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Tocar fondo

España, con esfuerzo y miles de millones de inversión, ha conseguido crear el único submarino militar que no flota

Submarino flotando
Submarino flotando

A MÍ DEL MAR me gusta, sobre todo, la montaña. A ser posible que esté lo suficientemente lejos como para no ver ni el mar ni ninguna otra masa de agua con profundidad suficiente como para me ahogue, que es, aproximadamente, de dos dedos. Todo mi contacto con el agua embalsada se limita a meterme en algunos charcos, y hasta esto me parece demasiada humedad para una metáfora.

Mi fobia racional a cualquier uso del agua que no sea higiénico viene de mi incapacidad biológica para flotar, o al menos para flotar sin ser un cadáver hinchado después de tres días sumergido en el fondo de una piscina. En eso soy como el submarino S-80 Plus, futuro pilar del renacer de la Armada española, orgullo de la tecnología patria y el único submarino del mundo que cumple con fidelidad lo que anuncia su nombre: de momento, solo hemos conseguido que se hunda, que es lo que se espera de una nave así. Lo de que además flote es muy secundario, lo hemos dejado para una segunda fase de desarrollo.

Del S-80 Plus hemos vuelto a saber hace unos días, cuando el Ministerio de Defensa y Navantia, la empresa encargada de desarrollar el proyecto, han firmado un acuerdo acerca del sobrecoste del proyecto. Serán 1.650 millones de euros más, a sumar a los 2.135 del presupuesto en el que se adjudicó inicialmente la construcción de cuatro submarinos, lo que supone un sobrecoste del 72,5 por ciento.

El submarino español más mejor del universo va camino del fondo de la fosa de las Marianas

Así que llevamos 3.785 millones de euros y de momento lo único que tenemos seguro son los nombres de los cuatro submarinos: el primero se llamará Isaac Peral, en lo que pretendía ser un homenaje al español que parió este invento y se ha quedado en un sarcasmo. En teoría hace ya años que debería estar navegando, pero le pasa lo que a mí, que su "biología" se lo impide. Los ingenieros que se encargan de la que es la gran apuesta española por la I+D+i aplicada a la más alta tecnología tuvieron un ligero despiste: una vez diseñada la nave, su equipación y características y cuando todo iba viento en popa, a alguien le dio por comprobar la flotabilidad y resultó que se habían pasado en 125 toneladas de peso. Toneladas, 125, no kilos. Es decir, el entonces llamado S-80 era una nave de guerra chulísima y puntera para el caso de que en el futuro la guerra en el mar se libre en batallas estáticas sobre el fondo marino. Y que esas batallas sean breves, claro, porque si no es empate por asfixia.

Esto puede pasar. Supongo que es dejarse llevar por la emoción del momento: uno diseña la puñetera Estrella de la Muerte submarina y luego llegan los almirantes, se vienen arriba y empiezan a pedirte extras: a mí ponme los asientos de la sala de mando de cuero y reclinables, pues yo el periscopio lo quiero con retrovisores, pues en la sala de máquinas se echa en falta una de café y otra de cholatinas, los torpedos quedarían mejor cromados... y enseguida sumas 125 toneladas extra.

Rediseñar todo el proyecto llevó varios años y un mar de millones, porque hubo que alargar el submarino más de diez metros para compensar el exceso de peso. Ya que estaban, le cambiaron el nombre, porque ya sabemos que los nombres son algo fundamental en cualquier operación militar que se precie: le pusieron S-80 Plus. Inteligencia militar, llaman a esto.

El caso es que con los 1.650 millones que el Ministerio de Defensa ha comprometido hace unos días, se espera que el Isaac Peral, el primero de los nuevos Nautilus españoles destinados a gobernar los mares, esté a flote -con especial insistencia en lo de a flote- en septiembre de 2022. El objetivo es que sea, literalmente, el submarino no nuclear con mayor autonomía y discreción operativa, ya que estará dotado de algo llamado –sistema de propulsión independiente del aire (AIP)–, que le permitirá navegar durante dos semanas sin salir a la superficie.

Con otro ligero problema: el AIP no está inventado. Dos firmas españolas compiten por desarrollarlo, con tan mala suerte que hasta ahora ninguna ha conseguido hacer funcionar sus prototipos. La Armada, que es donde reside la inteligencia militar para grandes extensiones de agua, está convenida de que los dos prototipos serán culminados con éxito, aunque, dando muestras de esa inteligencia de la que hablamos, da por hecho que los dos primeros de los cuatro submarinos de la serie no tendrán el sistema AIP. Con suerte, dicen, irá instalado en el que se ha de entregar en 2026.

De acuerdo que el submarino español más mejor del universo va camino del fondo de la fosas de las Marianas, pero creo que todo lo que sea en defensa de España está bien gastado. El S-80 Plus es ya en realidad nuestra mejor arma, con una capacidad de disuasión próxima a la nuclear: habría que estar muy loco o muy necesitado para querer conquistar el único país que, habiendo tocado fondo, prefiere navegar sin salir nunca a la superficie.

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