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Un depredador en la Casa Blanca

"ESTIMADO EDITOR, habla el Zodiaco" es el encabezamiento de una carta que se recibió en agosto de 1969 en el periódico San Francisco Examiner. Era el salto definitivo a la fama del Asesino del Zodiaco, un serial killer que actuó en el norte de California entre 1968 y 1970 y que la cultura popular ha ido situando como el Jack el Destripador del siglo XX; no porque sus crímenes fueran similares a los del considerado primer asesino en serie de la era moderna, sino porque, como el virtuoso depredador londinense, demostró una impúdica ansia de comunicación con las autoridades y alarde ante el público, y porque, como en el caso de Jack, seguimos sin saber su verdadera identidad.

Ni siquiera fue un buen asesino en serie. Sus víctimas confirmadas no pasan de siete, pese a que él se jactase de más de 30, muy lejos en todo caso de las marcas de profesionales más entregados como Pedro Alonso López, Henry Lee Lucas o Luis Alfredo Garavito.

Zodiac ni siquiera demostró especial destreza ni ensañamiento en un par de ocasiones en las que se decidió por el cuchillo

Tampoco su manera de matar encerraba ninguna lírica ni respeto por la obsesión y el método: la mayoría de sus víctimas murieron por anodinos disparos y ni siquiera demostró especial destreza ni ensañamiento en un par de ocasiones en las que se decidió por el cuchillo. Ni torturas, ni profanación de cadáveres, ni canibalismo, ni necrofilia, ni amputación de miembros, ni mayor contacto físico del necesario, nada que pudiera situarlo en igualdad de méritos con los no menos respetados Jeffrey Dahmer, Peter Kürten o el estrambótico Ed Gein.

Sin embargo, buena parte del mito de serial killer que la cultura popular ha adoptado se alimenta de ese Asesino del Zodiaco. Muchos de los estereotipos creados por Hollywood han adoptado su gusto por el lenguaje encriptado, las llamadas de desafió a los investigadores, el exhibicionismo y ansia de trascendencia en los medios de comunicación, la pretenciosa brillantez de la planificación de sus ataques... Y además, al contrario de lo que suele pasar con esos depredadores de guión, el Zodiaco logró salir indemne. Desde aquellos lejanos años setenta, reportajes, libros y películas han encumbrado su figura. Otro ejemplo del sueño americano, el triunfador hecho a sí mismo.

"Habla el Zodiaco", se le ocurrió decir en 2013 a otro de esos triunfadores americanos, Ted Cruz, al comenzar uno de sus discursos durante su lanzamiento político nacional. Fue en mala hora, porque desde entonces las redes sociales y la sátira americana han seguido alimentando la coña. El problema es que esta misma semana Public Policy Polling, una de las firmas de encuestas políticas más respetadas de EE.UU., ha hecho pública una en la que se refleja que el 10 por ciento de los encuestados está seguro de que Ted Cruz es Zodiac y un 28 por ciento tiene dudas al respecto.

La pregunta tenía ánimo de cachondeo, pero el resultado va en serio. Lo de menos para ese tercio de los votantes que sospechan del aspirante a la Casa Blanca es que Ted Cruz ni siquiera estuviera vivo cuando comenzaron los crímenes de Zodiaco. Lo tremendo es, que en su opinión, semejante sospecha ni siquiera parece inhabilitarlo para ser el presidente de los EE.UU.

Lo más preocupante es que, puestos en situación, no parece ni raro, porque Ted Cruz muestra unas condiciones de depredador a la altura de cualquier serial killer. Miembro del espeluznante movimiento ultra Tea Party que ha tomado a sangre y fuego el Partido Republicano estadounidense, sus propuestas sobre economía, inmigración, derechos sociales o política exterior son de una radicalidad extrema. Y cómo estará la cosa que aún así, son vistas por muchos como más comedidas que las de su principal rival en las primarias que se están desarrollando desde hace meses, el inexplicable Donald Trump. Entre ambos han conseguido que el tercero en discordia, Mario Rubio, otro cachorro del Tea Party con el odio como base de su proyecto, aparezca como un blandengue.

Trump se jactó de que "podría disparar a gente en la Quinta Avenida y no perdería votos", sabiendo que no exageraba

En una de aquellas cartas que Zodiaco envió a los periódicos de la época para comenzar a crear su leyenda, escribía: "Me gusta matar gente porque es mucho más divertido que matar animales salvajes en el bosque, porque el hombre es el animal más peligroso de todos". Hace unas semanas, Donald Trump se jactó en un discurso de que "podría disparar a gente en la Quinta Avenida y no perdería votos", sabiendo que probablemente no exageraba. Desde entonces, sus votantes no han dejado de crecer.

Digo esto porque a veces es bueno tomar un poco de perspectiva. Absortos como estamos desde hace dos meses en ese juego de tahures en el que se ha convertido la política española, convertimos cualquier movimiento de nuestros nuevos y viejos líderes en una afrenta y nos irrita que se tomen tanto tiempo para tratar de llegar a pactos, al menos de no agresión. Lloramos sus supuestas incapacidades y las lagunas en su sentido de Estado, porque sabemos que al final seremos nosotros los que lo acabaremos sufriendo.

Pero tampoco está nuestro patio tan mal como parece. Ni siquiera tan mal como puede estar. Solo tenemos que pensar que el próximo presidente de los Estados Unidos, uno de los hombres más poderosos del mundo y cuyas decisiones tendrán sobre nosotros tanto o más efecto que las que tome nuestro próximo presidente, puede ser alguno de estos candidatos republicanos. Y no podemos hacer nada, lo elegirán votantes que piensan que uno de ellos podría ser un asesino en serie de hace cincuenta años, y ni siquiera les importa. Así que mejor relajarse y disfrutar de la carnicería.

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