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Que se vaya del pueblo

El pueblo de los Casado pide la independencia de León
Tirando del carro. AEP
Tirando del carro. AEP

A VER, QUE YA sabemos desde que nos contó Gila la historia aquella, que si no sabes aguantar una broma, pues te vas del pueblo y punto. Pero una cosa es que te quiebren la crisma o te descoyunten un hueso o lo que toque por echarnos unas risas, hoy por ti mañana por mí, y otra muy distinta ir a hacer daño sin necesidad ni beneficio, a mala follá.

Eso es lo que acaba de pasar en Matadeón de los Oteros, el pueblo natal del padre de Pablo Casado, donde el líder del Partido Popular, según cuentan sus biografías, pasaba los veranos de su infancia. Cuesta poco imaginarlo por allí, dando sus primeras pedaladas por sus caminos escoltados de trigos y remolachas, recitando la lista de reyes godos bajo algún ciruelo, despertándose apurado con sus primeras poluciones nocturnas, asistiendo como monaguillo en el rosario del domingo por la tarde bajo la mirada orgullosa de su abuela... Siendo, en fin, un niño feliz, un embrión del español de bien y del faro de las derechas que luego, en algún momento, será.

Supongo que el padre de Pablo Casado, como todos los padres, trabajó muy duro para sacar a la familia adelante y para que sus hijos se convirtieran en un orgullo para sus paisanos. A Pablo hasta lo mandó a la capital y le pagó una carrera y un máster, en el sentido más literal del término pagar, para que se labrara un pasado. Presidente del PP, ahí es nada, era cuando volvió el último verano al pueblo. Llevaba camino de hijo predilecto como poco.

¿Y qué le han hecho los mozos y las mozas del PP de Matadeón de los Oteros en el pleno del viernes pasado? Han aprobado por unanimidad una moción, votando junto a los del PSOE y los regionalistas de UPL, en la que piden la independencia de León. Tal cual, como suena: León, independiente.

No ha sido el único pueblo. Ya van cuatro, incluida la capital de la región. Es solo el principio, seguro que irá a más. León siempre tuvo una identidad propia muy fuerte y asentada en la historia, que ahora quiere recuperar. El encaje autonómico que se pactó hace cuarenta años para León, Zamora y Salamanca, con su anexión a eso que llamamos Comunidad Autónoma de Castilla y León, dará para lo que dé, hasta que los problemas de crecimiento hagan que se vaya quedando tan ajustado que revienten hasta las costuras.

A Pablo hasta le pagó una carrera y un máster, en el sentido literal del término pagar

Puede parecer ahora más pintoresco, pero no es en esencia nada diferente de lo que está pasando en otros lugares de eso que llamamos España: pueblos que comparten una historia, una identidad y un proyecto común que quieren buscar un nuevo encaje en el que se puedan sentir más cómodos. A lo mejor ya va siendo hora de que los demás nos demos cuenta de que si de verdad apreciamos tanto el proyecto común y queremos que todos ellos sigan formando parte de un futuro que nos incluya a todos, igual tenemos que asumir que cada pueblo tiene el mismo derecho que el nuestro a gastar sus propias bromas y a reírse de lo que más gracia le haga.

Más que nada porque la bromita esta de ni contigo ni sin ti se está haciendo bastante pesada, no tiene ya ni puñetera gracia y al final quien va a terminar por marcharse es el pueblo.

Que se vaya del pueblo
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