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Maxiidiotas

La sensación de que nos tratan como a gilipollas se está cronificando, la asumimos como algo rutinario

Conciliación familiar


SERÉ YO, no digo que no, pero no puedo evitar la sensación casi permanente de que nos tratan como a gilipollas. Bueno, a mí, no quiero generalizar con esto de la gilipollez porque hay gilipollas muy suspicaces, una combinación muy habitual en los idiotas a jornada completa. Ya sé que esto de que tipos de cualquier sector a los que no conoces de nada te traten como a un imbécil mientras te lo venden como un favor ha pasado siempre. Lo que quiero decir es que ahora esa sensación es más habitual, casi constante, rutinaria. Y que además ya lo hacen sin pudor ni comedimiento, con un punto de regodeo.

A lo mejor lo merecemos, es una posibilidad. Si se comparan, por ejemplo, los últimos resultados electorales con las últimas actuaciones judiciales, hay que reconocer que motivos les estamos dando. Pero podían cortarse un poco, contener el descaro.

Era solo eso, un ejemplo, no pasa solo en política, se va generalizando. Son pertinaces y acechan en cualquier lugar. Hoy mismo leo una información en la sección Negocios de un diario nacional. "El furor de las minicasas llega a España", titula, para presentar el asunto como "una corriente, casi una moda, que gana adeptos por el mundo". Parece documentada y bien escrita, pero vas avanzando y caes en la cuenta de que te están vendiendo como la vivienda más cool del momento la granja de Pin y Pon: módulos prefabricados de entre 18 y 40 metros que se dejan caer en cualquier trozo de terreno que se tenga a mano.


Hasta que caes en la cuenta de que te venden como la casa más cool del momento la granja de Pin y Pon


Me doy cuenta de lo equivocado que estaba al tomarme la propuesta como una tomadura de pelo cuando me voy informando de que "lo que importa es la calidad y no la cantidad de metros, estancias o muebles". "Preferimos hablar de actividades que de espacios. Es importante pensar de una manera distinta", recomienda el arquitecto de una de las empresas que las vende.

Otro igual de entregado insiste en demostrarme que mi cara de estupor no tiene razón de ser y que solo se debe a mi ignorancia, porque "son casas con menos de 40 metros cuadrados donde tal vez lo menos acertado sea su nombre, ya que pueden ser mucho más ricas especialmente que cualquier otra vivienda y con mayor calidad. En el estudio les llamamos maxicasas. 40 metros bien diseñados pueden ser un lujo".

Hombre, así sí: no es lo mismo pensar en 30 metros cuadrados de mierda que en una maxicasa. Que será lo mismo, pero no es ni parecido. Además, se les puede poner ruedas, con lo que por el mismo precio tienes la granja de Pin y Pon y la caravana de Pin y Pon. Si la enganchas al descapotable de la Barbie ya tienes el sueño de cualquier familia.

Aunque si queremos hablar de auténticos maestros del pensamiento creativo, hay que quitarse el sombrero ante los representantes de la CEOE. La patronal se sienta estos días con Gobierno, sindicatos y otros agentes sociales para ver si encontramos soluciones a uno de los problemas más serios que tenemos: la conciliación laboral y familiar, algo que a los que todavía tenemos trabajo nos afecta diaria y directamente mucho más que la organización territorial, pongo por caso.

Los empresarios llevan perfectamente identificado y acotado el problema, y las soluciones en su informe Perspectiva empresarial sobre la conciliación de la vida laboral y familiar. El asunto no va, como podría pensar cualquier maxiidiota como yo, de flexibilizar horarios laborales, facilitar el teletrabajo o apostar por la eficiencia en lugar de por el presencialismo a la hora de valorar la productividad de los trabajadores, de manera que estos pudieran pasar más tiempo con sus familias. Eso es carencia de visión alternativa, como mirar una minúscula caja prefabricada de 30 metros cuadrados y ver un ataúd grande en lugar de la orgía de metros cuadrados, luz y espacios multifunción que es.

Pero para esto la CEOE, para ampliar nuestros horizontes: la imposibilidad de conciliar la vida laboral y familiar se debe, razonan en su informe, a "la escasez de oferta de servicios para el cuidado de hijos y familiares dependientes", para lo que no puede haber otra solución que ampliar los horarios de guarderías, para que abran más temprano y cierren más tarde, universalizar la escolarización de cero a tres años y "dotar de flexibilidad a los horarios tanto de los centros educativos como de atención a personas dependientes para lograr una conciliación efectiva, que se ajuste a las necesidades de los trabajadores".

Así sí que se entiende: los trabajadores en realidad no queremos pasar más tiempo con nuestros hijos y familiares, sino no tener que preocuparnos de ellos, que son una molestia constante, y eso se arregla con más horas de guardería para los bebés y de centro de día para los abuelos. Si pudiera ser todo el día, mejor. Todo son ventajas, porque no necesitando ya el espacio que ocupan ellos y pudiendo estar nosotros más horas en el trabajo, tenemos metros más que de sobra con los treinta de una de esas casas para gilipollas tan de moda.

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