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Galicia criminal

Una sentencia del Tribunal Supremo ha dejado fuera de la ley la retranca, señalada como un arma de destrucción

VAYA POR delante que a lo mejor este artículo, por mala redacción, por mala combustión o por lo que sea, me va saliendo delictivo y resulta que usted se está convirtiendo en cómplice de un crimen, como cooperador necesario en su difusión. Aviso porque tal y como se están poniendo las cosas de la Justicia no se puede uno fiar; no quiero buscar problemas a nadie, pero aquí si nos mandan para adentro vamos todos. Delincuentes sí, pero a vaquiña polo que vale.

La advertencia puede parecer exagerada, pero toda precaución es poca después de la sentencia del Tribunal Supremo que condena a un año de cárcel al líder de Def con Dos, César Strawberry, por unos tuits en los que, con más o menos acierto, recurría a la ironía, el sarcasmo y la exageración para hacer crítica social y política. La Fiscalía y la sala del Supremo presidida por otro fiscal en excedencia, Manuel Marchena, lo han entendido como enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas, una interpretación que no comparten ni las propias víctimas que la sentencia dice defender.

En uno de esos giros que da la vida, que de jodidos y arteros que son llamamos ironías del destino, la publicación de la sentencia coincide en el tiempo con la carta que la nieta de Carrero Blanco publicaba en El País en contra de otra decisión de la Fiscalía en la misma dirección, al solicitar dos años y medio de prisión para una joven por un tuit sobre la voladura del que estaba llamado a ser el sucesor de Franco. Sí, los chistes sobre Carrero Blanco, un clásico de la transición, intrahistoria de nuestro país, cima de nuestras hazañas atléticas, convertidos en delito en 2017. La nieta del nunca suficientemente llorado marino y aviador patrio se sentía, textualmente, mucho más ofendida, preocupada y amenazada por el ataque de la Fiscalía contra la libertad de expresión y opinión que por el tuit escrito por una chavala que de no ser por la propia Fiscalía no hubiera superado el ámbito privado ni publicado en una red social.

Strawberry no debería haber llevado a un abogado defensor, sino a un académico de la lengua

La decisión del Tribunal Supremo de Orden Público supone además la revocación de la sentencia emitida en primera instancia por la Audiencia Nacional, nuestro tribunal especialista en terrorismo, que había absuelto al cantante al considerar demostrado que no hubo en sus mensajes ninguna intención ni de exaltar el terrorismo ni de ofender a unas víctimas que, por otro lado, tampoco se habían dado por ofendidas. Decidió la absolución atendiendo al contexto: es decir, la trayectoria creativa y de activismo social de César Strawberry, así como las circunstancias en las que había publicado esos tuits y su interpretación más allá de la literalidad para cualquiera con un índice de comprensión lectora mínimo, permitían determinar que la intención última de los mismos no tenía nada que ver con el terrorismo, sino con la expresión de una crítica política y social. Que se podrá compartir o no, como todas, pero no esconde atisbo de delito.

Los jueces del Supremo comandados por Marchena, elemento de una tendencia ideológica al menos tan marcada como la del líder de Def con Dos, anulan la absolución y argumentan su condena precisamente en la inexistencia del contexto: es decir, en su opinión lo que cuenta exclusivamente es la literalidad del mensaje, independientemente de las circunstancias, el lugar, el modo o la situación en la que se emite dicho mensaje.

Así, de un plumazo, han criminalizado no solo la libertad de expresión y opinión, sino la mismísima lingüística, desde la semántica a la gramática pasando, a poco que se apuren, por la ortografía. Strawberry no debería haber llevado a un abogado defensor, debería haber llevado a un académico de la lengua.

Es exactamente el contexto y las infinitas opciones que abre su interpretación lo que convierte a un idioma, a una lengua, en un instrumento tan eficaz y rico de comunicación. Sin él, no podríamos hablar de una lengua como tal, elemento básico de nuestra identidad individual y colectiva, no pasaría de ser un simple conjunto de signos, como las señales de tráfico o las banderitas de los barcos.

Puestos a llevar el asunto al absurdo nivel en que lo han situado el Supremo y la Fiscalía -ministerio público, le decimos, entendiendo por el contexto que no queremos decir lo mismo que cuando hablamos, por ejemplo, de mujer pública-, esta sentencia criminaliza directamente una de las esencias de Galicia, la retranca, tal vez la seña de identidad más determinante del ser gallego, junto con el respeto reverencial al cerdo. De la Galicia caníbal de Os Resentidos hemos llegado a la Galicia criminal con Def con Dos.

Esa combinación única de ironía, absurdo, sarcasmo y escepticismo que determinan la retranca no puede existir fuera de su contexto en cada momento, porque de hecho lo único que no importa en ella es la literalidad.

Así que, en este contexto creado por la sentencia, mejor vamos los gallegos escondiendo nuestra retranca en zulos como el arma de destrucción que es, no sea que la literalidad nos estalle en los bajos y el que bata el récord de salto de altura del almirante sea el Estado de derecho.

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