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Efectos secundarios

A vacunarse, como a indultar, tenían que llamar de un día para otro

DESDE QUE nos hemos dado cuenta de que la vida nos va en un indulto, no dejo de arrepentirme a cada momento. Voy de arrepentimiento en arrepentimiento, me carcome la culpabilidad, es un sinvivir. A mí, que el propósito de enmienda me duraba lo que tardaba en hacer efecto el primer ibuprofeno de la mañana, con lo que yo he sido, aunque esté feo que yo lo diga. Y ahora soy solo llanto y cilicio, remordimiento en carne viva, el ánimo me pide penitencia. 

Foto barra libreLo malo de los indultos es la ansiedad que crean, el malestar de la inminencia. El anuncio del mío me llegó ayer, en forma de sms: "SERGAS VACINACION COVID: A persoa identificada con CIP... ten cita para VACINACION SARS-COV-2 as 8:38 do 4/6/2021". Es lo más cerca que he estado de un orgasmo desde la última polución nocturna, que es la manera menos enfermiza de disfrutar del sexo que tenemos algunas personas a ciertas edades. Tanto tiempo esperando por el mensaje, quién iba a pensar que me traería semejante desasosiego. 

De repente, ante la inminencia del indulto, todo lo que hacía antes me parece un riesgo absurdo: quitarme la mascarilla para comer la tapa en un bar, hablarle al oído a mis compadres, trabajar en la redacción rodeado de amigos, bailar esa canción de Rick Astley con Vero... ¿Y si la cago justo ahora, cuando estoy tan cerca? Porque yo soy mucho de cargarla, no nos vamos a engañar a estas alturas. Es como un superpoder, es a la vez una bendición y una responsabilidad. El día que aprenda a controlarlo y encuentre unas mallas que me queden bien, el mundo se rendirá ante Shitman. 

La verdad, yo no le veo la necesidad. Ni a lo de los indultos ni a lo de las vacunas. Los dos me parecen necesarios, claro, me refiero a lo de anunciarlos con tanta antelación, a lo de convertirlos en materia de opinión y preocupación. Hay circunstancias en las que elegir es lo adecuado y otras en las que está de más. 

A vacunarse, como a indultar, tenían que llamar de un día para otro. Y no decirte ni la vacuna que te ponen: "Te he puesto la que te toca, con que lo sepa yo bastante es. Si la segunda dosis te la pongo de esta o de la otra, porque es lo que hay y funciona lo mismo, pues te la pongo". ¿Qué despropósito es ese que tengamos que elegir y firmar un consentimiento? ¿Pero qué narices sé yo de inmunología? Si desde el principio no le hubieran dicho a nadie la vacuna que le inyectan, no se montaba semejante cirio, que ahora todos estamos capacitados para opinar sobre el tema como antes opinábamos sobre si Sergio Ramos tiene que ir a la selección. Yo ni voy a preguntar. Cuando llegue el próximo viernes voy a estar tan agotado de mí mismo que como si me quieren meter Hacendado. 

El único efecto secundario que espero es que mi arrepentimiento se pueda volver a curar con ibuprofeno, que me indulten la culpa y el ánimo. Como siempre ha sido en este país, como cuando indultamos a los golpistas ilusos del 23-F, o a los terroristas chapuceros de los GAL, o al banquero avaro del Santander, o a mil y un políticos y empresarios corruptos. Sin ruido, de un día para otro, la que te toque. 

El arrepentimiento son dos avemarías y tres padresnuestros, un trámite para aliviarnos del pasado y seguir adelante. Es un indulto que ayude a crear inmunidad de rebaño, es un sms del Sergas enviado con demasiada antelación. Mero trámite.

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