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El coche de la alcaldesa

El populismo no tiene apellidos, solo víctimas: todos los ciudadanos
Pleno Lugo

Habrán oído muchas veces aquello de que "a quien madruga, dios le ayuda", pero ya se sabe que no hay que creerse todo lo que se oye. A mí madrugar siempre me ha parecido una ordinariez, además de escasamente útil y gratificante. Hasta ahora, no me he encontrado demasiadas cosas que merezcan la pena que no se puedan hacer más tarde. Posponer lo urgente es un estilo de vida que se adapta muy bien a mis circunstancias y a mis aspiraciones, mejor avenidas con la pereza que con la ambición.

El viernes madrugué. A mi modo, sin exageraciones, pero madrugué. Me habían ordenado (¡si no, de qué!) cubrir el pleno extraordinario del Concello de Lugo para la aprobación de los presupuestos, una de esas citas políticas en las que se supone que se ventila el futuro, que es otra cosa que me produce muchísima pereza pero a la que reconozco cierta importancia, siquiera hipotética.

Era telemático y empezaba a las diez de la mañana. Se suponía que nuestros concejales iban a debatir sobre el mayor presupuesto jamás visto en la ciudad, aquel que nos iba a sacar del rincón de la historia y a ponernos en el camino a un paraíso verde, o algo así. Son más de 106 millones de euros, en principio una cantidad de pasta como para detenerse un rato, un pleno extraordinario no parecía en absoluto excesivo, aunque tampoco mi criterio es de fiar porque yo preferiría haber estado durmiendo y para mí cualquier cifra que supere los cien euros es razón de Estado.

Se ve que el dios de los madrugadores tampoco andaba muy católico a esas horas porque no me ayudó un pimiento. Tampoco me creí todo lo que oí sobre alcaldesas y tenientes drogados por la moqueta, cargos públicos que van a echar la partida en coche oficial, argumentos supuestamente ridículos, concejales dedicados al bricolaje o gestores más o menos ineptos.

Como prueba de que nada urgente es tan inaplazable como dicen ni nada tan importante que no se pueda arrinconar en cualquier rocho ideológico para que no moleste, la discusión giró en su mayor parte sobre coches y salarios de sus señorías. Los argumentos empleados mil veces por la izquierda les volvían de vuelta revitalizados por la derecha. Populismo lo llaman ahora, lo mismo unos que otros.

Por algún motivo que no acierto a comprender, el futuro de Lugo se jugaba en una partida de 70.000 euros para cambiar el coche oficial de la alcaldía, que tiene 17 años, por otro más moderno e híbrido. También parecía de vital importancia el asunto del 2 por ciento que van a subir los sueldos de los funcionarios del Concello el año que viene, porque según se pactó entre todos los grupos en 2019 se hacía ext ensible a los concejales, cargos públicos y asesores. En total, las dos cantidades sumadas andarían por los 200.000 euros, de un presupuesto de 106 millones.

El resultado fue el esperado, el coche se comprará y ninguno de los 25 concejales allí presentes hizo amago de renunciar a su subida salarial. Populistas sí, pero la vaquiña por lo que vale.

Cuando acabó el pleno, seguía sin tener ningún criterio acerca de si los presupuestos son los que Lugo necesita o si el modelo de ciudad es el que conviene a los lucenses. Al menos fue breve. Quizás en ese detalle estuviera la ayuda divina al madrugador, quién sabe. A las once estaba de nuevo en la cama.

El coche de la alcaldesa
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