por el veto a artes como el arrastre y el palangre en zonas de suman más de 16.000 kilómetros cuadrados. Detrás hay hogares de viven del trabajo en el mar, a bordo de los 4.243 buques censados con puerto base en Galicia, donde se concentra cerca de la mitad de la flota española. Un registro que no deja de sumar bajas. Si volvemos la vista atrás dos décadas, eran más de 5.500. Los motivos son varios, pero algo tendrá que ver en esta mengua la gestión pesquera que se decide desde los despachos.

Habrá que ver en qué acaba la decisión de Virginijus Sinkevicius de cerrar caladeros a todas las artes en contacto con el fondo, pero el lituano ya ha entrado en la lista de comisarios europeos de Pesca que, en lugar de remar a favor del sector, enarbolan banderas más propias de representantes de una oenegé medioambientalista.

En el recuerdo quedó -y no precisamente para bien- Maria Damanaki, a la que el propio sector consideró la peor comisaria de la historia desde los inicios de la política pesquera común por el daño que causó. Con la griega en el cargo se instauró el veto a los descartes; la obligación de descargar los tiburones con las aletas adheridas, con importantes pérdidas para el palangre de superficie; y se llevó a cabo una ofensiva contra la pesca de arrastre, llegando a recomendar Damanaki que no se consumiera pescado capturado con esta arte. Con su gestión se ganó la antipatía del sector y ahora Sinkevicius va por el mismo camino, provocando peticiones de dimisión.

El mismo sector que desde Galicia pone en el mercado 133 millones de kilos de pescado al año para alimentar a la población tiene que afrontar cada ejercicio recortes en las posibilidades de extracción auspiciados por Bruselas.

En tierra también hay una despensa infravalorada: el campo. Concretamente, las más de 50.000 explotaciones ganaderas que existen en Galicia entre leche, vacuno de carne, porcino, ovino y caprino y aves. Por ejemplo, las granjas lácteas -ya poco más de 6.000- producen en torno a 3 millones de toneladas de este oro blanco al año. Y las de vacuno de carne ponen en circulación más de 100.000 toneladas. Además, son el sustento económico de miles de familias y contribuyen a que el medio rural no muera. Pero, como le ocurre a la pesca, la acción -o inacción- de los gobiernos juega muchas veces en su contra. Solo así se explica que la venta a pérdidas exista o que el acceso a las ayudas de la PAC se endurezca más.

David Carro: la planta de omega-3 de As Somozas se presenta 

Iffe Futura enseñará el martes a los medios de comunicación las tripas de la planta de omega-3 que construye en As Somozas y que arrancará en 2023. Será la mayor de España en producción de este ácido graso, con el objetivo de generar 10.000 toneladas al año. Mercado no le faltará a la compañía que pilota el coruñés David Carro, pues las aplicaciones del omega-3 van desde la alimentación a la cosmética.

Ramiro Carregal: Frinsa lleva a Singapur su central de compras

La tercera conservera gallega, Frinsa, lleva su central de compras de atún a Singapur, donde tiene una filial para impulsar su expansión. Con fábricas en Ribeira y Póvoa de Varzim, la empresa fundada por Ramiro Carregal señala que en el sudeste asiático están algunos de los mayores productores de pescado del mundo, como Indonesia o Vietnam. El grupo da salida a más de 580 millones de latas al año.

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