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Una ración de complejos

Estaría bien que algunos lucenses mostraran por sus clientes locales el mismo interés que por los potenciales visitantes



VENGO DEL PARTIDO entre CD Lugo y Oviedo. Inesperadamente, no ha muerto nadie. Yo, casi, porque, como dice mi madre, ya no tengo el horno para bollos ni el corazón para achuchones. Por lo que sé, tampoco se ha desplomado la hostelería lucense, pese a los esfuerzos de algunos hosteleros. Ánimo, otra vez será. Otro empate más en otro sábado más, todo muy rutinario y previsible. Y decepcionante, porque tal y como había ido la semana esperaba algo mucho más perturbador, quizás un cataclismo, un punto de inflexión al menos, quién sabe, algo.

Había seguidores del Oviedo, los suficientes como para que pareciera lo que era, un partido de media temporada de Segunda entre equipos de segunda de ciudades de segunda. Afortunadamente, no eran los 3.000 que vinieron el año pasado con el Spórting de Gijón, una cifra que la afición ovetense parecía empeñada en igualar con ese empeño paleto y envidioso que da el complejo de inferioridad. En efecto, el Spórting y su afición cuentan con un respeto y una simpatía en el mundo del fútbol que el Oviedo, su enemigo del alma, no ha estado ni cerca de rozar ni en sus mejores épocas. Pero es algo que tiene más que ver con la manera de configurarse y comportarse de los propios Spórting y Oviedo que con el resto de aficiones, que estamos a lo nuestro y bastante tenemos. No es un problema que les podamos arreglar en el Ángel Carro, tal vez deberían probar en la unidad de psiquiatría.

El error, eso hay que reconocerlo, estuvo en esas tres mil entradas que los anteriores gestores del CD Lugo le enviaron la temporada pasada a los de Gijón, en lo que fue un desprecio a la afición propia, que no tuvo la oportunidad de comprar ni una para que alguno hiciera caja con vistas a asegurarse su contrato blindado. O por amor no correspondido al club, que también puede ser. El caso es que las peñas del Oviedo y el propio club se enrocaron en esa cifra para no ser menos que sus enemigos asturianos, pese a que desde Lugo se les indicó de todos los modos posibles que la actual configuración de los socios en el campo lo hacía imposible sin mover a los abonados de sitio y a que se les ofrecieron todas las posibles, 1.300. No les llegó y los lucenses hemos tenido que aguantar una semana de insultos y desprecios de la marea carbayona, y hasta un boicot que al final ni siquiera han podido mantener, porque ayer había en Lugo centenares de seguidores del Oviedo.

Una cifra que la afición del Oviedo parecía empeñada en igualar con ese empeño paleto y envidioso que da el complejo de inferioridad


No tengo nada que reprocharles, pese a todo, porque esto es solo fútbol y están en su derecho de expresar sus complejos como les venga en gana, de eso va el fútbol. Lo que no alcanzo a comprender es que les hicieran el juego y atizaran el fuego algunos hosteleros lucenses, que ni siquiera tuvieron reparos en salir en la prensa asturiana dando cobertura a los caprichos de las peñas del Oviedo. Como me conozco y quiero seguir viviendo y bebiendo en Lugo, a partir de aquí todo lo sigue incluye todas las honrosas excepciones que sean necesarias, y que cada cual se anote donde considere.

Con la coartada de que el club recibe subvenciones públicas, se permiten criticar que una sociedad anónima se niegue a desplazar a sus socios y accionistas de sus asientos para hacer hueco a 3.000 personas de la afición contraria, alegando que esas personas iban a dejar dinero en los locales de la ciudad y que se estaba perdiendo una gran oportunidad para la promoción de Lugo.

Un gran oportunidad que no vieron, sin embargo, cuando el club necesitó sus aportaciones y solidaridad y recibió el portazo de la inmensa mayoría de ellos. Solo hace falta comprobar el heroico listado de los locales colaboradores. Ninguno de los pocos que figuran en él, por supuesto, ha tenido el más mínimo reproche en esta ocasión.


En un reportaje de uno de los medios más influyentes, Lugo no aparecía entre las diez mejores ciudades con tapas gratis


Son oportunidades de promoción que tampoco parecen apreciar, por poner un ejemplo recurrente, en los momentos en los que la ciudad recibe sus mayores avalanchas de visitantes, como el Arde Lucus o algunos fines de semana del San Froilán. Por un lado, como todos recordamos, cualquier petición de colaboración por parte del Concello es considerada "un impuesto revolucionario", pese a que es este sector el más beneficiado por las actividades organizadas con dinero público -sí, subvenciones, como las del CD Lugo-. Por otro, atrincherados en la coartada de que hay demasiado trabajo esos días, buena parte de ellos, en especial los situados en el casco histórico, prescinden de las famosas tapas. El resultado es que en un reciente reportaje en uno de los medios de comunicación de más tirada y más influyentes, El País, Lugo no aparece entre las diez mejores ciudades del país con tapas gratis.

Eso sí, se vuelcan en certámenes como el concurso anual de tapas, muy meritorio y sabroso, pero del que se pueden resaltar dos aspectos: que esas tapas son de pago -hasta tres euros algunas- y que la financiación y buena parte de la organización se carga a cuenta, otra vez, del erario público.

También viajan cada año sus representantes hasta la feria nacional del turismo Fitur, donde su actividad se limita invariablemente cada edición a presentar la guía ‘E para comer, Lugo’. De la eficacia de esta promoción ni dudamos ni dejamos de dudar, porque nunca se nos ofrecieron datos, pero adivinen de dónde sale la mayor parte de la financiación de la misma.

Tenemos, pese a todo, un gran sector de hostelería, y no es mi intención decirle a nadie cómo debe manejar su negocio. Me conformaría con que algunos de sus miembros mostraran el mismo respeto por los aficionados lucenses que les merecen los potenciales clientes de Oviedo. Con sus honrosas excepciones, claro.

Artículo publicado en la edición impresa de El Progreso del domingo 24 de enero de 2016

Una ración de complejos
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