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Menos humos

Los alemanes se aplican con su admirada eficacia a buscar un culpable del problema de Volkswagen, uno que no sean ellos


TRAS UN INESPERADO giro en el gran escándalo que afecta a Wolkswagen, parece que el asunto acabará como todos esperábamos: la culpa es nuestra, por preguntar. La KBA, que es algo así como la KGB del Gobierno alemán para la cosa de los coches, se ha puesto a investigar en serio las acusaciones que pesan sobre la emblemática multinacional alemana y su primera reacción ante los resultados ha sido avisar de que menos humos, Caperucita, que aquí por el tubo de escape abajo se van todos. Lo que toda la vida se ha llamado encender el ventilador delante de la porquería.

Los alemanes siempre han sido muy buenos buscando razones autoexculpatorias y chivos expiatorios, lo mismo un archiduque austríaco tiroteado que un grupo de judíos. Eso, lo de ser generosamente expansivos a la hora de repartir acusaciones y castigos pero manejarse con una precisión cirujana para responsabilizarse de sus errores, también es muy alemán. Como aquella vez en la que resulta que un pequeñísimo grupo de exaltados, apenas Hitler y tres o cuatro amargados más, diez como mucho, hicieron todo aquello sin que los otros 68 millones de alemanes se percataran de nada, engañados.

La póliza estándar para presidentes que hacen ganar miles de millones a suempresa con decisiones de las que no saben nada

Más o menos como ahora con esto de VW. Ya dejó apuntado Martin Winterkorn antes de dimitir como presidente ejecutivo que nadie de entre los directivos sabía nada de nada y que estaban sorprendidísimos, pero que todo indicaba que los responsables eran «un reducido grupo de ingenieros» que habrían actuado por su cuenta, y que la principal engañada era la propia empresa. Luego cogió sus 30 millones de euros de pensión y se fue a su nido del águila, no sin antes asegurarse de que estaba en orden la póliza de seguros que la empresa tenía contratada, seguramente por pura casualidad, para cubrir las posibles responsabilidades personales de la directiva para estos casos. La póliza estándar, supongo, para presidentes que hacen ganar cientos de miles de millones de euros a su empresa con decisiones de las que no saben nada de nada. Si con estos mimbres llegó VW a ser la mayor fabricante de vehículos del mundo y la más poderosa de las multinacionales europeas, no quiero ni pensar hasta dónde podría haber llegado con una directiva que supiera hacer siquiera algo, por poco que fuera.

Pero no, para decepción de todos los que confiamos y depositamos cualquier esperanza de futuro en la eficacia de nuestros socios alemanes, resulta que ese éxito de ventas era fruto de una simple ocurrencia de unos pocos ingenieros, emboscados como asaltacaminos detrás de cualquier cadena de montaje y dispuestos a llevar a su empresa a lo más alto, ha hacerle ganar cantidades indecentes de dinero, solo por hacerle daño.

Y no descarto para nada que al final la investigación interna de VW concluya que esos ingenieros eran además españoles, empleados en cualquiera de su filiales de por aquí. Hay claros indicios, el principal, el modo de funcionar del software: detecta cuando el vehículo está en modo de control de emisiones y manda órdenes al motor para que genere menos gases contaminantes, aunque durante ese breve instante pierda prestaciones y consuma más. Esto es muy español, lo típico de que no te privas de ningún vicio, comes y bebes cada día como si no hubiera un mañana, pero el día de antes de tener que ir a hacerte análisis de sangre y orina no bebes alcohol y cenas una tortilla, convencido de que solo con eso te van a quedar unos análisis alicatados. Porque lo de menos es que tengas el colesterol en números de proeza, lo importante es llegar al bar con una analítica indulgente y restregársela por la cara a los colegas con los que compartes las cañas y los cocidos.

No sé si al final serán ingenieros españoles o no, pero sí que al final el castigo de lo de Volkswagen se lo van a llevar a los de siempre. Y a nosotros ya nos está empezando a llegar, primero en forma de amenazas sobre la anulación de inversiones que la multinacional decía tener previstas para sus fábricas en España. Y, segundo, en forma de presiones a la Unión Europea, que de momento no solo no ha exigido explicaciones, responsabilidades y compensaciones a VW, sino que está revisando al alza sus niveles permitidos de emisión de gases contaminantes. Resulta que Manuela Carmena podrái arreglar el problema de la polución en Madrid simplemente impidiendo circular a los coches de las marcas de VW, y vamos a terminar certificando el CO2 como gas sano y recomendable, a dispensar con receta médica.

No descarto que al final la investigación interna de VW concluya que los ingenieros que idearon el fraude eran españoles

No será la primera vez, deberíamos estar acostumbrados. Ya nos hizo esta misma jugada la Alemania de Merkel con las pruebas de estrés a la que se sometió toda la banca europea con motivo de la crisis, pruebas de las que quedó excluido porque sí la mayor parte del sistema bancario germano, que ahora ya sabemos que no era tan sólido. O haciendo pagar a Grecia y al resto de Europa, por seguir con el tema de la banca y la inimputabilidad germanas, las pérdidas provocadas por las arriesgadas operaciones de sus banqueros en torno a la deuda griega.

Los cálculos más pesimistas sitúan en torno a los 38.000 millones las pérdidas -entre caídas de la cotización, reparaciones e indemnizaciones- que puede sufrir VW por el fraude de los gases contaminantes. Solo en 2014, sus beneficios declarados fueron de 11.000 millones. Con lo ganado en tres años gracias, en buena parte, a sus trampas, paga todo. Lo digo por mantener este problema en el plano económico en el que se ha movido exclusivamente hasta ahora, porque lo de menos, claro, es que esos gases nos estén matando.

Artículo publicado el pasado domingo 15 de noviembre en la edición impresa de El Progreso.

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