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¿Quién me robó el mes de abril?

Lo peligroso para Feijóo no es que lo salpique la corrupción del PP estatal, sino que Rajoy colapse y le altere su hoja de ruta

COMO A Sabina, a mí alguien me ha robado este mes de abril. Al menos parte de él, porque si no, no se explica que a día veintitantos todavía no haya escuchado el cuco ni casi me haya caído una gota de lluvia. Justo al contrario de lo que le ocurre al Partido Popular, al que este mes de 2017 le quedará marcado en rojo en el calendario como uno de los más nefastos de su reciente historia política. Es cierto que los de la gaviota ya venían arrastrando escándalos de corrupción de atrás, pero nunca con un nivel de concentración en el tiempo como el visto estos días.

Haciendo un recopilatorio rápido, todo empezó ya el día 4, cuando Pedro Antonio Sánchez, presidente de Murcia, se vio obligado a dimitir cercado por un escándalo de corrupción. Después, el día 18, ocurría algo insólito en nuestro país, ya que un presidente, Mariano Rajoy, era citado para declarar como testigo en relación a la supuesta financiación irregular del PP que investiga la Gürtel. Solo dos días más tarde, estallaba la operación Lezo, que ponía patas arriba al partido en Madrid y forzaba la salida de Esperanza Aguirre, algo también insólito en nuestro país, dicho sea de paso.

¿Y qué repercusión puede tener este terremoto político en Galicia y el PPdeG? Pues como en todas estas macrooperaciones de corrupción, nunca se sabe a ciencia cierta, más allá de inyectar en la sociedad otra buena dosis de desafección con el Partido Popular en particular y con la política en general. Lo que sí tendrían que tener claro en la sucursal gallega de Génova es que lo peor no sería que el escándalo de Madrid acabase salpicando vía indirecta al PPdeG —como alerta la oposición—, sino que la corrupción le complique las cosas a Rajoy a un nivel que tanto el presidente como la legislatura acaben naufragando. La posibilidad parece remota, pero quizás menos que unos meses atrás. De momento, ya salió a escena una moción de censura.

En ese hipotético contexto, la hoja de ruta marcada por el PPdeG para las elecciones municipales o la sucesión de Alberto Núñez Feijóo quedaría totalmente desactivada. Se volvería a hablar de elecciones, de relevos en el partido, de bandos, del socorrido salto del titular de la Xunta a Madrid... En definitiva, de todo menos de Galicia.

La inquietante figura de Villar Mir 
Otro daño colateral de lo que ocurre en Madrid para el PPdeG es que la maltrecha oposición gallega tiene nueva —y abundante— munición contra la Xunta y ya empezó a dispararla esta semana en el Parlamento. Lo hizo a través de Juan Manuel Villar Mir, empresario de origen gallego investigado en la operación Lezo que mantiene muchos intereses en Galicia, especialmente a través de su empresa Ferroatlántica y de la constructora OHL. El BNG quiere buscarle las cosquillas a Feijóo a través de las relaciones de la Xunta con el grupo empresarial de Villar Mir, hasta el punto de solicitar la creación de una comisión de investigación parlamentaria al respecto. Sin embargo, aunque la propuesta cuente con el apoyo de En Marea, no tiene el del PSdeG, que este mismo viernes la rechazaba a través de Xoaquín Fernández Leiceaga. "Temos que ser estremadamente vixiantes coa corrupción, pero ao mesmo tempo temos que evitar facer con isto un populismo fácil". En el PPdeG también sacan hierro al caso y apelan en relación a la Lezo a que "a actuación desprezable dun grupo reducido de persoas non pode manchar unha marca" como el PP.

La cosa, no obstante, tendrá más recorrido, ya que Villar Mir es uno de esos personajes un tanto inquietantes cuya presencia nunca pasa desapercibida, especialmente en Galicia, donde no tiene buena prensa después de aquel polémico vaciado de la presa de A Fervenza en noviembre de 2007 para producir energía, que acabó con más de 15.000 peces, un delito medioambiental que se saldó con 300.000 euros de multa.

Corrupción y urnas, ciencia no exacta 
También en este mes de abril, concretamente el día 5, el barómetro del CIS alertaba de que la preocupación ciudadana por la corrupción se disparaba 7,5 puntos, hasta convertirse en el segundo problema para los españoles tras el paro. Conviene aclarar que cuando se hizo el sondeo se acababan de conocer las sentencias del caso Nóos y de las tarjetas black, y de paso matizar que el CIS no es el paradigma del acierto, pero sin duda es un dato tan indicativo como preocupante de lo que se vive en el país.

La relación entre la corrupción y las urnas nunca respondió a una ciencia exacta. Y aunque existen ejemplos de partidos o dirigentes reforzados por los ciudadanos pese a estar inmersos en —presuntos y no tan presuntos— escándalos como los de la familia Baltar en Ourense, el PP valenciano, el PSOE andaluz o la antigua CiU en Cataluña, no se puede negar que el desgaste sí existe: Rajoy fue incapaz de renovar su mayoría absoluta, Valencia ya no es feudo popular, Susana Díaz gobierna en minoría y Podemos ya fue la primera fuerza en las generales en tierras catalanas.

El gran golpe del alcalde de Negreira
Y para terminar abril, en medio de estas macrooperaciones contra la corrupción, el fraude y el desvío de cifras millonarias, aparece el alcalde de Negreira, el socialista Jorge Tuñas, y supuestamente mete la mano en la caja para quedarse con... ¡18 teléfonos móviles del Concello valorados en 6.700 euros! Eso sí que es un gran golpe. De momento ya dimitió y, tal y como va la Justicia aquí, no sería de extrañar que acabase peor parado que Ignacio González.

Así que en medio de tanto amigo de lo ajeno, a ver dónde encuentro yo al que me robó el cuco y la lluvia de mi mes de abril.

¿Quién me robó el mes de abril?
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