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La cunda de la Justicia

A ANYI LE importa bien poco cómo y con qué mayorías se renueva el Consejo General del Poder Judicial. Porque Anyi está muerta. Falleció hace casi un año, tenía 29 y llevaba una década esperando que en algún momento se hiciera justicia con ella, con los tipos que la habían obligado a abortar cuando acababa de cumplir la mayoría de edad y era una de las víctimas más codiciadas por las que entonces se podía pagar en Lugo. Le acabaron de arruinar una vida cuyos renglones se habían empezado a torcer demasiado pronto.

A Anyi tampoco le importa ya el acuerdo entre las partes que esta semana ha puesto fin al proceso judicial con unas condenas mínimas. Seguramente murió sin fe en la Justicia, quizás sin fe en la vida, que es muy perra. Demasiadas veces olvidamos que la Justicia va de vidas, no de leyes, y que cuando falla, nos falla a todos. Diez años son demasiados como para conservar la fe, incluso para conservar la vida. O al menos como para conservarla intacta.

No quedan vidas intactas en este caso. García Adán, el proxeneta que obligó a abortar a Anyi cuando la chica se quedó embarazada de un buen cliente de sus prostíbulos, aceptó un año de prisión para zanjar el asunto. Le daba lo mismo, había pasado ya cuatro de prisión provisional y desde 2014 está en la cárcel de Mansilla de las Mulas cumpliendo una condena de 21 años por malos tratos y agresión sexual a su exmujer. Aún le quedan otras causas pendientes y cuentan quienes le conocen que hace tiempo que tiene asumido que se comerá la condena máxima, veinte añitos.

Cuando una condena más o menos no empeorará sustancialmente la vida, tus prioridades son otras. Para Adán, dicen, era evitarse la cunda. Cuando un preso es trasladado para una prueba o para un juicio lejos de su cárcel, sabe cuándo sale pero nunca cuándo vuelve. Su recorrido de ida y vuelta depende de las rutas de las cundas, de los furgones que los trasladan, y el viaje los puede llevar de prisión en prisión durante días, hasta que logran enlazar con la ruta que los devuelva a su casa, a su celda, con los suyos. Adán quería firmar el acuerdo antes de la vista para evitarse la cunda, pero no fue posible y lo trajeron hasta Lugo. Eso sigue siendo Anyi para él, solo una molestia en su rutina.

Como fue una molestia para el empresario que la dejó embarazada y para el ginecólogo que le practicó el aborto en unas condiciones infernales. Los dos estuvieron en prisión preventiva por aquello, posiblemente los únicos casos de presos preventivos en España por un aborto a una persona mayor de edad desde que se legalizó. El empresario ni siquiera llegó a ser juzgado, la Audiencia le retiró la imputación hace un par de años. Demasiado tarde, de todas las maneras: su vida ya viajaba en una cunda de ruina, descrédito y enfermedad. Es inocente, dice ahora la Justicia, pero probablemente hace años que perdió la fe en ella.

El ginecólogo quizás ni se acuerde de Anyi. Fue solo otra más, solo trabajo. Todo el mundo en la ciudad conocía su clínica, muchos habían ido allí a ‘arreglar sus problemas’. Nunca tuvo licencia y a nadie parecía importarle. Según el acuerdo que cierra el caso, pagará una multa por trabajar sin licencia en la clínica. Eso es todo, ya está retirado. Su abogada estudia ahora querellarse contra la jueza que lo envío a prisión, Pilar de Lara.

Ella también está esperando una cunda que la traslade de juzgado. Desconozco cuál es su fe en la Justicia en estos momentos, Pilar de Lara siempre creyó más en sí misma que en la ley o el procedimiento. Su forma de instrui ha obligado a la Fiscalía a rebajar las penas al tener que reconocer la atenuante de dilaciones indebidas, después de que el proceso judicial estuviera paralizado durante años sin ningún motivo. Su perseverancia a la hora de ignorar derechos fundamentales le costó mayor condena de la que han recibido los acusados: suspendida de funciones por el CGPJ durante siete meses y expulsada de su juzgado, espera estos días conocer su nuevo destino para subirse en la cunda del destierro judicial.

Ahora nos quieren hacer creer que la Justicia va de mayorías y de cómo se elige a los miembros del CGPJ, pero de lo que va es de vidas. De todas estas, pero sobre todo de la de Anyi, que murió hace casi un año sin respuestas.

La cunda de la Justicia
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