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La pegatina

Lo mismo vale para crear el Iphone extremeño que para formar un gobierno: basta con cambiar los adhesivos

L A MARCA España es una pegatina. A eso se reduce todo, a un adhesivo de quita y pon tras el que esconder vergüenzas, con el que arrancar memorias. Y lo mejor de todo es que funciona, simple, hasta estúpido si se quiere, pero eficaz. 

Lo acaban de demostrar una vez más unos tipos de Zafra, que han sido capaces de convertir una pequeña tienda de reparación de teléfonos móviles en otra de esas prometedoras firmas puntocom que iban a poner al país en la vanguardia de la innovación, como hicieron antes otros emprendedores Marca España 2.0, como el creador de Gowex o el de la ciberdivisa unete. Los extremeños al menos han dado para un nombre chulo, muy nuestro, el Bellotagate

Teclearon bellota en el buscador de imágenes del Google y al primer dibujo que salía le dieron un mordisco, como a la manzana de Apple, y ya tenían medio Iphone, la parte más valiosa del mismo, la pegatina. Lo otro, la tecnología, es lo de menos: Steve Jobs ya había demostrado hace tiempo que a nadie le importa el teléfono cuando de lo que se trata es de tener un Iphone, y menos aún si se puede tener a precio de cuñado. Eso hicieron, un Iphone para cuñados en un país de cuñados. 

A eso se reduce todo, a un adhesivo de quita y pon con el que esconder las vergüenzas, con el que arrancar memorias

No se dejaron un detalle, no escatimaron: el aparato lo encargaron a la cuna de los Iphones, China. Sea porque en Extremadura no andan fluidos en mandarín o por cualquier error de traducción, les resultó que en chino Iphone se pronuncia Xiaomi. Compraron unos cuantos miles a buen precio, los abrieron, pusieron por encima de las pegatinas de Xiaomi las suyas, les cambiaron las carcasas por unas con su bellota mordida y los vendieron por el doble de precio bajo su marca, Zetta. Después de todo, qué podía fallar. 

Pues falló lo de siempre. En este país nadie sabe mantener la boca cerrada, enseguida nos venimos arriba. Para qué vale si no lo podemos contar. Primero fueron las entrevistas en los medios de comunicación regionales, que si los billisgates y los estevejobs locales, tecnología de Zafra para el mundo y todas esas exageraciones en las que los periodistas pedestres nos encontramos cómodos. Luego, la televisión autonómica y, de ahí, al despacho del presidente, Guillermo Fernández Vara, que ya se veía poniendo la primera piedra del Silicon Valley extremeño, talento pata negra. 

Hasta ahí, todo bien. El problema, nos pasa a todos los que nos sabemos más listos que los demás, es que nunca acertamos a saber cuándo parar. Un reportaje sobre el milagro extremeño en un medio de alcance nacional puso al Zetta y a sus creadores bajo el foco más de lo aconsejable. Alguien con más tiempo, conocimiento y ganas que los periodistas que los habían encumbrado se molestó en analizar los terminales y de poner fin a la mascarada: se demostró que eran teléfonos de Xiaomi a los que se les habían puesto por encima otras pegatinas; ni siquiera se habían molestado en quitar las originales, solo las habían tapado con las suyas y habían colocado la carcasa con la bellota. 

Brillante. Sin pretenderlo, habían completado el retrato más fiel de España, un país en el que hace décadas que ni se crea ni se destruye, solo se sustituye la pegatina. 

El retrato más fiel de España, un país en el que desde hace décadas ni se crea ni se destruye, solo se sustituye la pegatina

"Hemos sido insultados, atacados sin piedad y nos ha dado miedo hasta salir a la calle y que nos reconocieran; es completamente injusto, porque no hemos hecho nada, no hemos engañado a nadie, los móviles funcionan perfectamente", lloran ahora los emprendedores extremeños, irritados por la ingratitud, como lloraba ante el tribunal del caso Gurtel Francisco Correa, otro emprendedor pata negra al que le han tapado el logotipo del PP: "Me dicen, ¿usted entregó una comisión? Pues sí. Pero es normal en el sector privado... Esto es una práctica habitual del país, del sistema. Existen muchos Francisco Correa. Todo el mundo copia en los exámenes y al que le cogen le expulsan. A mí me cogieron y estoy aquí sentado en el banquillo". 

Pues sí, te jodes, es la Marca España, parece recordarle Mariano Rajoy, antes de disponerse a cambiar las pegatinas a su partido y a sí mismo: "Se juzgan cosas de hace mucho tiempo y no hay nadie del PP en el banquillo", miente el presidente del partido, el diseñador de las campañas que financiaban en B con las comisiones que recaudaban Correa y Bárcenas. Y luego nos vende otro gobierno de baja calidad y al doble de precio, con el sobre de la mordida como logotipo. 

No importa, se lo vamos a comprar otra vez, al PSOE le parece un buen precio porque el móvil cubre sus necesidades y se paga con el dinero de todos, no con el suyo. Su crédito lo ha empleado en encargar nuevas pegatinas y otras carcasas. No será la primera vez, el partido se ha ido acostumbrando a la estafa y el lavado de cara. El problema es que de tantas veces repetido, de tantos adhesivos falsos tapando los anteriores, les va a ser difícil vender su producto incluso a sus propios clientes. 

También le salen las cuentas a Ciudadanos, otra promesa venida a menos, la falsificación más zafia en el mercado. Al menos de ellos se puede decir que no han sido ambiciosos en el precio, se venden de saldo, y que todos sabíamos lo que comprábamos, producto de usar y tirar. 

Es verdad, existen muchos Francisco Correa. Tienen razón los creadores del Iphone extremeño cuando gimotean por la injusticia del reproche social. Uno y otros no son sino el reflejo de la España que somos todos, los torpes a los que han pillado copiando, los cabezas de turco a quienes señalamos para que los demás podamos seguir en la mismas, pegándonos etiqueta tras etiqueta, camuflando el fraude que somos, cambiándonos las carcasas en un eterno juego de pillos en el que lo único que importa es la última pegatina.

La pegatina
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