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No está bien pegar al árbitro

EL FINAL del verano me ha llegado como el final de la tractorada, fuera de ritmo, partiendo al ralentí. Hasta ayer mismo los veía a los dos por mi ventana, los tenía aparcados a mi puerta, y hoy ya no me queda nada, han partido dejándome sabor a poco, como la mala leche, y sin saber por qué.

Lo del verano me lo temía desde hace un tiempo, ya me lo ha hecho otras veces, pero a los tractores tal vez los eche de menos. Se hacían querer, formaban unas postales de un tipismo muy recio y mantenían la Ronda da Muralla en su punto justo de circulación, si hubieran sembrado un par de carriles de maíz tampoco pasaba nada. Pero se fueron como se habían quedado, de un día para otro y sin motivo aparente.

A mí, ya digo, no me molestaban. Y si hay una ciudad que los ganaderos tengan derecho a ocupar bien puede ser esta, que los ordeña. Pero arreglar aquí algo de lo suyo, lo que se dice arreglar, la renovación del carné de conducir y poco más. Por eso no acabé de entender del todo estos días que su cabreo se concentrara en Lugo, un sitio que, por otro lado, solo existe para los lucenses y cuyo colapso, como hemos comprobado, no merece un segundo en los informativos, ni siquiera en los gallegos que pagamos todos, incluidos los ganaderos.

A lo mejor es que me estoy quedando anticuado hasta en lo de la lucha social, o que en realidad soy más violento de lo que por naturaleza me puedo permitir, pero yo para estas cosas siempre he visto más eficaz los vehículos propios cerrando el paso y los ajenos ruedas arriba con la carga desparramada por la cuneta. Y mucho más civilizado, como nos enseñan los agricultores franceses, siempre tan chics y europeos, tan cosmopolitas. Pero aquí ha sido amagar con el bloqueo de la industria y los centros de distribución y desaparecer tractores como si la cosa no fuera con ellos.

Tampoco hay que exagerar, la violencia nunca ha sido un buen consejo ni la solución de nada, aunque hay que reconocerle cierto arraigo como principio y una firme trayectoria como argumento intermedio, aunque solo sea para empeorarlo todo hasta que solo pueda mejorar. Yo para circunstancias de este tipo siempre alabo el ejemplo de Ángel Calles, otro compañero que se me ha marchado como el verano, como los tractores, dejándome solo desconcierto. Él retransmitía para una radio nacional aquel mítico partido ante el Oximesa, que significó el descenso del Breogán, en una actuación arbitral que no ha conseguido igualar en maldad y/o incompetencia el menos dotado de los ministros de Agricultura; Calles, informando al país de la indignación de una afición dispuesta a bloquear la cancha y la entrada a los vestuarios con sus tractores, relataba a micrófono abierto: "Todos sabemos que no está bien pegar a los árbitros, pero en este caso...".

Hay intereses que solo reaccionan ante la exhibición impúdica de la fuerza

Por supuesto, Calles, un tipo por lo demás alérgico a la violencia, fue despedido de la emisora con cajas destempladas y una ridícula dramatización por parte del director del programa, lo que impulsó definitivamente una impresionante carrera como informador deportivo. Normal, nadie puede tener mayor credibilidad que alguien que demuestra semejante falta de autocontrol ante la franqueza.

Luego, a lo que íbamos, hubo aquella manifestación multitudinaria en la que el todo Lugo gritó a la federación que o le arreglaban lo del descenso o le volcaban la competición en una cuneta, pero como era Lugo solo se enteraron los lucenses y el Breogán siguió descendido. A la hora del volcado, no apareció nadie.

A estas alturas del problema ya tenemos todos claro que no hay una solución simple y rápida a un problema tan complejo y largo como el del sector lácteo. Pero algo me dice que tampoco pacífica del todo. La marea blanca que ha nacido de forma espontánea como producto específicamente lucense en este conflicto ha estampado en sus camisetas el lema "la unión hace la fuerza". Seguramente es verdad, como también que hay intereses que solo reaccionan ante la exhibición impúdica de esa fuerza, a la que podemos llamar unión para entendernos. A veces hay que causar molestias, sobre todo para evitarse tantas molestias.

Sería, no obstante, un enorme avance si de algún modo esos miles de ganaderos lograran convertir ese lema en una estrategia sólida y sostenida en el tiempo, recia como sus tractores. Tampoco ando sobrado de optimismo en esto, el resultado de momento es la división de los productores, la retirada resignada de una buena parte de ellos a sus silos y el torpe intento de otros de bloquear unas industrias y unas distribuidoras que se saben más fuertes. Más desunión.

Se han marchado los tractores de la Ronda, el lugar donde nunca debieron estar y donde siempre serán bienvenidos, por el miedo a las consecuencias de la radicalización del conflicto, cuando la radicalización era la consecuencia inevitable desde el mismo momento en que se inició. Lo extraño es que tardara tanto, y que justo en este momento se alejen los tractores.

Dicen que si hace falta, que si no se cumplen unos acuerdos que, por otra parte, nadie sino ellos pueden obligar a cumplir, volverán a rodear la muralla a finales de octubre. Espero que no sea necesario, porque si lo es, volverá a ser igual de inútil. E igual de bien recibidos, aunque solo nos enteremos los de Lugo.

*Artículo publicado el domingo 13 de septiembre de 2015 en la edición impresa

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