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Una buena persona

La historia empieza a saldar su deuda con Albor, que si bien no fue un líder carismático tampoco fue un político desastroso

 EL DOCTOR Gerardo Fernández Albor fue tardío en casi todo: en meterse en política, en llegar a la presidencia de la Xunta —lo hizo con más de 60 años— y, sobre todo, en conseguir un reconocimiento social a la altura de sus méritos. Y si lo tuvo fue gracias a la campaña de imagen que le hizo el fraguismo y, sobre todo, el presidente Alberto Núñez Feijóo, que fue el principal valedor de su figura durante todos estos años. Lejos de arrinconarlo o contentarlo con homenajes, el de Os Peares contó con él siempre que su salud se lo permitió y le dio el protagonismo que muchas veces le negaron en sus tiempos.

Al primer presidente electo de la Xunta tuvieron que colgarle un retrato los alemanes en la galería de ilustres de su Parlamento

Porque el caso de Albor es curioso, ya que aunque como médico siempre gozó de gran prestigio, a nivel político la historia lo está tratando mejor que muchos de los compañeros y los medios con los que le tocó lidiar en su tiempo, que confabulaban en la sombra contra él aprovechando ese carácter pusilánime que le atribuían. En lugar de ir apagando los fuegos que surgían a su alrededor, donde había gente muy ambiciosa con el mechero en la mano, Albor esperaba al efecto milagroso de la lluvia. Y quizás por eso acabó quemándose.

Salvando las distancias, al doctor Albor le ocurre algo parecido a Stalin, que fue muy cuestionado por sus contemporáneos en aquella Unión Soviética del terror pero al que la historia sentó en Yalta con los vencedores de la II Guerra Mundial. Al primer presidente electo de la Xunta tuvieron que colgarle un retrato los alemanes en la galería de ilustres de su Parlamento en reconocimiento a su contribución a la reunificación para que muchos gallegos empezasen a valorar su papel como servidor público.

El médico compostelano aterrizó de lleno en política en la campaña de las autonómicas de 1981, donde mientras Manuel Fraga representaba a la derecha más dura como poli malo, Albor aparecía como un político amable conectado con el galleguismo que incluso citaba a Lenin en los mítines. Su virtud era no meterse en grandes líos y caerle bien a la gente, por lo que fue capaz de dar la sorpresa y derrotar a la UCD. 

Y esa misma forma de ser fue la que siguió manteniendo como presidente. Solo así se explica su capacidad para reuniese con todo el mundo, desde los narcotraficantes que relata ‘Fariña’ hasta el presidente de la asociación vecinal de A Rocha Vella. Él tenía tiempo para todos. Es cierto que la Xunta de Galicia no era la de ahora, sino que era poco más que un ayuntamiento grande que empezaba a dar sus primeros pasos, pero eso no le resta méritos al presidente Albor, que parece que siempre ha tenido que demostrar más que el resto para gozar de cierto reconocimiento.

Como pilotó en la Luftwaffe de la Alemania de Hitler muchos ya le colgaron el rol de arquitecto del III Reich, casi al nivel de Göring, e incluso le atribuyeron el derribo de aviones soviéticos cuando en realidad abandonó tierras germanas seis meses antes de iniciarse la guerra. Está claro que Albor no fue nazi ni fue el «amigo de los narcotraficantes» gallegos que retratan en ‘Fariña’ por mucho que se reuniese con ellos, como lo acusan sus detractores; ni fue él quien reunificó Alemania en 1989, como quieren hacer ver sus defensores. No fue ni un villano ni un héroe. Fue el doctor Albor. Y fue, sobre todo, una buena persona.


