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Sobran tractores en el campo

Agromuralla debe a los lucenses una explicación convincente sobre qué pretende conseguir manteniendo la tractorada

LOS GANADEROS DE Agromuralla llevan más de un mes ordeñando la paciencia de los lucenses y están acumulando excedentes de mala leche por cisternas. Y lo peor de todo es que parece que tampoco en esta ocasión saben cómo transformar esa leche para dotarla de un valor añadido que al menos haga que todo esto haya valido la pena. Porque de eso va todo, de que la ciudad al completo daría por buenas todas las molestias e inconvenientes de esta protesta enquistada si percibiera que se dirige hacia algún sitio, que va a servir de algún modo para ayudar a solucionar los problemas de un sector tan importante que la provincia entera lo siente como propio.

Llevan un mes ordeñando la paciencia de los lucenses y están acumulando excedentes de mala leche por cisternas

Por eso no está de más recordar algunos aspectos principales que se han ido diluyendo entre el cabreo, un cabreo, eso sí, muy al estilo de Lugo, de mohínes. Lo primero, que quienes mantienen el sitio de la ciudad son única y exclusivamente los ganaderos de Agromuralla, una asociación todavía informe surgida en la protesta de septiembre y octubre pasado como respuesta al descontento de unos cuantos cientos de ganaderos con las actuaciones del resto de organizaciones ganaderas, agrupadas en la Plataforma pola Defensa do Sector Lácteo.

Lo digo porque últimamente hay mucho integrista de nuevo cuño -se percibe claramente en los foros de la redes sociales- dispuesto a atacar a cualquiera que ose criticar el método de protesta elegido por Agromuralla o dudar de su eficacia, como si fuera una afrenta a todos los ganaderos y una traición al sector. Y no es así.

Yo, que simplemente pasaba por aquí, siempre he apoyado todas las reivindicaciones y he defendido las movilizaciones de los productores, por muchas molestias que causaran, cuando estas han estado enfocadas hacia los causantes de su situación: la industria, la distribución y las administraciones responsables de mediar y hacer cumplir los acuerdos. Son, de hecho, las movilizaciones que el pasado año y este se pusieron en marcha desde la Plataforma y las que obligaron a firmar los pactos por el sector, que si bien es cierto que todavía está por ver si se cumplen, son de momento el único clavo ardiendo al que agarrarse.

Agromuralla, hasta ahora, no ha conseguido nada tangible. Tal vez porque ni siquiera ha sido capaz de trasladar qué es lo que persigue, más allá de la defensa genérica del sector que a todos los ganaderos se les supone, faltaría más. No conocemos cuántos productores hay detrás, quién los representa, con quién se están reuniendo o dejando de reunir ni dónde, cuáles son los resultados de esas reuniones ni que beneficios han obtenido siquiera para sí mismos desde su escisión del resto de los productores lácteos. Hasta ahora, lo único de lo que podemos dar fe es de sus fluidas relaciones y buen rollito con las autoridades, especialmente con las del partido que tanto desde la Xunta como del Gobierno central tendrían que haber defendido sus intereses para que no se llegara a esta situación.

Estaría bien saber cuántas veces en la historia de la democracia unos manifestantes han obtenido un cheque en blanco de una Subdelegación del Gobierno para hacer lo que les dé la gana y hasta que les dé la gana. Autorización de carácter indefinido, lo más cerca que puede estar un gobernador de provincias de privatizar la calle, con dos pelotas, la Ronda adjudicada por tramos. No detecta en la situación, argumenta el subdelegado, un problema de orden público ni de seguridad. De verdad que le deseo que no tenga la desgracia de tener que defender esa posición delante de un juez por un camión de Bomberos que no llegó a tiempo a un incendio o una ambulancia bloqueada en su carrera hasta Urgencias. Porque a veces se nos olvida, se les olvida, que los representantes políticos y funcionarios también son responsables ante la ley.

Algo que tampoco estaría mal que recordasen en el Concello, específicamente en el área de Alcaldía. No obstante, mientras esperan ese informe de nunca acabar, tampoco sería demasiado pedir que pongan a funcionar los medios necesarios para que las molestias a sus vecinos y votantes sean las menos posibles. Si podemos enviar, como se debe, a una docena de policías locales a disolver a porrazos una fiesta de fin año porque hacían ruido, malo será que no se pueda contar con media docena de ellos en unos cuantos cruces, ¿verdad, señora alcaldesa?

Agromuralla, hasta ahora, no ha conseguido nada tangible. Ni siquiera ha sido capaz de trasladar qué es lo que persigue

Yo, y en esto y por una vez en la vida estoy seguro de hablar por la práctica totalidad de los lucenses, espero que se solucione cuanto antes el problema del sector lácteo, porque nos va en ello el futuro. Pero para convencerme de que prolongar esta situación en la ciudad tiene algún sentido necesito algo más que arengas y reproches. Necesito respuestas:

¿Qué intereses defiende Agromuralla y cómo ayudan en su consecución los tractores en la Ronda?

¿Qué exigencias y soluciones diferentes a las de la Plataforma de Defensa del Sector propone y por qué no apoyan las movilizaciones de la mayoría de los productores?

¿A quién le han hecho llegar esas propuestas, qué respuesta han recibido y qué están haciendo esas personas para ayudarles?

No me parece mucho pedir a cambio de mi comprensión, porque hasta ahora lo único que me va dejando claro esta tractorada es que sobran tractores en el campo gallego. Muchos, a cientos. Se llama racionalizar medios de producción, y ya está inventado desde hace mucho tiempo. Afrontar ese problema podría ser un primer paso hacia una solución duradera, y para darlo no necesitan ni acuerdos ni asaltar murallas, depende solo de ellos. Suerte.

Sobran tractores en el campo
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