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Jesucristo homosexual

CON ABOGADOS Cristianos me pasa en mi correo electrónico como con Radio María en el coche, que no solo no hay manera de estirparla del dial sino que muchas veces, cuando atraviesas zonas de cobertura deficiente, es la única señal que sigue llegando nítida y poderosa, con su soniquete inconfundible de sermón y rogativa, como si el propio Dios tratara de repetir en mi alma atea el milagro de Saulo de Tarso en versión Hacendado.

Por algún motivo que desconozco, quizás porque leyeron alguno de mis artículos impíos y decidieron que era carne de evangelización, hágase en mí según su palabra, desde hace un año y pico mi dirección de email ha entrado en el listado de cuentas de medios de Abogados Cristianos y recibo puntualmente todas sus comunicaciones. Como me pasa con Radio María,  aunque en este caso intuyo que es por algún programa de seguridad que los informáticos del periódico han instalado para proteger el sistema de la torpeza de los propios redactores, no encuentro la manera de dejar de recibirlos: por más que los marco y los incluyo en la lista de correos no deseados y de remitentes bloqueados, los mensajes de Abogados Cristianos regresan triunfantes como Cristos resucitados para propagar sus buenas nuevas.  

El jueves pasado su e-testamento decía así: "Admitida a trámite la querella de Abogados  Cristianos contra Netflix por emitir en España la película que presenta a Jesucristo como un homosexual inepto». Se referían a la pequeña pieza del grupo cómico brasileño Puerta de Servicio llamada La primera tentación de Cristo. En las Navidades pasadas había causado bastante revuelo el Brasil, pero por lo demás había pasado desapercibida para el resto, incluido yo. 

Hasta que en el correo de Abogados Cristianos se me informaba literalmente de que "la película hace escarnio de los dogmas cristianos presentando a Jesucristo como inepto y homosexual. El argumento de la película presenta a un Jesucristo homosexual que vuelve a casa junto a un amigo para presentárselo a la Sagrada Familia como algo más que un amigo, según se insinúa. Además, se blasfema contra el Hijo de Dios al llamarlo ‘Hijo de Puta’ y se presenta a la Virgen María como un objeto sexual de Dios padre". 

Hasta que Abogados Cristianos denunció a Willy Toledo nunca había visto ejercicio tan masivo y premeditado de balsfemia

Por supuesto, lo primero que hice esa noche al llegar a casa fue buscar en Netflix la película y verla, como supongo que hicieron millones de personas en el país informadas por las redes sociales de su existencia gracias al anunció de la demanda de estos abogados cruzados. La cinta contiene todo eso que decían en el correo y mucho más: es irreverente, se cisca en todos los dogmas de la religión católica y de paso en los de cualquier otra y además es divertidísma. A día siguiente la volví a ver con mi mujer y mis hijos, desde entonces se la he recomendado a todos mis amigos y, desde este mismo momento, a todos ustedes. 

Les ha pasado con esto lo mismo que con la demanda que interpusieron contra Willy Toledo por blasfemia o ofensa a los sentimientos religiosos. Se acaba de conocer la sentencia y el juez ha determinado que cagarse en Dios y en la Virgen sería en el peor de los casos un problema de educación y mal gusto, pero siempre amparado por la libertad de pensamiento y expresión y nunca un delito. 

La realidad es que hasta que Abogados Cristianos denunció a Willy Toledo nunca había visto un ejercicio tan masivo y premeditado de blasfemia, ejecutado y publicitado de todas la maneras y en el que yo, he de reconocerlo, participé de forma muy activa. Gran parte de los ciudadanos de este país, incluso los que no lo tenían y siguen sin tenerlo por costumbre, llevamos meses cagándonos en todo lo santo a la mínima oportunidad, con especial regocijo, dedicación e incluso con esfuerzo imaginativo en la ofensa. 

Creo que para todos va quedando ya claro que el problema de raíz reside en que nuestro Código Penal mantenga en pleno siglo XXI un artículo medieval como es el 525, que penaliza el escarnio de los sentimientos religiosos, otorgando a los dogmas de las religiones un estatus y una protección superior al del resto de ideas o creencias. Debemos exigir a nuestros legisladores que terminen con esta anomalía más pronto que tarde. 

Pero, mientras tanto, si yo fuera Dios, la Virgen o incluso el presidente de la Conferencia Episcopal, que en España para estas cosas manda mucho más, aprovecharía mis poderes para aparecerme ante los Abogados Cristianos y convencerles de que dejen de hacerle el trabajo sucio al Maligno. Y, si no es mucho pedirles, que me saquen de su lista de correos.

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