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Un golpe de Estado ¡ya!

España necesita actualizar sus alzamientos con sentido del show
Asalto al Capitolio en Estados Unidos. EFE
Asalto al Capitolio en Estados Unidos. EFE

TENEMOS MUCHO que aprender todavía de los estadounidenses. Empezando por su inigualable sentido del espectáculo. Si uno enciende la tele y no sabe si está viendo el Canal 24 Horas o AXN, es que el show ha llegado a la cima. En ese momento de confusión, yo hasta tuve que poner La Sexta para confirmar si lo que estaba viendo era un reality sobre una jornada de puertas abiertas en el Capitolio o una peli de terroristas de esas en las que Morgan Freeman tiene que sustituir al presidente para salvar la nación y la democracia.

Tenía que haber sospechado algo al no ver las escaleras del Capitolio sembradas de cadáveres de negros, en plan Acorazado Potemkin, pero no me quedé tranquilo hasta que vi al Ferreras. En ese momento Ferreras era el hombre más feliz sobre la Tierra, tal vez solo superado por el fenómeno que se fotografío llevándose el atril del Congreso. Luego lo puso a la venta por internet, con lo que el FBI pudo detenerlo en un momento y se perdió la oportunidad de protagonizar un episodio de ‘La casa de empeños’. No sé qué pudo fallar en ese plan, Rick, quizás deberíamos llamar a un experto, todo parece falso.

Pero hay que reconocer que cuando los estadounidenses se ponen en serio a hacer espectáculo, no se les escapa una. Hasta la figura icónica del asalto, Jake Angeli, el tipo disfrazado de Toro Sentado con los cuernos de búfalo, resultó ser un actor profesional. Eso es atención al detalle, no por nada grandes momentos de la historia política de EE.UU. han estado protagonizados por gente del show business.

Del mismo modo que Jake Angeli estuvo magnífico en su papel de indio borracho atacando la caravana de la democracia, fue el también actor John Wilkes Booth quien descerrajó un tiro en la nuca de Abraham Lincoln en 1865. Otro actor mediocre, Ronald Reagan, le puso la soga al cuello a la socialdemocracia y al estado del bienestar con su loca desregulación del sistema financiero. Reagan también sufrió un atentado siendo presidente; fue en 1981, cuando John Hinckley Jr. le disparó por una sola razón: impresionar a la actriz Jodie Foster, según explicó él mismo. Todo EE.UU. parece haberse convertido en un inabarcable Hollywood. De hecho, Hollywood parece lo único real en estos momentos en el país. ¡Qué gran espectáculo!

Viéndolo, no me extraña que haya muchos militares por el plató español animados a protagonizar un nuevo capítulo de las asonadas patrias. Comparado con el asalto al Capitolio, el golpe de Estado de Tejero parece tristísimo, producido y rodado con una pobreza escénica digna de aquellas primeras obras de Estudio 1. Es como comparar la entrega de los Oscar con la gala de los Goya.

Creo que ha llegado para ellos el momento de pasar de los chats privados y las cartas al Rey y Defensa a la acción, es hora de que España ingrese definitivamente en la modernidad. Tampoco se trata de que se nos vaya de las manos, con los militares entrando en el Congreso como si fueran por Chueca en el desfile del día del orgullo gay, pero sí de una intentona con algo más de flow.

Yo propongo que nuestros mi litares se alcen vestidos de trajes regionales, para significar la diversidad de la nación. Un golpe de Estado con lagarteranas, chulapos, faralaes, baturros, falleras, sayas y calzones, quizás incluso retransmitido por José Luis Moreno y encabezado por Toni Cantó. Un levantamiento que empuje definitivamente a España hacia elprogreso.

Un golpe de Estado ¡ya!