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Arsenio por compasión

Fernández de Mesa es el reflejo de los últimos 40 años de España: de auxiliar de jardinero a consejero de Red Eléctrica

EN UN país ingrato y desagradecido como este, que desconoce su historia y cuya memoria no alcanza más allá del último debate en el Sálvame Deluxe, hay hombres tan grandes que no pueden aspirar sino a la gloria de los siglos, a la satisfacción íntima del deber cumplido frente al vocerío inane de la chusma ignorante. Es el caso de Arsenio Fernández de Mesa, a quien primero el tiempo y luego la historia concederán los galones que ahora se le regatean, alzando su figura hasta los pedestales que la nación reserva para los miembros de esa estirpe heredera de la tradición caudillista que supieron entregar sus vidas para la grandeza de la patria.

O no, que también puede ser, porque con Arsenio nunca se puede estar muy seguro de nada.

"Lo más importante es poner a salvo las costas españolas", dijo justo antes de enfilar el Prestige hacia el punto geográfico preciso para que el chapapote pudiera llegar a todas las playas, del Atlántico al Cantábrico. "El destino del fuel en el fondo del mar es convertirse en adoquín", confirmó unos días antes de tener que acompañar a Mariano Rajoy, ambos en traje y zapatito castellano, a dar saltitos por la playa entre charcos negros como el alma de un gobierno. "Hay una cifra clara, y es que la cantidad que se ha vertido no se sabe", sentenció luego, con precisión gallega.

Mantiene su lealtad perruna de cachorro del tardofranquismo y mascota del prontofraguismo


El recurso al desconcierto como estrategia de gestión lo trasladó luego a la dirección general de la Guardia Civil, otro de esos puestos que se vio obligado a asumir en atención al bien general, sin mayor preparación ni parapeto que su limpieza de criterio: "No se han usado pelotas de goma contra los inmigrantes, sería inhumano", se santiguó ante la aparición de 15 cadáveres en las playas de Ceuta, los de otras tantas personas que trataban de ganar España a nado; 16 guardias civiles siguen imputados tras la aparición poco después de imágenes en las que se les veía disparando pelotas de goma contra los inmigrantes que trataban de mantenerse a flote.

Habrá envidiosos que vean en todo esto una inutilidad incapacitante, pero, muy al contrario, no es sino la prueba de un carácter asentado en convicciones y costumbres forjadas desde su juventud en El Ferrol del Caudillo. Mantiene inconmovibles desde entonces su lealtad perruna de cachorro del tardofranquismo y mascota del prontofraguismo, la gomina que esculpe su peinado de jefe local del Movimiento y una vocación de servicio público ajena a cualquier acomodo.

Porque Arsenio, y eso parece que nadie se atreve a decirlo, no tenía ninguna necesidad de meterse en estos berenjenales. Él podría haber sido muy feliz y una persona completa en su plaza de auxiliar de jardinería del Puerto de Ferrol. O como pintor de barcos en la industria naval ferrolana. Quién sabe si incluso a estas alturas no podría estar disfrutando de una cómoda jubilación anticipada, tal vez concedida por un leve problema respiratorio por la larga exposición a pinturas industriales.

Pero no lo hizo, renunció a todo eso por amor a su país y, lo que es todavía más importante, a su partido, que supo ver en él todas la capacidades que luego ha ido demostrando en todos los puestos que ha ocupado durante los últimos 40 años, de concejal a diputado, pasando por la delegación del Gobierno en Galicia o por la dirección de la Guardia Civil.

En todas sus encomiendas ha demostrado, además de las aludidas capacidades de gestión, una voluntad de aprendizaje y superación sin matices. Su breve contacto con las pinturas de barco se refleja en su currículum como "Inspector Técnico de la multinacional inglesa International Marine Coatings Ltd en su departamento Marítimo en Galicia, Asturias y Cantabria". Unos cursillos especiales para diputados y senadores que se impartieron en un par de días en el Congreso lo convirtieron en "diplomado en Altos Estudios Militares y Altos Estudios de la Defensa". Y de su paso por la Guardia Civil ha salido retratado como un general del siglo XIX, con banda de la Gran Cruz Naval con los colores de la bandera española, guantes, bastón de mando y 14 medallas en el pecho.

Quién mejor, por tanto, para ocupar ahora un puesto en el consejo de administración de Red Eléctrica, la empresa semipública que controla las infraestructuras de transporte de la electricidad en España. En un par de añitos que le dejen, en su currículum figurará como "coinventor de la bombilla".

Arsenio es la metáfora perfecta de los últimos cuarenta años de este país, su biografía lo encierra todo: el blanqueamiento ideológico, la mediocridad que crece al calor de unas siglas, la política de amiguetes, el presupuesto público al servicio de los partidos políticos... No solo se ha ganado su puesto en Red Eléctrica, sino también el derecho a que su cara se imprima en cada uno de los 150.000 euros que se va a llevar al año. Y cuando lo deje, debería ser embalsamado y su momia exhibida por todas las aulas de Historia de este ingrato país, antes de descansar definitivamente en la catedral de Santiago. Arsenio y cierra España.

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