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Un dos por ciento

Excusa. ORLANDO BARRÍA (EFE)
Excusa. ORLANDO BARRÍA (EFE)

UN DOS POR CIENTO es una mierda. Al menos en mi nueva normalidad, en la que soy el mismo pringado que en la antigua. Igual si eres un banco que puede andar jugueteando con los 700.000 millones de euros que ha fabricado el BCE para regar las economías europeas, pues un dos por ciento es una juerga. Supongo que es por ese tipo de detalles por los que la banca parece vivir una fiesta permanente, porque sabe apreciar esas pequeñas cosas en las que Groucho Marx decía que se escondía la felicidad: una pequeña mansión, un pequeño yate, una pequeña fortuna... un pequeño margen de beneficio.

Pero con mi cuenta bancaria bastante tengo con evitar las comisiones de descubierto, mi 2% se calcularía en decimales, soy un broker de miseria. Hay un 10% de posibilidades, cinco veces más, de que te toque la Lotería, al menos el reintegro, y se nutre de perdedores.

En la última jornada de la Liga de Segunda A, las posibles combinaciones de resultados daban al Deportivo de A Coruña un 32 por ciento de posibilidades de permanencia. Ahora ya ven, solo le falta denunciar a Fernando Simón como culpable de expandir el coronavirus para provocar su descenso. Un aldraxe, la nueva Toma da Frouxeira con el Pardo de Cela de Castrofeito perdiendo la cabeza.

Un dos por ciento de posibilidades de salir con vida era lo que le daban los médicos a Fernando Fernández Allende, el fundador del Ensino de Lugo, mientras estaba intubado boca abajo infectado por el coronavirus. Estuvo ingresado tres meses en el Hula, dos de ellos en la Uci. Se lo contaba a mi compañero Rubén F. Dorado en la tremenda entrevista que publicó en este periódico el viernes. Se lo dijo una doctora mucho después, cuando ya estaba despierto y le iban explicando poco a poco qué había pasado: "Hubo un momento que solo tenías un dos por ciento de posibilidades de salir, era muy probable que no pudieses despertar".

Ahora, ya en su casa, cogido de la mano de su esposa, Laura, mira lo que está pasando y no da crédito. "Yo alucino al ver esas celebraciones, esos botellones... ¿Cómo es posible que no se den cuenta de que pueden morir o que pueden estar mucho tiempo sin saber nada del mundo y quedar con problemas?".

Leo sus palabras y me siento culpable, y eso que voy de responsable. Pero es que para llegar a la entrevista hay que pasar páginas que hablan de segundas oleadas, de brotes que estallan de un momento para otro justo donde más bajamos la guardia: en una reunión familiar, en el bar de siempre con los amigos de siempre, en el trabajo con los compañeros. Páginas que hablan de administraciones tomando decisiones voluntariosas pero deslabazadas, hoy una y mañana la contraria, dando palos de ciego ante una situación que si no está otra vez fuera de control, se le parece mucho.

Tampoco creo que haya mucho más que hacer, estamos avisados: dependemos de nosotros mismos. Cada uno de su propia responsabilidad y de la de quienes le rodean. No tenemos excusas, si queremos exigir responsabilidades a unas autoridades por momentos superadas, primero debemos cumplir con las nuestras. Es una simple cuestión de porcentajes, que no protegen de nada ni nunca se sabe a favor de quién juegan.

Se supone que este es mi último artículo antes de irme de vacaciones. No sé qué tanto por ciento de posibilidades tengo de poder disfrutarlas o de que un mal brote me acabe confinando, pero sé que depende en buena parte de mí. Y de ustedes, así que pónganse la mascarilla y no me jodan. Nos vemos.

Un dos por ciento
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