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Un Gaiás con vistas al mar

El gran problema del puerto exterior de A Coruña no es que le condonen o no la deuda, sino que nunca debió de hacerse
 

Puerto de A Coruña. AEP
Puerto de A Coruña. AEP

ARRANCA EL CURSO político con muchos frentes abiertos, aunque me gustaría pararme especialmente en uno de ellos, el del puerto exterior de A Coruña, que a mi juicio tiene todos los ingredientes autóctonos de la política ‘made in Galicia’: localismo, despilfarro, faraonismo y un toque de surrealismo. Porque el macroproyecto de Punta Langosteira es, en el fondo, como un enorme Gaiás, por mucho que tenga vistas al mar.

La decisión del Gobierno socialista de  Pedro Sánchez de condonar 350 millones de euros de deuda al Consorcio de Valencia, una inversión de la que se benefició el puerto levantino, puso en pie de guerra este verano a todos los partidos gallegos —salvo el PSdeG—, que exigen el mismo trato con la Autoridad Portuaria de A Coruña, endeudada en más de 300 millones de euros por el empeño en construir la famosa dársena exterior. De esa cantidad de la cuenta de números rojos del Puerto herculino, aproximadamente 200 millones corresponden a un préstamo que hizo Puertos del Estado —es decir, el Gobierno con el dinero de todos— para financiar unas obras ruinosas e interminables a partes iguales.

Porque en el fondo, por duro que resulte decirlo, el verdadero problema de Punta Langosteira es el mismo que el de la Cidade da Cultura: que quizás nunca se debía de haber convertido en realidad. 

→ Un poco de historia
El puerto exterior de Ferrol, en Caneliñas, cumplió esta semana once años. Costó 110 millones y funcionará a pleno rendimiento cuando concluya su enlace ferroviario. El de A Coruña, en Punta Langosteira, todavía está a medias, pese a que fue proyectado por José María Aznar en el año 2004, tras el Prestige, con la excusa de sacar el tráfico de crudo de la bahía coruñesa. Aunque en el fondo se trataba de satisfacer también las ansias localistas de Francisco Vázquez, porque no tiene sentido alejar los barcos de la ciudad por seguridad para meterlos en una de las zonas con más corrientes y olas de la costa gallega, uno de los condicionantes que nunca permitirá al puerto exterior coruñés convertirse en el referente que algunos soñaron que sería. En aquel momento, por cierto, era conselleiro de Obras Públicas Alberto Núñez Feijóo.

Ante tales condiciones del mar en la zona, los 429 millones presupuestados para la infraestructura se quedaron cortos, como ocurrió con el Gaiás. El Tribunal de Cuentas habla de que van 750 millones enterrados allí, a los que hai que sumar las conexiones de carretera y tren, que dispararán la factura hasta los mil millones o, lo que es lo mismo: el puerto más caro de España.

Pero la planificación política de las infraestructuras en Galicia es así. Dos macropuertos enormes frente a frente, separados por apenas unos kilómetros, mientras Vigo, la ciudad que verdaderamente sí necesita un puerto exterior, hace encajes de bolillos para tratar de ganar 750 metros de atraque en Bouzas con un proyecto especialmente delicado por ser dentro de la ría.

Punta Langosteira nunca debió de construirse, porque Ferrol podría servir perfectamente a ambas ciudades. Y la excusa de la refinería tampoco sirve, porque Repsol tiene una en Puertollano, así que si es capaz de llevar petróleo desde el Mediterráneo a Ciudad Real, tampoco parece muy difícil moverlo unos kilómetros entre Ferrol y A Coruña. Y si no, pudo rescatarse en su momento el proyecto del macropuerto de Ares, entre las dos ciudades, que con el paso del tiempo y visto lo visto, ya no me parece una idea tan descabellada. 

→ Los terrenos interiores
Primero los despropósitos y ahora, las lágrimas. La Autoridad Portuaria de A Coruña quiere la condonación de esos 200 millones para tratar de levantar cabeza, toda vez que una de las vías de financiación que había previstas para Langosteira, la venta de los terrenos que quedan liberados en el centro de A Coruña con el traslado de la actividad, se esfumó con las crisis del ladrillo y la mayor concienciación de la sociedad, que quiere espacios abiertos y no cemento junto al mar. La solución al futuro de estos terrenos internos es difícil, tanto como el futuro del puerto exterior herculino.

A menos que se aproveche Punta Langosteira para celebrar los grandes conciertos de Galicia y se deje el Gaiás para seguir agujereando en él, a ver si sale petróleo. 

Javier Losada parece hoy la principal voz de la oposición en Galicia
Seguramente no sea intencionado, pero a día de hoy el delegado del Gobierno en Galicia, Javier Losada, se ha convertido en el principal ariete de la oposición contra la Xunta y el PPdeG. Esto se debe a diversos factores, como la desaparición temporal de una En Marea sumida en sus conflictos internos o el perfil más bajo de Caballero o Leiceaga dentro del PSdeG, uno muy centrado en el Parlamento y el otro todavía sin mucho colmillo. Pero sobre todo se debe a que la Xunta ha convertido el Gobierno central en el enemigo público número uno de Galicia, lo que le guste o no, convierte a Losada en el verdadero portavoz en Galicia, y no solo del Ejecutivo de Sánchez sino también de Ferraz. 

Los 57 años de Alberto Núñez Feijóo
El titular de la Xunta recordaba esta semana, en el homenaje a Albor, que cumplía años el mismo mes que el fallecido expresidente. En concreto, Feijóo celebrará mañana lunes los 57, nada que ver con aquel funcionario que llegó de Madrid para convertirse en conselleiro de Fraga con solo 42. El de Os Peares comparte año de nacimiento, 1961, con su compañero Valeriano Martínez, ambos los mayores del Ejecutivo solo por detrás de la conselleira de Mar, Rosa Quintana, la más veterana tanto del Gobierno como en el Gobierno, ya que está desde el principio. Lo de los años en política es importante, aunque siempre depende de la óptica con la que se mire. En la España actual, los Sánchez, Rivera, Iglesias o Casado ya pertenecen a la nueva hornada mientras que algunos de la de Feijóo, como Cospedal, ya están de retirada. Pero tampoco hay que olvidar que Albor llegó a la Xunta con 65 y Fraga, con 68. O que la media de edad de los principales politicos europeos, según algunas estadísticas publicadas, es de 55,5 años.

Lanchares, el sacrificio del peón de Renfe
Cinco años han tenido que pasar para que rodase la primera cabeza en el ámbito admnistrativo en relación con el accidente de Angrois. Y aunque se adornó como dimisión, la salida de Antonio Lanchares, director de seguridad en la circulación de Renfe, huele a kilómetros a maniobra política del Ministerio de Fomento, que ofrece su cabeza —y quien sabe si en los próximos días la de su homólogo en Adif, Andrés Cortabitarte— como gesto de cara a las víctimas. Aunque de arranque celebran el paso del nuevo ministerio socialista, las plataformas de afectados desconfían de que al final todo el asunto se zanje con el sacrificio de unos peones de Renfe y Adif, además del maquinista, mientras se pasa de puntillas por las responsabilidades políticas, con los principales cargos de PP y PSOE a salvo tras una acertada estrategia de enroque de ambos. Así, la estrategia puede acabar volviéndose contra el PSOE, si bien hay que reconocer que el ministro Ábalos hizo algo que las víctimas todavía esperan de Pastor: pedirles perdón. 

Un Gaiás con vistas al mar
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