→ EL 'FEELING' CON PABLO CASADO

Además, como si de una última muestra de generosidad se tratase, Albor regaló en su entierro algunas pistas sobre el posible favoritismo del Partido Popular de Galicia hacia Pablo Casado en la pugna por la sucesión de Rajoy. Aunque Feijóo y los suyos prefieren esconder sus cartas, lo cierto es que la visita exprés de Soraya Sáenz de Santamaría al tanatorio contrastó con el tiempo que se tomó Casado y el ‘feeling’ que mostró con los notables del partido. Aunque solo sea un pequeño gesto, se suma a otros, como el hecho de que Feijóo haya llevado al político palentino a un lugar tan simbólico para el PPdeG como el hotel AC Palacio del Carmen para presentar su programa; el guiño de Casado al presidente gallego para que sea "lo que quiera en el PP"; o que Soraya haya quedado última en la votación de afiliados en la comunidad pese a ganar en España.  

Por eso y pese al hermetismo de los populares gallegos y de Feijóo en este proceso, parece que el PPdeG ya tendría sus cartas jugadas y que a mediados de esta semana podría desvelarlas, si también lo hacen el resto de territorios y barones. El sábado se sabrá si la decisión es acertada o no.

→ LA COMISIÓN DEL ALVIA EN EL CONGRESO SE VUELVE EN CONTRA DE PP Y PSOE

alvia"Yo solo quieto que me dejen en paz". Esta frase pronunciada por Francisco Garzón Amo mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas es la escena más impactante de cuantas se vieron esta semana en la comisión de investigación de Angrois en el Congreso. Tras dos días de comparecencias nadie aportó nada nuevo, lo que viene a confirmar que este tipo de organismos no sirven para absolutamente nada. Pero la imagen del maquinista destrozado, diciendo que era un accidente "evitable" y asumiendo el papel de víctima de una cacería política contra él caló en la gente. La comisión del Alvia ya logró un objetivo: la sociedad desconfía más que nunca del papel de PP-PSOE en la tragedia.

→ GONZALO CABALLERO SIGUE LA HOJA DE RUTA...

Finalmente el líder del PSdeG, Gonzalo Caballero, no aprovechó los cargos vacantes que dejó el cambio de Gobierno central en Galicia para mover a alguno de ellos a uno de los cuatro diputados autonómicos de su partido por la provincia de Pontevedra, lo que automáticamente lo metería a él en el Parlamento al presentarse en 2016 como número cinco de la lista. Aunque la ocasión era buena, lo cierto es que Caballero siempre fue fiel a su idea de acceder a O Hórreo más cerca de 2020 para tener que afrontar únicamente un debate del estado de la autonomía y no dos. Otra cosa sería que Feijóo se hubiese marchado a Madrid, pero con el presidente de la Xunta en el hemiciclo, Caballero no tiene prisa y mantendrá su hoja de ruta. Porque además puede hacerlo ya que se dice que tiene el compromiso de uno de sus parlamentarios pontevedreses de cederle su escaño cuando quiera. Y si no fuese así, las listas de las municipales de mayo le brindan otra oportunidad para meter en ellas a un diputado/a y hacerse así hueco en O Hórreo. 
 

→ ...Y MARTIÑO NORIEGA TAMBIÉN

La propuesta de Compostela Aberta (CA) para renovar la dirección de En Marea y reflotar el rupturismo en Galicia, que en la práctica no es otra cosa que crear una mesa de confluencia que deje fuera a Cerna y otras mareas que sostienen a Luís Villares, es la nueva fórmula articulada por los críticos para tratar de hacerse con el poder, tras fracasar en dos ocasiones en los plenarios del partido instrumental. La diferencia con respecto a los anteriores intentos es que ahora hay un rostro visible que lidera la revuelta, el alcalde de Santiago Martiño Noriega, cuyo paso al frente multiplica además su cotización como futuro candidato a la Xunta en 2020, por mucho que él se empeñe en negarlo. Tras el verano anunciará que repite como candidato a la alcaldía en 2019 y, con las encuestas a su favor, tiene muchas opciones de repetir en Raxoi, su plataforma de lanzamiento. Lo que pasa es que CA es un partido local y Anova, sus otras siglas, casi marginales. De ahí que necesite controlar En Marea, la marca para catapultarse a Monte Pío. 

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