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El milagro de los cráteres

La fe no apaga volcanes, pero, si es en uno mismo, asfalta futuros
Rodríguez Patiño, en la misa que celebró este jueves en Momán por petición del presidente de la Diputación de Lugo. CRISTINA ARIAS
Rodríguez Patiño, en la misa que celebró este jueves en Momán por petición del presidente de la Diputación de Lugo. CRISTINA ARIAS

LOS DIOSES cotizan a la baja. En esto me pasa como a la Conferencia Episcopal, que tampoco sé muy bien por qué, aunque con una diferencia sustancial: lo mío es simple curiosidad, me importa tirando a poco, no me va en el sueldo. Ni siquiera a nivel usuario; como mucho a nivel observador, casi de cotilla, por si acaso sale la conversación cualquier tarde mirando a los niños jugar desde la mesa de una terraza o una noche de lluvia en la barra de un pub, como complemento a la fase de insultos a la autoridad y al clero.

Igual tiene que ver con el hartazgo, con tanta oscuridad y castigo que arrastramos, o con el exceso de oferta, con tantas teorías conspirativas demandantes de fe. O a lo mejor es la tecnología y la ciencia, que están dando mejores rendimientos en época de zozobra, respuestas más eficaces e inmediatas. O quizás es todo eso y algunas cosas más, algo más transversal, que es una palabra que ahora hay que procurar meter en cualquier contexto para que parezca que se sabe de lo que se habla. El caso es que los dioses cotizan a la baja, al menos los más próximos, los cotidianos.

A veces me da penita, no sé muy bien cómo explicarlo, algo de ternura. Como el arzobispo de Toledo y el centenar de sacerdotes de la diócesis exorcizando la catedral para limpiar la ofensa del vídeo que grabaron allí C. Tangana y Nathy Peluso, malo como el hambre pero dudosamente ofensivo: una oportunidad perdida. O como las rogatorias de los fieles de La Palma, que formaron su particular Liga de la Justicia con las vírgenes de Las Angustias, El Pino y Las Nieves para que callara el volcán de Cumbre Vieja.

Diría que desde entonces el volcán parece haberse enfurecido y escupe cada día más alto, como si quisiera demostrar que él sí que es un auténtico creador de la Tierra. Lo siguiente, si hemos de fiarnos de los primeros dioses documentados, sería probar con sacrificios humanos. Antes funcionaba, dicen, aunque por las mitologías sabemos que no hay nada más caprichoso y más profundamente humano que un dios o una diosa. E imprevisible, por tanto.

Aunque luego resulta que no siempre, que a veces se obra el milagro o se doblega la voluntad de los dioses, aunque el efecto carezca del asombro de curar leprosos o de la espectacularidad de apagar volcanes. Todo es cuestión de asumir los límites propios, de no sucumbir a la soberbia. Por eso yo le tengo fe a Luis Ángel Rodríguez Patiño, párroco de A Chaira y mi criatura mitológica favorita de Lugo.

El cura no ha apagado un volcán ni lo ha pretendido, pero ha conseguido que los dioses soberbios que habitan en olimpos enmoquetados ordenaran asfaltar la carretera de Momán a As Pontes, que durante años de abandono fue acumulando baches como cráteres. Ha estado listo el padre Luis Ángel: para no importunar a su dios con problemas menores, de entre las posibilidades que le daba la Iglesia ha sabido escoger una del reino de este mundo, la liturgia. Un par de misas con los feligreses reunidos en torno a los baches y unas homilías con cuatro frescas bien dichas al César de turno han dado a una insignificante pero imprescindible carretera comarcal los titulares, las fotos y la relevancia suficientes como para que algún Sísifo de pacotilla tuviera que ocultar el rostro como un leproso.

El jueves pasado regresó con su liturgia a la carretera, ahora ya asfaltada, para dar gracias. Él sabrá a quién, pero gracias. A los políticos que habían ido a sacar pecho les prohibió ocupar un lugar preferente "porque la eucaristía es de todos", y de paso que mostraba su alegría por el arreglo de la carretera dejó caer que "no hay nada que agradecer, porque es algo que tienen que hacer y están manejando nuestro dinero". Muy al contrario, pidió a los todopoderosos, que no a dios alguno, "que no saquen las oficinas de los bancos, que nos arreglen las escuelas, que inviertan en carreteras, que haya medios para que la gente no se vaya de las aldeas". Que el mundo rural resucite sin necesidad de milagros, solo con fe en nosotros mismos.

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