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Mi futuro en Ciudadanos

No hay que confundir opiniones con convicciones: las dos pueden cambiar, pero la convicción no es necesaria, es un engorro
Inés Arrimadas. EFE
Inés Arrimadas. EFE

Dicen los gurús que saben de esto, que básicamente se reducen a Paulo Coelho y George Soros, que gran parte del éxito consiste en saber convertir una gran crisis en una gran oportunidad. Así que muy probablemente esté ante mi gran momento, mi último tren hacia la fortuna: estoy casi decidido a meterme en Ciudadanos, ¡voy a por todas!

Debería aprovechar para hacerlo antes de que se vaya Olga Louzao, que supongo que estará muy cerca de mandarlos a todos a tomar baños de sol a Murcia porque la tengo por una persona cabal y una política entregada, para que me dé el primer empujón. Ya se sabe que en cierto tipo de locales y en cierto tipo de organizaciones solo se puede entrar si vas con alguien que se sepa la contraseña.

Luego, a la vista del talento político que va quedando en Cs, malo será que a poco que enrede no me haga con una portavocía o una secretaría nacional en el próximo congreso del partido. Si se llega a juntar quórum para celebrar uno, que esa es otra, a este paso igual hasta tenemos que llamar para hacer bulto a Rosa Díez, que se apunta a un bombardeo. Una vez en la ejecutiva nacional, estaré a un paso de entrar en alguna lista de algún territorio en el que Cs tenga opción de sumar un escaño que pueda ser bisagra, a mí tanto me da uno como otro. Y a partir de ahí, el mundo en mis manos.

Sinceramente, creo que mi experiencia como articulista hace que tenga mucho camino andado. La de articulista es una profesión de riesgo en la que los vacunados deberían ser los lectores. Consiste en esencia en tener una opinión sobre cualquier asunto, especialmente sobre aquellos de los que no tienes la más mínima idea. Es muy importante defender esa opinión con firmeza, aunque no tanta como para que no puedas olvidarla después de emitirla: uno no se puede comprometer con sus propias opiniones, nunca se sabe cuándo tendrá que cambiarlas; a veces, de inmediato.

En estas circunstancias, es importante no confundir opiniones con convicciones: es imprescindible tener opiniones, porque se pueden cambiar; las convicciones también se pueden cambiar, pero no son necesarias. Es más, diría que son hasta un engorro, están claramente sobrevaloradas, la gente tiene convicciones todo el rato, por encima de sus posibilidades.

Esta experiencia bien podría alcanzarme, por poner una hipótesis, para firmar una moción de censura contra un gobierno del que formo parte y al que he denunciado por corrupción, y unas horas después dejar tirados a mis socios en la moción y aceptar una vicepresidencia en ese gobierno. O para asegurar que la presidenta con la que llevo dos años gobernando esta totalmente ida de la cabeza y acto seguido anunciar que la seguiría apoyando.

Apuesto por Ciudadanos porque, pese a lo que se diga, no todos los partidos son iguales. En el PP, por ejemplo, estos cambios de opinión no serían tan inocuos, por aquello que decíamos de las convicciones. Ellos siempre se han mantenido firmes en las suyas, que básicamente se resumen en una: conservar el poder al precio que sea, bien pagando un tamayazo en B o bien cargándolo a los presupuestos públicos, a 76.000 euros y chófer el puesto.

El PP para las cosas de comer demuestra muy poca flexibilidad con las opiniones, aunque tampoco descarto que al final, de consolidarse mi plan de crisis, acabe convertido en un entusiasta miembro de algún gobierno popular que me haga cambiar de convicción con buenos argumentos en efectivo. Yo sí soy flexible, por algo soy articulista.

Como ya habrán deducido, esto no es un artículo, es un anuncio por palabras: alquilo futuro escaño bisagra; y vendo Opel Corsa en buen estado. 

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