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Un respeto para Madrid

Isabel Díaz Ayuso. EFE
Isabel Díaz Ayuso. EFE

A MADRID HAY QUE tenerle un respeto. Y miedo, sobre todo mucho miedo porque es un imperio en declive, un animal herido peleando por su vida. Es capaz de todo y en estas circunstancias nunca sabes por dónde te puede atacar. Los imperios mueren matando.

Si la soberbia de Pedro Sánchez le dejara ver algo más que su propia imagen ante el espejo debería prestar más atención a lo que dice Madrid, su emperatriz y su consejo de notables. En especial cuando hablan sin pensar lo que dicen, casi siempre, porque es entonces cuando dicen lo que piensan.

Madrid siempre va un paso por delante. En su Gobierno hay una Consejería de Víctimas, aunque su idiosincrasia de poblacho que no se acaba de sacudir el pelo de la dehesa le conserve en las tripas ese complejo de superioridad atávico de la capitalidad mal digerida: es una Consejería para víctimas con apellidos, las del terrorismo, porque en Madrid o tienes un apellido o tienes hambre.

El consejero de Justicia, Interior y Víctimas es Enrique López, un juez muy popular. Ayer aseguraba que el Gobierno de España había aplicado el estado de alarma sanitario en la Comunicad "para proteger al resto de España de Madrid y no para proteger a Madrid". Lo blandía como reproche, echándoselo en cara. Es lo que digo, hay que escucharlos cuando hablan sin pensar.

No es la primera vez que nos tienen que proteger de Enrique López. Cuando lo auparon por aclamación popular al Tribunal Constitucional, tuvo que dimitir después de que la Policía lo pillara un domingo a la siete de la mañana en moto, sin casco y tras saltarse un semáforo en rojo; en la prueba de alcoholemia dio 1,10. Le inmovilizaron la moto y lo multaron por lo que se hacen estas cosas, no por él, sino para protegernos a los demás de los que también conducen sin pensar.

Al consejero de Justicia y Víctimas Según y Cómo lo nombró Isabel Díaz Ayuso, una mujer con expresión de estar permanentemente sorprendida consigo misma, como si en su delirante trayectoria de emperatriz chulapa a cada momento se descubriera otra capacidad que jamás hubiera sospechado tener. Sánchez debería haberla escuchado con más atención aquel día en que los dos se envolvieron en banderas como si acabaran de pillar un saldo en el chino de la esquina. "Madrid es España dentro de España. ¿Qué es Madrid sino España?", le plantó al presidente de España fuera de Madrid.

Hay que pensar muy poco lo que se dice para soltar algo así a la cara de todo el país en prime time. Más que nada porque no todos los ciudadanos tienen la misma capacidad para abstraerse de cualquier voz que no sea la propia que demuestra Pedro Sánchez. Habrá quién en efecto la escuche y piense que tienen mucha razón, que en efecto ese es el problema, que Madrid lleva siendo España demasiado tiempo, hasta convertir al resto del país solo en extrarradio. En otro país, incluso.

Entregado el independentismo catalán a un desenfreno de onanismo colectivo y castrante, el nacionalismo madrileño se destaca como el principal problema territorial y político del país antes conocido como España y ahora como las afueras. "Madrid no debe estar en alarma", grita en Twitter Ayuso, "si no es libre no será Madrid".

Y vuelve a tener razón. Hay que liberar Madrid, pero del yugo del centralismo excluyente, que lo está arrastrando a una espiral de delirio megalomaníaco que amenaza con agotar la paciencia de todos los demás.

A Madrid, entendido no como paisaje ni como paisanaje, sino como trasnochado modelo de Estado, hay que tenerle un respeto. Pero tampoco más que el que Madrid tiene por sí mismo, que últimamente no es mucho. Empezando porque se ha convertido en una máquina extractiva de recursos ajenos, un depredador de empresas, inversiones y personas que se alimenta de los impuestos del resto mientras vende una Arcadia fiscal.

Tienen razón Ayuso y sus cortesanos, hay que escucharlos con más atención cuando hablan por no callar. Deberíamos empezar a repensar España para protegernos de Madrid, como se ha hecho con el estado de alarma sanitaria para evitar que medio país cayera como rehén de la incapacidad de sus gobernantes.

Y para liberar a Madrid de sí misma, de ese sacrificio que nadie le ha pedido de sustentar el españolismo más rancio y excluyente. Porque si España no es libre, no será Madrid.

Un respeto para Madrid