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Asaltacaminos

Salir a la carretera es una aventura en la que en cada cruce hay alguien metiéndote la mano en el bolsillo

Baches en la N-540. J. VÁZQUEZ
Baches en la N-540. J. VÁZQUEZ

TENGO LA SUERTE de no tener que viajar demasiado a menudo en coche, porque últimamente es poner una rueda en el asfalto y pillarme unos cabreos sin freno. No me quiero ni imaginar lo que tienen que pasar y pensar los que consumen media vida en la carretera, obligados por sus trabajos.

Las carreteras, da igual el ancho y la titularidad, se han convertido de un tiempo a esta parte en terreno propicio para todo tipo de asaltacaminos, en cuanto te descuidas hay alguien metiéndote la mano al bolsillo. Cada bandido a su modo, pero todos a lo mismo, y casi siempre con la disculpa de que es por nuestro bien.

Por nuestro bien, por ejemplo, las grandes compañías adjudicatarias de autopistas y las grandes distribuidoras que controlan la mayor parte de las gasolineras han eliminado poco a poco a las personas que antes te atendían en los peajes y en las gasolineras. Pago fácil, le llaman en algunos carteles, con dos narices.

La desaparición de miles y miles de puestos de trabajo, por mucho cartelito que le pongan y mucho eslogan que quieran vendernos, no han mejorado nada, salvo las cuentas de beneficios de esas grandes empresas. Las colas en los peajes son cada vez mayores que cuando al menos te atendía un trabajador, aunque no te mirase ni a la cara, que ni falta hacía. Que si no acercas lo suficiente el coche a la maquinita, que si no aciertas con la ranura del tique, que si cuentas las monedas y que además no se te caiga ninguna fuera por la ventanilla, que si la maquinita te escupe varias veces el billete porque está arrugado, que si no alcanzas a coger las vueltas y tienes que quitarte el cinturón y hasta salir del coche... A poco que te toquen un par de torpes como yo se montan unos cirios del copón. A las adjudicatarias, claro, eso les trae sin cuidado, es de nuestro tiempo del que gastan.

Cualquier tarado con un mal día o la pastilla equivocada tiene en sus manos un fusil de gasolina a chorro

Por nuestro bien, decía, están desapareciendo también los trabajadores que antes atendían los surtidores de gasolina, sin que tampoco hayamos encontrado ninguna ventaja en ello. En la mayoría de los casos, el autoservicio ni siquiera implica una rebaja en los precios, pero tienes que salir, ponerte unos guantes si los hay, programar el surtidor si sabes, sujetar un buen rato la manguera (esa es otra, ¿por qué la pestaña para bloquear el gatillo de la manguera y no tener que sostenerla todo el rato nunca funciona?) y andarte con mucho cuidado de que no te escurran las gotitas del final por la carrocería o por los zapatos, porque si no vas oliendo a gasolina 300 kilómetros. Y entrar a pagar, claro. A ver si alguien me explica despacito las ventajas, porque no lo pillo.

En el caso de las gasolineras yo añado además la desconfianza que paso hasta que me piro, pensando en que cualquier tarado con un mal día o la pastilla equivocada tiene en sus manos un fusil de gasolina a chorro en un lugar atiborrado de depósitos y coches. Un camarero necesita un carné de manipulador de alimentos hasta para servirte unas aceitunas con anchoa, un paisano tiene que estudiar y sacarse un permiso especial para sulfatar cuatro lechugas en la huerta, pero resulta que cualquiera está capacitado para manejar combustible inflamable a chorro. Poco nos pasa para lo que merecemos, de verdad.

Bueno, a lo mejor es que sí es necesario todo esto, porque esas grandes contratistas arriesgan mucho dinero. Por ejemplo, Albertis, la causante del tremendo caos que el pasado invierno mantuvo a centenares de conductores atrapados durante más 18 horas en la nieve en la AP-6. Es comprensible que Albertis tenga que recortar empleos y gastos, e incluso sisarnos unos céntimos aquí y otros allí, porque si no no podría afrontar la multa récord que esta misma semana le acaba de imponer Fomento por aquello: 1.200 euros, una salvajada. esperemos que esta multa no la lleve a la quiebra y tengamos que rescatar también la AP-6 como rescatamos aquellas otras autopistas, que no nos iban a costar un euro y yo paré de contar cuando íbamos por 3.000 millones.

Y es que a Fomento le cuesta ponerse, pero cuando se pone es la leche, ¡será por dinero! Ya se lo dijo esta semana a los alcaldes en una reunión Ramón Carballo, el subdelegado de Lugo, que hay pasta para aburrir y van a poner la N-540 como los chorros del oro. Solo le faltó atarse la corbata a la frente, como el padrino de la boda después de dos horas de barra libre, y decir: "Eh, chisssss, chaval: que no falte de nada, que todo esto va de mi cuenta".

Ha prometido Carballo que no van a dejar un bache, lo que se ajusta literalmente a la realidad: la carretera entera es ya un solo bache. Como lo son muchos tramos de la A-6 por los que circular a 120 es una temeridad, o buena parte de la N-640, la N-6, la N-547 o algunas de A Mariña.

A lo mejor esta vez es verdad y sí hay dinero, tal vez el que se ha ahorrado Fomento todos estos años en los que no se ha invertido un céntimo en las carreteras lucenses. O quizás piensa pagar con lo que saque de la multa a Albertis. Hasta ver, yo mejor me voy a quedar en casa, estoy harto de asaltacaminos. Hace unos días una buena amiga me dijo que, para ella, el tema de Eta estaba finiquitado.

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